"Estuvimos ante el mejor entrenador inglés de la actualidad". Pep Guardiola no es alguien especializado en regalar flores pero quiso dejar clara su idea, un día de enero de 2021 en que Manchester City venció con enorme esfuerzo al ascendente Brighton. Graham Potter, el destinatario del elogio, era ya por entonces un centro de atención en el fútbol inglés por lo conseguido con su equipo, que generaba interés más allá de sus buenos resultados. Ya con 50 años, ese DT que cautivó a Pep y a tantos otros en junio tendrá la chance de mostrar su sapiencia nada menos que en el Mundial 2026. Será al mando de Suecia, el país en el que empezó desde bien abajo para mostrar todo su potencial.
Como para dar una idea de la relevancia de Potter en el fútbol, vale mencionar que así como hubo menottismo, bilardismo y hay bielsismo, hoy existe, también, una escuela que se referencia en él y bien podría llamarse “Potterismo”, aunque en inglés se habla más bien de Potterball. ¿Cómo se definiría? Dentro de las limitaciones que implica enmarcar una filosofía de juego en pocas palabras, sus seguidores afirman que se trata de un fútbol de ataque basado en la posesión de la pelota, pero que también combina mucha presión y fluidez. Y, sobre todo, la flexibilidad táctica necesaria para generar superioridad numérica sobre el rival en los sectores clave del campo de juego.
Claro que no todo se resume en movimientos tácticos. “Yo quiero jugadores valientes, de esos que no tienen miedo de cometer errores. Que puedan tener la pelota, mostrar coraje con ella y tratar de disfrutar de lo que hacen”, contó Potter cuando llegó a Chelsea en 2022, y dio una pista de otra faceta del Potterball. Porque esa valentía que reclama no se consigue solamente con lo que se puede enseñar dentro de un campo de juego.
Graham Potter crece desde el pie
Tal como pasó con muchos otros entrenadores, la carrera de Potter como futbolista, sin grandes luces, no permitía creer que se estaba ante alguien que con los años iba a transformarse en un director técnico de época. Aunque por una anécdota de aquella época ya podía notarse su carácter especial. Uno de sus últimos equipos, York, lo echó sin contemplaciones el día de su casamiento. No se hizo mayor drama. "En mi primer baile con mi esposa después de casarme, le dije: '¡Por cierto, no tengo trabajo!'", contó a The Athletic en 2020. Graham ya había aprendido aquello que escribió otro británico, el poeta colonialista Rudyard Kipling, en 1895: el triunfo y la victoria son dos impostores. Una idea que tiene mucho que ver con su filosofía.
Ya retirado, en 2008 tuvo su primera oportunidad para hacerse cargo de un equipo. Fue Leeds Carnegie, un conjunto semiprofesional que desaparecería pocos años después y por entonces participaba de los escalones más bajos en la enorme pirámide del fútbol inglés. Ese destino guardaba una particularidad: uno de los dueños del club era la Leeds University Met, que había sido designada recientemente por el ministro de Deportes como sede del nuevo Centro del Reino Unido para la Excelencia en el Entrenamiento. Eso posicionó a la Universidad a la vanguardia de la capacitación de entrenadores en Gran Bretaña.
Con una formación académica en Ciencias Sociales y una maestría de liderazgo e inteligencia emocional de esa Universidad, Potter tuvo clara su meta desde el comienzo. “'Mi objetivo -contó por aquel entonces- es brindar a nuestros estudiantes y exalumnos la mejor experiencia futbolística de sus carreras, mejorándolos como atletas y futbolistas mientras se desarrollan como individuos”. Era mucho lo que Potter iba a enseñar, pero más todavía lo que estaba por aprender.
El viaje a Suecia que cambió todo
Pasó casi tres años en ese modesto club de la periferia del fútbol inglés. Lo que para algunos podía pensarse como un tiempo de estancamiento, para él fue una etapa de pura formación. En diciembre de 2010 surgió la oportunidad que le terminaría de cambiar la vida, a priori tan poco glamorosa para el espectador desprevenido como la anterior: irse a entrenar a un equipo del ascenso profundo en Suecia.
El muy humilde Ostersunds FK, fundado apenas 14 años antes, decidió contratarlo por recomendación de Graham Jones, antiguo amigo de Potter y por entonces asistente en Swansea del español Roberto Martínez. En un club que jugaba con una asistencia promedio de 500 espectadores, todo estaba por hacerse. Y Potter hizo todo. O casi.
Es difícil establecer si fueron sus años de aprendizaje en Leeds Carnegie, sus condiciones naturales o alguna conexión con la cultura sueca que incluso el propio Potter desconocía hasta entonces. Lo concreto es que la sintonía con el nuevo equipo fue inmediata y se concretó uno de los crecimientos más sorprendentes y vertiginosos que cualquier equipo haya tenido en el mundo.
Potter: los prejuicios, afuera
La revolución potterista avanzó a todo ritmo desde el comienzo del ciclo y llevó a Ostersunds FK desde la cuarta división de Suecia a jugar la Europa League en apenas seis años. Un proceso a puro éxito y vertiginoso, pero cimentado sobre bases sólidas y que apuntó no sólo a lo estrictamente futbolístico.
Potter tenía claro que para que sus futbolistas dieran un salto de calidad debía conseguir la mejor versión de ellos mismos en todo sentido. Supo introducir variantes tácticas en un fútbol acostumbrado a la rigidez y a privilegiar el juego aéreo, para aprovechar la buena contextura de sus futbolistas. Pero la desarticulación de los preconceptos no debía darse sólo dentro del campo de juego.
