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Diego Gerar, el buzo con parálisis cerebral que se sumergirá en aguas abiertas

Hay historias que llegan a nuestras vidas, algunas más atrapantes que otras, algunas más inspiradoras que otras. Están las que llegan y siguen de largo, y están las que se quedan con nosotros para siempre, las que nos marcan. Historias que nos atraviesan. Como la de Diego Gerar.

“Hola, soy Diego Gerar, tengo 34 años, voy a ser el primero en ir a bucear en aguas abiertas con una discapacidad. Es la primera vez que voy a ir a bucear al mar, y voy a vencer el miedo de meterme al agua para que otros chicos se animen a bucear”, comienza sin darse cuenta de que, con esas pocas palabras, ya dejó a quienes fuimos a conocerlo y a saber más sobre su historia, con un nudo en la garganta.

La historia de Diego se viene escribiendo hace 34 años y tiene a General Lamadrid como escenario de la misma. Oriundo de la ciudad ubicada a 460 kms. de la Capital Federal, Diego no solamente es especial por la hazaña acuática que va a realizar en Las Grutas, Rio Negro, sino mucho más aún, por la persona extraordinaria que es.

¿La hazaña? Convertirse en el primer argentino con parálisis cerebral en bucear en aguas abiertas. ¿El lugar? Las Grutas, en la provincia de Río Negro. ¿El equipo integrante? Diego Gerar, Bruno Pellita (su entrenador) y Daniel Islas (Dive Master).

Pero para llegar a concretar la hazaña, que se va a llevar a cabo el 17 y 18 de diciembre, Diego recorrió un camino largo, desafiante y de mucho aprendizaje. Aprendizaje para él y para todos los que lo rodean. En ese camino fue que en 2016 el destino quiso que Diego conozca a Bruno Pellita, buzo profesional, quien hoy es su entrenador, amigo, y hermano de alma.

“En 2016 iniciamos un camino juntos que no solo forjó el vínculo acuático, sino que formamos una amistad re linda, compartimos un montón de momentos fuertes. A partir de ahí empezamos a luchar para que Diego cumpla su sueño de bucear en el mar. Para mí es un hermano más que un amigo”, cuenta Bruno emocionado. “Yo estaba dando un curso de buceo convencional, Diego se acercó a chusmear y le propuse si se animaba a respirar abajo del agua. Desde el día uno me dijo que sí, y a partir de ahí empezamos un camino largo pero muy lindo. Nos conocimos en el agua y en ese camino estamos”.

Diego nació con parálisis cerebral, pero vive como si no tuviera una discapacidad. Y me atrevo a decir que él es la personificación de la palabra ‘capacidad’ y no su antónimo, porque su vida es el reflejo de metas cumplidas. Habiendo terminado la secundaria, además de tener ‘la hazaña’ de Las Grutas como objetivo a cumplir en su futuro cercano, su otro gran sueño es estudiar medicina.

“Terminé el secundario, y si todo me sale bien me voy a estudiar. Tengo que ir a un médico para que me arregle la mano, pero quiero estudiar medicina”, dice, y nos quedamos perplejos de asombro. Y es que la parálisis le generó un leve retraso madurativo llamado hidrocefalia, lo que produjo el acortamiento de las extremidades y la limitación de los movimientos, especialmente del lado derecho.

Pero en el agua, esa dificultad que en tierra es aparente, se desvanece. “En el agua es donde mejor estoy, me siento en equilibrio y sintonía con todo”.

“Diego te demuestra que no hay límites. Te pongo un ejemplo claro de lo que es Diego; el equipo de buceo está preparado para usar del lado derecho, y él tiene una dificultad en la mano derecha. Cuando teníamos que practicar recuperar el regulador, que es el aparato para respirar, hay que mover la mano derecha y él no puede. Y me dice: ¡Pero si tengo la izquierda! Y él me enseñó a mí cómo recuperar el regulador con la mano izquierda. Tiene la capacidad de superar cualquier cosa. Él tiene una historia de vida que lo ha forjado para eso, pero en el agua tiene mucha destreza, se mueve como muy pocas personas que por ahí no tienen ninguna discapacidad”, relata Bruno con sinceridad.

“Él tiene la valentía de superar el miedo y eso tiene un valor incalculable. Nació con parálisis, no puede mover el lado derecho de su cuerpo e igual ahora está a un pasito de ir al Mar Argentino, que es un mar duro. Eso para mí es sinónimo de superación. Yo tengo el privilegio de acompañarlo en el agua, para mí es un placer acompañarlo, pero el mérito que tiene de ir todos los lunes y martes a la pileta a entrenar, llueve o truene, es todo de él”, sigue Bruno.

Cuando Diego habla sobre su viaje a Las Grutas se le prende una luz especial en los ojos, su boca dibuja una sonrisa y se emociona, “Vamos a ver si podemos ir a unos barcos hundidos debajo del mar. Vamos a hacer dos buceos que voy a disfrutar mucho, para que después otros se animen a hacerlo”. Y me queda resonando… Para que otros se animen a hacerlo…

RUTA DE VIAJE
El primer buceo, el del 17 de diciembre, será de adaptación en La Plataforma, que es un punto de buceo con una profundidad máxima de 10 metros, “que es un montón”, explica Bruno. “Ahí vamos a hacer algunas prácticas para lograr la adaptación al mar, porque el cambio de la pileta al mar es enorme, y si todo está bien vamos a hacer la segunda inmersión al día siguiente, que consiste en ir a un barco hundido que está a 18 metros de profundidad.
Es muy profundo, pero estamos preparados”.

