“La diáspora caboverdiana supera con creces en número a quienes realmente viven en las islas. Así que ser caboverdiano a menudo significa, o incluso principalmente significa, estar o sentirse desarraigado, vivir lejos del hogar o de los propios orígenes”. La frase es de Denise Fernandes, directora portuguesa de origen caboverdiano, al conversar con la revista Caligari sobre su primer largometraje, Hanami, de 2024.
Cabo Verde fue durante cinco siglos colonia de Portugal, y su Selección ha buscado y procurado que esa historia de extracción y explotación se convierta en un puente de ida y vuelta rumbo al Mundial 2026.
Cabo Verde, un lugar al que nadie podía llegar y del que todos quieren partir
El archipiélago de Cabo Verde constituido por diez islas estuvo deshabitado hasta el siglo XV, cuando los exploradores portugueses colonizaron las islas, que hasta entonces eran dominadas por el murciélago orejudo gris, única especie endémica.
Portugal arribó a las islas volcánicas en 1456 y las denominó Cabo Verde como la costa senegalesa, el punto más cercano de las islas con África continental.
Debido a su ubicación, y tal como se destaca en un artículo de la BBC, Cabo Verde se consolidó como un nudo principal en el tráfico de esclavos, con cerca de 3.000 esclavos vendidos cada año desde África a Europa o América, durante casi tres siglos.
En 1974, la Revolución de los Claveles precipitó el fin del imperio portugués en África. Y al año siguiente, Cabo Verde obtuvo el reconocimiento de su independencia, hoy contando con una población cercana a las 500 mil personas, apenas un tercio de la diáspora caboverdiana (cuya mayor parte se encuentra en Portugal y Estados Unidos).
El Mundial 2026, entre volcanes, islas y dos selecciones
“Canchas vacías
La pelota, sin hermano
para muy lejos”
El haiku es del escritor argentino Pedro Mairal podría dibujar lo que sucedía con el fútbol en Cabo Verde, y por tanto también en Portugal.
La selección africana jugó su primer partido el 19 de abril de 1978 (cuando por ejemplo se cumplían exactamente 18 años del primer partido en la historia de la Libertadores), doce años después de que Portugal disputara su primer Mundial, alcanzando el tercer puesto en Inglaterra 1966 y teniendo al goleador del certamen: Eusebio, nacido en Mozambique.
Cabo Verde no lograba desarrollar su selección de fútbol, padeciendo de la constante emigración, hasta que ya en el Siglo XXI se tomó la decisión de ir a buscar al exterior futbolistas con ascendencia caboverdiana, realizando un scouting paciente y exhaustivo, teniendo a su entrenador Bubista como pieza clave en este proyecto.
Nani, Henrik Larsson o Patrick Vieira han sido algunos de los futbolistas que lograron un reconocimiento mundial que tienen ascendencia caboverdiana. En el caso de Nani, quien en 2014 cruzó el Atlántico para disputar el Mundial de Brasil, nació en Lisboa en 1986 y fue criado por una tía ante la partida primero de su padre y luego de su madre.
Poco a poco, Cabo Verde fue mejorando el nivel del plantel de su selección, compitiendo de mejor manera ante otros combinados del continente y logrando en 2013 su primera clasificación a una Copa de África.
El 13 de octubre de 2025, obtuvo su histórica clasificación al Mundial 2026 y tuvo a cinco futbolistas nacidos fuera de las islas en la alineación titular que presentó en el partido definitorio ante Esuatini (que ganó por 3 a 0 y así confirmó el liderazgo del Grupo D, relegando al segundo lugar a Camerún).
Steven Moreira nació en Noisy-le-Grand (Francia), Roberto Lopes en Dublín (Irlanda), Jamiro Montero y Dailon Livramento en Rotterdam (Países Bajos), y Willy Semedo en Bordeaux (Francia). Además, en ese partido ingresaron Garry Rodrigues y Deroy Duarte (nacidos en Rotterdam), y Telmo Arcanjo (nacido en Lisboa). Y entre los jugadores que completaban el plantel estaban Hélio Varela (nacido en la ciudad portuguesa de Almada), Wagner Pina y Bruno Varela (ambos nacidos en Lisboa), y Sidney Lopes Cabral (Rotterdam).
El archipiélago se divide en dos grupos: las islas de barlovento (Santo Antão, São Vicente, Santa Luzia, São Nicolau, Sal y Boa Vista) y las de sotavento (Maio, Santiago, Fogo y Brava).
En el actual Campeonato caboverdiano de fútbol, de la liga fundada en 1976, juegan doce equipos: el vigente campeón y los once campeones de las ligas que hay en cada isla. Las islas Santiago y Santo Antão tienen dos ligas cada una (se dividen futbolísticamente entre Norte y Sur), y Santa Luzia no aporta ningún campeón, dado que es una isla que permanece deshabitada (y es una reserva natural).
El Clube Sportivo Mindelense fue el primer campeón y es el máximo ganador del certamen, habiéndolo obtenido en los años 1976, 1977, 1981, 1988, 1990, 1992, 1998, 2011, 2013, 2014, 2015, 2016 y 2019. Este club también fue el primer campeón antes de la Independencia y, en esta etapa, pudo consagrarse como el mejor equipo de Cabo Verde en 1939, 1951, 1954, 1956, 1960, 1962, 1966, 1968 y 1971, totalizando 21 títulos, destacándose que el fútbol de Cabo Verde no se divide históricamente entre era amaeteur y era profesional, como por ejemplo sucede en Argentina o en Uruguay, sino que la línea divisoria es la independencia con Portugal.
El fado reflejo de la morna o viceversa
Ante ese desarraigo impregnado en el origen de gran parte de sus habitantes, a lo que se le suma el entender no sólo cuánto cuesta marcharse, sino y sobre todo, cuánto cuesta quedarse, no es sorpresivo encontrar ese aroma de nostalgia, ese aire a saudade entre sus habitantes.
Y allá en el Norte, en la ex colonia, también hay un llamativo tono melancólico, un sentimiento que es hasta entendido como un rasgo cultural que se nutre de su historia de imperio perdido y su geografía costera, esperando una nueva llegada o una vieja partida.
Y entonces cada nación encontró un sonido para sacar tanto adentro guardado. Y en Portugal fue el fado, expresión musical al pararse ante la añoranza, la pérdida y el destino. Y en Cabo Verde la morna, el género más representativo del país insular que tuvo en Cesária Évora su principal embajadora y en la canción Petit Pays una profunda oda a la historia y cultura de su nación.
Así, el Atlántico también trae sus resacas, con esas olas que se acercan a la costa en línea recta y no tienen adónde ir. "El agua no escapa hacia la izquierda o la derecha, sino que se amontona", explica Simon Boxall, profesor del Centro Nacional de Oceanografía de la Universidad de Southampton (Reino Unido) en un artículo de National Geographic: "Tiene que escapar por algún sitio y lo hace a través de una corriente de resaca".
Y es que ‘Todos somos fugitivos’, como se puede escuchar decir en la película Djon África, en la que desde un suburbio de Lisboa, el protagonista emprende el viaje a Cabo Verde, el país de sus raíces. La pelota va de lado a lado, pero quién sabe desde donde partió.