En un contexto machista como puede ser muchas veces el del fútbol, Potter logró que sus futbolistas desafiaran los prejuicios y realizaran actividades artísticas como escribir un libro colectivo y hasta bailar ballet para interpretar El Lago de los Cisnes en una función pública en 2013, año en que el equipo consiguió su segundo ascenso consecutivo. No está de más en este sentido recordar un antecedente ocurrido en Argentina más de medio siglo antes, en 1961. En una pretemporada que realizaba Atlanta en Córdoba, un revolucionario de entonces, el preparador físico Adolfo Mogilevsky, añadió a las tareas habituales del equipo las prácticas de teatro, canto, pintura e incluso concursos de preguntas y respuestas. Entre los jugadores que participaban, había un aguerrido mediocampista destinado a ser también un sabio desde el banco de suplentes: Carlos Timoteo Griguol. Porque las buenas ideas están destinadas a dejar su legado.
El impacto de Potter y la vuelta a casa
Más allá de los enormes méritos que ya tenía todo el proceso, la hazaña de Potter en el Ostersunds FK terminó de dar la vuelta al mundo con la disputa de la Europa League, a la que se clasificó en 2017 luego de obtener la Copa de Suecia. Consiguió llegar hasta los dieciseisavos de final para enfrentar a Arsenal. Los medios ingleses reflejaron finalmente la historia del compatriota que era profeta fuera de su tierra, y el interés se incrementó después de la más que digna eliminatoria de los suecos, que tras caer 3-0 como locales consiguieron una histórica victoria 2-1 en la revancha en Inglaterra.
Estos logros le valieron a Potter recibir finalmente una llamada para dirigir en Gran Bretaña, aunque todavía no en la primera división sino en Swansea, el club galés que por entonces competía en el Championship. Un aceptable décimo puesto en esa primera campaña significó dar otro paso, para llegar, entonces sí, a la Premier.
Brighton fue la nueva sede del potterismo desde 2019 hasta 2022, con rendimientos crecientes y un juego que deslumbraba más allá de los resultados. El club cumplió en ese ciclo las mejores campañas de su historia y terminó noveno en la última temporada de Graham a cargo. Pocos meses después, se marchó nada menos que a Chelsea. Parecía que no había límites para seguir creciendo pero el destino puede ser traicionero, sobre todo en el fútbol.
Un tropezón para Graham Potter no es caída
Sabio como es, Potter no ignora que todo lo que sube tarde o temprano tendrá que bajar. “No es el estilo de juego el que te hace ganar los partidos. El reto es tener jugadores que crean en lo que hacen y en cómo funciona”, explicó en la presentación en el club londinense. Si bien no estaba ante la cuesta más empinada de las que tuvo que subir en su vida, sí era la que iba a tener más ojos observándolo. Y las cosas no se dieron como lo esperaba. Antes de terminar la temporada, con el equipo navegando en la mitad de la tabla de posiciones, la directiva no aguantó la presión de los hinchas en busca de resultados urgentes y resolvió el despido del técnico.
Pasaron entonces casi dos años sin entrenar, en los que Potter alternó entre algunas apariciones como analista de fútbol en transmisiones televisivas, un trabajo como docente en la escuela de negocios del sindicato de futbolistas de Gran Bretaña y rechazó entre otras una oferta de Ajax.
A comienzos de 2025, se hizo cargo de un West Ham a la deriva pero no logró encarrillar la nave y el vínculo se terminó antes de cumplir un año en el cargo. Para entonces, Suecia se había quedado sin técnico y estaba por quedarse afuera del Mundial. "Estoy abierto a todo en lo que sienta que puedo ayudar. Sería una gran oportunidad para mí, por supuesto", lanzó Potter al medio sueco Fotbollskanalen. La dirigencia sueca escuchó y el destino llevó al DT al lugar donde su leyenda había comenzado.
Renacer en Suecia rumbo al Mundial 2026
Aunque parezca inapropiado aplicar la expresión “desastre” a un rendimiento futbolístico, no se podría evaluar mucho mejor lo que había ocurrido con Suecia en la primera fase de las Eliminatorias europeas para el Mundial. Quedó última en el grupo B detrás de Suiza, Kosovo y Eslovenia, luego de empatar dos partidos y perder los cuatro restantes. Y aunque sabía que estaba clasificada al repechaje gracias a su buen rendimiento en la UEFA Nations League, los resultados obtenidos hasta ese momento no permitían albergar demasiadas esperanzas.
Potter cumplió en Suecia su tarea preferida: transformar a un grupo de individuos en un auténtico equipo. Estudioso de la táctica y a la vez un enorme motivador, reordenó las piezas y Suecia volvió a hacerse fuerte cuando más lo necesitaba. Las victorias 3-1 contra Ucrania y 3-2 contra Polonia lo metieron otra vez en el Mundial y le devolvieron la ilusión a un público que a la hora del fútbol sabe sacudirse el frío.
No le tocó un grupo fácil en el Mundial 2026, con Túnez, Países Bajos y Japón como rivales. Pero Suecia tiene una estrella como Viktor Gyokeres y a un joven brillante como Roony Bardghji. Tiene el ánimo renovado después de haber llegado a la meta cuando nada lo hacía prever. Y encima tiene en el banco a un Potter que tal vez no sea mago, pero que de a ratos puede parecerlo bastante.