Para Diego y Bruno el solo hecho de estar a punto de concretar este sueño es suficiente. Y es que, al conocerlos, uno empieza a vibrar en esa frecuencia positiva de los que profesan que ‘lo que importa es el camino y no la meta final’.

“Se trata de que todo sea ganancia. El haber tomado la decisión de ir al mar ya es un aprendizaje enorme, ahora es hora de disfrutar cada metro que descendamos. Lo que cambia en el mar es el frio y la profundidad, es más peligroso, pero es más fácil”, explica Bruno, mientras se hacen gestos de complicidad.

EL DEPORTE ADAPTADO
Bruno denota ser una persona especial, capacitada física y emocionalmente para el desafío que conlleva el acompañar a una persona con discapacidad a las profundidades del mar. El caso de Diego no es el primero que lo llevó a sumergirse en Las Grutas.

“Nacho Ponce es un chico con síndrome de Down que vive en Lamadrid, es amigo, y en diciembre de 2021 fuimos a Las Grutas, bajamos a 18 metros a un barco hundido y fue una experiencia hermosa", cuenta Bruno.

"Pero hay muy pocos casos de chicos metidos en el deporte adaptado, más que nada porque todavía persisten ciertos miedos, inseguridades y prejuicios. A mí, el estar con ellos me cambió la forma de ver la vida, no sólo el buceo", se emociona. "Poder adaptar una actividad a cualquier persona es una satisfacción enorme y siento un agradecimiento constante para con ellos. A través de historias como las de Diego o Nacho se puede reevaluar: ¿cuál es el límite? Al límite hay que ponerle actitud y ganas, el límite es el fondo del mar. No hay límites. Claro que hay situaciones a sortear, pero con la actitud correcta, los sueños están para cumplirse”.

EL SUEÑO DE TODO UN PUEBLO: LA HINCHADA DE LAMADRID
Son este tipo de historias motivacionales las que hacen que el universo conspire para que las cosas se den, para que lo maravilloso e imposible nos golpee la cara y nos muestre que verdaderamente los sueños, cuando bien anhelados y trabajados, están para cumplirse. A Diego y a Bruno nadie les regaló nada, pero el esfuerzo de todo un pueblo logró que ambos ya tengan el bolso preparado y todo pronto para emprender el camino a la Patagonia.

“Un amigo parapentista, Damián Lestarpe, que fue campeón del mundo, nos regaló junto con su pareja Candela Rodríguez, un salto bautismo de parapente y con eso, hicieron un bono contribución que se sortea por Lotería de la Provincia y juntamos un montón de plata vendiéndolo nosotros", explica Bruno. "De esa manera generamos un montón de recursos en un pueblito de 10.000 habitantes. Y vamos a ir a bucear al mar argentino. Entonces decime, ¿Cuál es el límite?”.

Estar en contacto con la historia de Diego invita a pensar dónde estamos parados como sociedad inclusiva, si vamos por el camino correcto y cuánto queda por transitar...

“Se ha avanzado mucho, pero hay un camino muy largo por recorrer. No nos damos cuenta de un montón de cosas que todavía nos hacen excluir al otro. Antes, la discapacidad era un tema tabú por inseguridades y miedos, y ahora están surgiendo un montón de actividades que hacen a la inclusión", responde Bruno. "En las competencias se está motivando a que haya disciplinas adaptadas, y el deporte es una herramienta increíble para eso, pero hay un camino largo por andar. El Estado tiene que aparecer para contener a familias que no tienen recursos y que tienen que hacer trámites engorrosos en una situación que ya de por sí es difícil. La burocracia es algo a mejorar. Hemos mejorado, pero falta recorrer bastante. Hay que dar un salto de calidad, porque muchas veces se generan actividades que son para personas únicamente con discapacidad y de alguna manera estamos discriminando, hay que buscarle una vuelta para que podamos evolucionar juntos”.

Por último, el protagonista de nuestra historia nos invita a pensar en quien fue la persona motora que lo incentivó a perseguir sus sueños: “La que me hizo luchar por mis sueños fue mi vieja, ella quiso que yo haga esto, así que acá estoy”.

La madre de Diego falleció tiempo antes de que él se adentrara en el mundo del buceo, y quien lo crió fue su abuela, “una persona que con 81 años le mete para adelante como nadie, arremetedora y con mucho empuje”, cuenta Bruno. Y así, gracias a sus dos musas inspiradoras, Diego no solo hizo la vida normal de cualquier niño, sino que eso le dio las herramientas para estar a pasos de cumplir su sueño más anhelado como adulto.

Antes de agarrar mis cosas para emprender de nuevo el camino a casa tras una tarde de muchas emociones en Lamadrid, me nació preguntarle a Diego: ¿qué le dirías a los jóvenes de hoy en día, en un mundo donde las redes sociales y la tecnología dan una falsa sensación de que todo se puede obtener de forma fácil, rápida y sin esfuerzo?

“¿Qué les diría? Que se animen a hacer las cosas que les gustan, que estén menos tiempo con el telefonito y que se pongan a hacer las cosas que tienen que hacer”, responde.

Nada más que agregar.