La LFA goza de un exitoso año y hubo jugadores que desarrollaron la liga desde la semilla
Ramiro Pruneda no vuelve a Monterrey como una visita cualquiera. Vuelve como uno de los nombres que ayudan a explicar por qué hoy la LFA existe, crece y empieza a construir identidad dentro del deporte mexicano. Como uno de esos hombres que estuvieron ahí antes de que hubiera certezas, antes de que hubiera estadios llenos, antes de que hubiera cámaras de ESPN apuntando hacia el campo.
Mucho antes de que las semifinales llenaran estadios y encontraran espacio en las pantallas de ESPN y Disney+, Pruneda ya estaba ahí. En los años cuando la liga todavía era un proyecto lleno de incertidumbre, viajes largos, contratos modestos y muchas dudas, el tackle ofensivo regiomontano decidió apostar por el futbol profesional mexicano cuando pocos sabían —o se atrevían a creer— que realmente iba a funcionar.
Y quizá por eso esta semifinal tiene un peso distinto. Porque Ramiro no solamente regresa a Monterrey. Regresa al lugar donde empezó todo.
Nacido futbolísticamente en los Vaqueros de la Prepa 2 de la UANL, fue ahí donde comenzó una historia que pocos podrían haber imaginado tan larga, tan densa en capítulos. Una historia que lo llevaría a los Borregos Salvajes del Tec de Monterrey, a campeonatos nacionales, a la NFL Europa, a organizaciones como Kansas City Chiefs y Philadelphia Eagles, y eventualmente a convertirse en uno de los pioneros más importantes de la LFA moderna.
Cuatro campeonatos nacionales con Borregos. Tres veces el mejor liniero ofensivo de ONEFA. Tazones Azteca. Europa. El sueño NFL hecho realidad de una forma que muy pocos mexicanos han logrado sostener.
Pero lo que distingue a Pruneda no es el currículum. Es la mentalidad con la que lo construyó. "Nunca lo vi como un sueño", dice. "Siempre fue una meta".
Hay una diferencia enorme entre esas dos palabras. Y Ramiro Pruneda la entendió antes que casi todos.
"Cuando tenía 15 años estaba aquí", recuerda. "Y ahora, casi 30 años después, volver a pisar un estadio como el Gaspar para una semifinal es bastante emocionante".
Treinta años. Dos generaciones de futbol americano de México comprimidas en una misma historia. El mismo hombre que corría en las canchas de la Prepa 2 hoy entra al Gaspar con el casco de Dinos de Saltillo, a un partido que se transmite en vivo por ESPN, frente a una afición que lo vio crecer y que no sabe muy bien si aplaudirle o presionarlo.
El futbol americano de México y de Monterrey pocas veces genera historias con tanta continuidad. La mayoría de las carreras se quedan en la etapa universitaria, brillan un momento y se apagan. Pero Ramiro pertenece a otra generación: la de jugadores que abrieron camino cuando todavía parecía imposible imaginar a un mexicano construyendo una carrera profesional tan extensa dentro y fuera del país.
Y ahí, en ese punto exacto entre la retirada y la reinvención, aparecen Mayas. El equipo que dominó los primeros años de la LFA y que se convirtió en el primer gran campeón de la era profesional moderna en México. Pruneda llegó en 2017, después de perderse la temporada inaugural por una lesión en el tendón de Aquiles, y terminó formando parte del histórico bicampeonato que le dio legitimidad deportiva a una liga que todavía buscaba su lugar.
¿Qué tenía de especial ese equipo?
"La unión y la familia", responde sin dudar. "Antes de pensar en un equipo, se formó una familia".
Habla con nostalgia de aquellos primeros años: los viajes interminables, la convivencia de vestuario, la incertidumbre de no saber si la liga sobreviviría a la siguiente temporada, los entrenamientos después del trabajo, el sacrificio silencioso de una generación que apostó por algo sin garantías.
"Más que sacrificio, fue el precio a pagar", explica. "Y hoy estamos viendo los resultados".
Diez años después, la LFA entra a una nueva etapa. Más inversión, más exposición, mejores condiciones, una presencia mediática que nadie hubiera imaginado en aquellas primeras temporadas de incertidumbre. Pero para entender de dónde viene todo esto, hay que escuchar a jugadores como Ramiro Pruneda.
"Había muchas áreas de oportunidad", recuerda con la diplomacia de quien vivió las carencias de cerca. "Pero el hambre de los jugadores mexicanos mantuvo esto fuerte".
Esa frase resume algo que ningún presupuesto puede comprar: la voluntad de una generación que decidió que el futbol americano merecía existir, aunque nadie más lo creyera todavía.
Aunque hoy defiende otros colores con Dinos de Saltillo, el vínculo con Borregos y con la ciudad sigue intacto, tirante como una línea que ningún contrato puede cortar.
"Borregos siempre será mi alma mater", dice. "Y espero que algún día mis hijos también puedan portar ese casco con los cuernos".
A sus 43 años, convertido ya en uno de los veteranos históricos de la liga, entiende perfectamente cómo funciona el ruido alrededor del deporte profesional. Lo abraza incluso.
"Hay memes de que ya estamos viejos o robando oxígeno", cuenta entre risas. "Pero al final sabemos la preparación que hubo todos estos años".
Ramiro Pruneda representa algo que pocas veces aparece en el deporte mexicano: continuidad histórica real, no construida desde el relato sino desde los hechos.
Es el puente entre la vieja era universitaria dominante de Monterrey, el sueño NFL de los pioneros mexicanos y el nacimiento de una liga profesional que hoy empieza a encontrar estabilidad e identidad propias. Y también es parte de la familia ESPN, ayudando ahora desde otro lado a contar y analizar el crecimiento del deporte que definió toda su vida.
"No me imagino una vida fuera del futbol americano", admite. "Mi vida siempre ha estado ligada a esto".
Por eso esta semifinal no es solamente un partido más.
Es el regreso de uno de los arquitectos silenciosos de la LFA a la ciudad donde comenzó su historia. Es un hombre de 43 años que sigue compitiendo no por nostalgia, sino porque todavía tiene algo que demostrar. O quizá porque sencillamente no sabe hacer otra cosa, y eso —en el deporte— suele ser la marca de los grandes.
Mientras el futbol americano profesional en México sigue buscando su siguiente gran paso, figuras como Ramiro Pruneda recuerdan algo que ningún modelo de negocio puede reemplazar: las ligas no se construyen solamente con inversión o espectáculo. También se construyen con jugadores que estuvieron ahí cuando todavía nadie sabía si todo esto iba a funcionar. Y que volvieron, de todas formas.
Las semifinales de la LFA se transmitirán por ESPN y Disney+.
