OAKLAND - Nada es fruto de la casualidad en Golden State Warriors. Shaun Livingston fue el artífice de la victoria en el Juego 1 de las Finales ante Cleveland Cavaliers algo que ni fue un chispazo ni cosa de un golpe de suerte. El armador es uno de los jugadores que se aprovechan de la estratégica bondad de un Steve Kerr fiel a la filosofía que aprendió de Phil Jackson y Gregg Popovich: mantener a todos sus jugadores conectados, hacerles sentir importantes y exprimir sus virtudes al máximo.
Acostumbrado a ser suplente como jugador, Kerr es uno de los coaches de la NBA que mejor sabe combinar la segunda unidad con su núcleo primario. El propio Livingston, Leandro Barbosa, Anderson Varejao y Andre Iguodala están teniendo sus momentos de gloria y todos están capacitados para darle un vuelco a cualquier situación cuando más falta hace. Toda la banca destacó en el primer encuentro ante los Cavaliers. Les superaron 45-10, con una diferencia de 35 puntos, la máxima de un banquillo durante las Finales en 50 años. Livingston sacó brillo a su juego ayudado por sus compañeros de banquillo y un Draymond Green que pasó mucho tiempo con ellos sobre la duela. El base, más que nadie, se aprovechó de la atención ofensiva que absorbieron Stephen Curry y Klay Thompson, quienes tuvieron una noche alejada de sus mejores citas.
"Soy agresivo cuando estoy en la duela. Ellos acaparan tanta atención, especialmente Steph en el pick-and roll, así que intentamos estar disponibles para que juegue con nosotros y alivie la presión. Sólo hace falta un tiro certero para que entren los demás", señaló Livingston.
Y así, el armador se fue calentando poco a poco. Venía de conjurar al equipo en el Juego 7 frente a Oklahoma City Thunder con una clavada que, como mencionó Kerr, abrió las aguas en su salto. Aquella jugada fue el golpe de efecto que los Warriors necesitaron para doblegar a OKC y su buena sintonía continuó con una actuación en la que estuvo casi perfecto en efectividad 8-de-10 y omnipresente durante los 27 minutos de juego que disfrutó.
"Estuve confiado con mis tiros, entendí mi juego, desde dónde llegarían mis lanzamientos y confiando en ellos", aseguró.
Livingston se sintió cómodo en lanzamientos de media distancia después de lograr un balance de 6-de-8 en sus intentos desde los 10 pies o más. Es precisamente en esa distancia donde más cómodo se siente cada vez que se mide a los Cavaliers. En el juego de Navidad, el dorsal número 34 alcanzó otros seis aciertos desde ese punto y la combinación de los dos juegos de esta temporada regular llegó a los 13-de-16. El armador las mata callando y de esa manera se erigió con 20 puntos como el suplente que más puntos anotó en unas Finales de los Warriors desde Phil Smith en 1972. Livingston agradeció a Kerr el haberle hecho sentir conectado.
"Creo que el coach lee muy bien los partidos. Percibe la energía y la temperatura del equipo o un jugador, de si está en buena sintonía. Sabe jugar con las marcas también. Su manera de rotar impresiona. El estrés que hay en las Finales hace que tomes decisiones en el momento. Él tiene un gran staff técnico que le ayudan mucho. Sabe encontrar la manera de hacernos brillar", argumentó.
Y así relució Livingston. Concentrado en su trabajo como distribuidor en ocasiones y lanzador en otras, provocando un estruendo sin hacer mucho ruido y guardando la traca final para el último periodo, pocos minutos después de que su equipo estuviera contra las cuerdas. En el cuarto final logró 10 puntos, los mismos que había alcanzado en los tres anteriores. Los Warriors se beneficiaron de su acierto y de un plumazo alcanzaron una máxima ventaja de 20 puntos.
Curry se mide a él durante las prácticas. Le conoce a la perfección y quién mejor que él para explicar de dónde sale ese talento mostrado en pequeñas pero potentes dosis.
"A veces no hay nada que se pueda hacer al respecto. Tan solo tratas de contener sus lanzamientos, pero en ocasiones es como si ni siquiera te viera. Contra él trato de jugar la mejor defensa de mi vida y aun así anota. No es divertido", bromeó Curry.
"Steph les sabe engañar", prosiguió Livingston. Obviamente me preparo para salir ahí y practicar mi juego. Es una batalla. Pero es un mentiroso, no le hagan caso".
