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El punto que podría haber cambiado Roland Garros 2013

Roland Garros 2013. La foto final la tenemos todos clara: Rafa Nadal levantando la copa de campeón tras vencer a David Ferrer en sets corridos. Su octavo trofeo de los Mosqueteros y el cuarto consecutivo, después del impasse de 2009. Pero una ronda antes, en la semifinal ante Novak Djokovic, hubo un punto que podría haber cambiado todo...

Rafa estaba al límite. Después de dejar correr una ventaja de 2-1 en sets, se encontraba break abajo en el quinto. El fantasma de hace unas semanas en Montecarlo parecía volver a escena. Nole quería repetir la hazaña de vencer al rey del polvo de ladrillo, ahora en su castillo. También lo había hecho en Roma y Madrid, pero le faltaba aquí, en París.

El N°1 estaba encaminado. Y decidido a ir en busca de su primer título en Roland Garros, el único Grand Slam que faltaba en sus vitrinas. Estaba claro que su final era ésta, ante Nadal. Pero la ansiedad le jugó una mala pasada. Ese punto. Ese curioso punto que detuvo corazones por milésimas de segundos. "Debería haber ganado ese punto en el 99.9% de los casos", marcaba Djokovic en conferencia unas horas después. "Tuve un poco de mala suerte", intentaba encontrar explicaciones, resignado.

4-3 y 40-40. Poco más de 4 horas de acción. Novak venía de sacar adelante un punto de quiebre. Un intercambio de 13 golpes. Djokovic termina desequilibrando a Nadal por el lado del revés y sube a la red. La defensa de Rafa va perdiendo fuerza, desinflándose... y el N°1 del mundo se lanza sobre la pelota. Obnubilado. Sólo quería pegarle a esa circunferencia amarilla que se acercaba lentamente hacia él. La golpea, pero también golpea otra cosa: la red.

Nole queda literalmente colgado de la red. Se levanta rápidamente, tal vez soñando que nadie haya visto semejante error. Un verdadero error no forzado. Mira al umpire ilusionado en encontrar una explicación que jamás iba a llegar. Se da cuenta del horror cometido en la central de Roland Garros. Mira a Nadal, tal vez buscando un perdón divino del Dios del polvo del ladrillo. No lo puede creer. Nadie lo puede creer.

Por fin reaccionó. Y se lanzó a hablarle a Pascal Maria, el juez de silla del encuentro. Como si fuese una explicación para un niño, el árbitro francés le marcó lo que todos sabían: que había tocado la red y, por consecuente, perdido el punto. Nole buscó una alternativa, diciendo que la pelota ya estaba fuera de la cancha cuando eso sucedió. No hubo caso. La decisión estaba tomada. Las reglas son claras.

Acto seguido hubo una nueva muestra del especialista en aprovechar oportunidades: Rafa quebró y se puso 4-4. Media hora después, el final de la historia tuvo a Nadal como ganador por 9-7 en el quinto set. "Fue un partido con muchas emociones", decía en conferencia tras la victoria. "Siempre estuve listo para dar pelea y tuve un poco de suerte en el 4-3. Este tipo de duelos hacen que el tenis sea un gran deporte", agregaba.

Poco después, la foto que conocemos todos: el rey del polvo de ladrillo levantando la copa por su octavo título en París. Tan sólo unos días después de un punto que podría haber cambiado la historia de ese Roland Garros 2013.