Lo llora el pueblo argentino: murió Carlos Alberto Solari. O mejor dicho, murió el mito, el Indio, el lider de varias generaciones de pibes que siguieron Patricio y los Redonditos de Ricota y después los multitudinarios recitales del Indio con su propia banda y más acá, cuando el parkinson lo alejó de los escenarios, siguió presente con su obra, los Fundamentalistas del Aire Acondicionado.
Se reconocía fanático de Boca Juniors, pero por sobre todas las cosas del juego y los jugadores que lo defendían, y eligió como bandera a Juan Román Riquelme.
En su libro, "Recuerdos que mienten un poco" (Memorias en conversaciones con Marcelo Figueras), el Indio Solari contó su mirada sobre su yo futbolista :"Yo jugué un poco al fútbol, me gustaba. Tiraba buenos centros, pero ante todo era amigo de los que jugaban bien y por eso me metían en sus equipos. Fui un buen marcador. Ahora, ojo: no pasaba diez metros de la mitad de la cancha, porque no me gustaba entrenar. Era sucio para jugar, no pegaba fuerte pero te sacudía el tobillo todo el primer tiempo y en el segundo ya no podías correr", recordó el cantante argentino que con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota convirtió a las canchas de fútbol en templos del rock.
Así describió el Indio a Riquelme
"Un artista, creo yo, casi desconociendo tal magnitud y aceptando con gratitud ser un músico popular, tiene el deber de cruzar la frontera del sentido común de la sociedad donde se manifiesta. Visitar esa tierra incógnita la veces que sea necesario para así observar la vida desde un estado de conciencia que escapa con paso rápido de las tradiciones, del legado de los muertos. Sus recompensas son la soledad, el viento recio y transitorio de la pasión y las borracheras provocadas por la belleza ocasional.
"Probablemente no consiga nunca que su destino sea nada más que el eco de sus deseos. Debe, entonces, ser lo suficientemente valiente como para que el temor no le impida a su apetito amoroso exponer lo que cree que debe expresar. Aceptará que su destino sea relativo pasajero y violento. Sus emociones, sus reflexiones y sus juicios personales, si no toma por asalto la esquiva belleza, no son nada. De lo extraordinario y extraño debe nutrirse su estilo (que nunca es neutral)".
"Ahora bien, luego de todo este parloteo con el que he jugado a describir lo que no me es propio, recién ahora veo que una definición ejemplar y clara me llega para acabar con este intento en vano. Y digo entonces: un artista es Román".
