Luego de tomarse unos meses para barajar y dar de nuevo, el argentino Renzo Olivo (511°) regresó a la acción profesional este lunes, en el marco del Challenger 50 de Palermo, Buenos Aires, donde se vio forzado a retirarse por un espasmo lumbar cuando caía 6-4 y 1-0 contra el brasileño Pedro Sakamoto (375°) y sembró incertidumbre de cara al futuro.
Seguramente el retorno no haya sido el esperado por el diestro rosarino, el cual no sería el único en abandonar su pleito en las jornadas iniciales bajo el agobiante calor registrado en las canchas sobre polvo de ladrillo del Tenis Club Argentina (TCA), uniéndose a un extenso listado completado por Arklon Huertas del Pino (230°), Nicolás García Longo (1.128°), Santiago Rodríguez Taverna (227°), Alexis Gurmendi (1.384°), Daniel Dutra da Silva (260°) y el mismo Sakamoto.
“Quise venir a probar, a jugar en casa. Estos cinco o seis meses fueron duros. no tenía ganas de nada relacionado con el tenis. No agarraba una raqueta, no hacía nada. Pero empecé a pelotear un poco, a entrenar a algún que otro jugador que me pedía, vi que estaba este torneo de Buenos Aires y pensé que yo iba a estar un poquito mejor", se sinceró el ex número 78 del mundo, en diálogo con el periodista Sebastián Torok para La Nación.
Posteriormente, el único campeón de Copa Davis 2016 aún en actividad, que no competía desde junio pasado, en Lima, y duraría apenas 41 minutos en cancha, analizó: "Pero la realidad es que físicamente es difícil, porque están todos súper entrenados y cuando no estás a la altura se siente. Erré mucho, me costó la movilidad, no me sentí a la altura. Nunca paré tanto tiempo, ni en la pandemia. Ahora queda Rosario, de acá a un par de semanas. Espero prepararlo mejor, el futuro es incierto".
“La verdad que no sé si Rosario será el final, no lo tengo decidido. Si es el final será sin previo aviso porque hoy no lo sé. Estoy en una encrucijada, en el medio de no saber qué hacer. Sigo sintiendo ganas de competir y sentirme apto, pero la realidad es que si uno no le dedica el 100% es muy difícil. Es muy físico y te empieza a pasar factura enseguida", extendió el categoría 1992, de 33 años y verdugo del talentoso francés Jo-Wilfried Tsonga en Roland Garros 2017, sobre su participación en el inminente evento de su ciudad natal.
En la misma línea, aquel que disputaría la serie frente a Polonia en el tradicional evento de naciones enfatizó acerca de la realidad de muchos jugadores: "La defensa de los puntos y el tema económico para los que no nos consolidamos en el top 100 es asfixiante. Vivimos un estrés constante. Yo ahora tuve cinco o seis meses sin estrés. Y no era tan consciente de cómo vivía porque uno lo hace normal. Pero cuando te quitás la vida del tenis el estrés te baja a muchísimos niveles".
"No sé si la palabra es ‘enojado’. Siempre de chiquito las expectativas conmigo fueron muy altas. Era demasiado bueno. Mi expectativa era mayor, es como que no cumplí los objetivos que tenía en la cabeza. Siempre apunté muy a lo grande y al no lograrlo me frustró mucho", manifestó el dueño de tres títulos en el segundo nivel, en Santos 2016, Buenos Aires 2016 y San Benedetto 2019, haciendo énfasis en aquellos destacados inicios que le permitieron alcanzar el octavo puesto de la clasificación júnior.
En sintonía, el semifinalista del ATP 500 de Hamburgo 2016 y del ATP 250 de Santiago 2020 profundizaría en relación a sus cuentas pendientes: "Creo que tenía el nivel para tener mayor continuidad. Incluso la expectativa de afuera era grande. La realidad es que nunca sentí que tuviera facilidad como para dominar en el circuito. Tengo cualidades que por ahí otros no, pero eso no te lleva a ganar el partido. Entonces era todo muy frustrante" .
"Yo siento una toxicidad impresionante con el tenis. Es una relación tóxica completamente. Me pasó en estos meses: extraño un poco la competencia y estás con ganas de nuevo. Pero después volvés al ruedo y decís: ‘Pará: por algo, era difícil’. Es así, es muy difícil de describirlo", concluyó Olivo, que ofrecerá al menos una última función, en el Challenger de Rosario.
