Jeanie Buss rompe el 'monopolio' masculino de la NBA con LA Lakers

La fría historia dice simplemente que en la noche del 11 de octubre del 2020, en la burbuja de Orlando, Los Angeles Lakers se coronaron campeones de la NBA tras definir la serie final ante Miami Heat por 4-2.

Esa misma historia dejará registrado a fuego que los Lakers lo hicieron bajo el mando de una mujer como dueña y presidente de la franquicia. La primera mujer dentro de la NBA en conseguir semejante logro.

En todo orden de la vida, alcanzar la cima no es una tarea para cualquiera. Pero mucho menos lo es transitar el camino hacia la misma. Acaso porque existen demasiados contratiempos, dificultades y piedras en el camino.

El título número 17 de la franquicia, significó volver a la gloria, regresar al tope de la competencia. Un lugar que no visitaba desde el 2010.

El camino que hubo que recorrer fue iniciado por un descenso vertiginoso al que no fue sencillo ponerle fin y una cuesta extremadamente difícil que subir.

Una cuesta que necesitó del coraje, decisión y hasta de cierto sentido de compasión por parte de Jeanie Buss.

Hoy se le reconoce los méritos de haberlo transitado y de terminar el recorrido regresando a su amado equipo al lugar al que históricamente pertenece.

Y el recuerdo sobre lo que Jeanie Buss debió soportar y resolver a lo largo de la década que duró la sequía, lo agiganta aún más.


Fue el 18 de febrero del 2013, cuando se conoció la noticia del fallecimiento de Jerry Buss, el mítico dueño de los Lakers, quien supo poner a la franquicia en los más alto de la NBA y convertirla en el equipo más amado de la ciudad. Ese día marcó el fin de una era plagada de éxitos, aunque los mismos habían terminado tres años antes.

Como referentes de la franquicia quedaban dos hijos suyos: Jeanie como la gobernadora, propietaria controladora y administradora, y a Jim como vicepresidente de operaciones de básquetbol. La relación entre ambos no era fluida, y los logros de uno y de otro en sus áreas respectivas, distaban mucho de parecerse. Más bien, representaban el día y la noche.

Fue Jeanie quien logró cerrar un acuerdo multimillonario con la cadena de televisión Time Warner por un plazo de 20 años y quien, a pesar de los malos resultados del equipo (léase falta de títulos) lograba que los fanáticos siguieran confiando en la franquicia renovando sus tickets de temporada año tras año a pesar de la falta de logros deportivos.

Por el lado de Jim, los fracasos se acumulaban. La convicción de que su trabajo se haría solo por el solo hecho de estar en Los Angeles y ser los Lakers. Tremendo error.

Sus celos hacia lo que lograba su hermana se tradujeron en malos manejos. ¿Quién no recuerda aquella famosa notificación a Phil Jackson (por entonces pareja de Jeanie) en plena medianoche de un sábado, que los Lakers habían contratado a Mike D'Antoni luego de haberse reunido con Phil Jackson días antes para ofrecerle el puesto de entrenador? Jackson pidió un par de días para consultar a su médico para dar una respuesta y le fue concedido. Sin embargo, la decisión fue otra.

Ante las presiones existentes por la falta de resultados, por haber fracasado en el intento de retener a Dwight Howard en la agencia libre del 2013 y por la negativa de agentes libres a firmar con los Lakers, entre ellos LeBron James (quien ni siquiera se reunió con ellos), Carmelo Anthony y La Marcus Aldridge por citar a los más importantes, el propio Jim llegó a decir, en una entrevista con ESPN, que imaginaba a su equipo en la cima de la NBA en tres años y que si ello no ocurría, daría un paso al costado.

Jeanie tomó nota de ello y al ver que el barco estaba sin rumbo y que se acercaba la finalización del plazo autoimpuesto por su hermano, decidió planear su golpe de timón. El paso inicial fue nombrar a Magic Johnson como asesor para cambiar la mala imagen que la franquicia tenía por entonces. En esos tres años, se dieron sucesivos cambios de entrenadores, se le otorgaron contratos a precio de estrella a ciertos agentes libres que definitivamente no lo eran (Luol Deng y Timofey Mozgov) y la ausencia casi permanente en playoffs, llevaron a Jeanie Buss a tomar el control por ella misma.

A pesar de tener que afrontar una batalla legal inevitable y luego de conversar con Kobe Bryant (recibiendo el consejo que si tenía pensado actuar lo hiciera de manera rápida y contundente), Jeanie suspendió su viaje al Juego de Estrellas en New Orleans para ejecutar su plan: su hermano Jim fue despedido de su cargo sin haber cumplido en tiempo y forma su promesa de ganar un título, mientras que Jim Kupchak dejó de ser el Gerente General. Magic Johnson se haría cargo del puesto de su hermano y Rob Pelinka (el agente de Kobe Bryant) asumiría como GM.

El golpe de timón estaba dado, el rumbo empezaba a corregirse y el reconocimiento hacia su tarea empezaba a llegar. Recientemente, el propio Rob Pelinka recordaba aquellos días y le confiaba a Tania Ganguli del LA Times que "su liderazgo fue una combinación realmente rara de coraje y compasión. Creo que nuestra cultura de los Lakers se centra en asegurarnos de que los jugadores tengan todo lo que necesitan para triunfar. Jeanie estableció eso".


Los problemas, lejos de terminarse, siguieron existiendo en la franquicia. Quizás todo empezaba y terminaba en Magic Johnson, un hombre carismático, verborrágico e impulsivo. La llegada de LeBron James supuso ser uno de los grandes aciertos de la franquicia y Magic recibió su crédito por convencerlo de firmar contrato a largo plazo, pero lo perdió con el plantel que armó a su alrededor.

La temporada trajo momentos de ilusión, como la paliza a Golden State en Navidad, pero en ese mismo partido, LeBron se lesionó y todo empezó a venirse abajo. El equipo carecía de identidad y juego que le permitiera salir del pozo.

Otro momento doloroso fue al cierre de la fecha límite de cambios cuando no pudieron cerrar un cambio por Anthony Davis. Durante el proceso de negociación se fueron conociendo los detalles de la misma, también algunas declaraciones desafortunadas de Magic y todo quedó en la nada.

No fue la única filtración que existió. La prensa también fue capaz de enterarse de la tensa relación entre Magic y Pelinka y todo explotó cuando Magic decidió dar un paso al costado y renunciar en antes del último partido de la temporada que el equipo disputaba en el Staples Center.

Magic contó que estaba frustrado y hasta se animó a decir que también fue traicionado, aunque si decir nombres. Los nombres llegaron después.

Durante la temporada baja, y en el mismo día en que Rob Pelinka presentaba a Frank Vogel como entrenador de la franquicia, Magic lo acusaba de clavarle puñales por la espalda en ESPN.

Fue en ese momento en donde apareció nuevamente Jeanie Buss tomando decisiones drásticas. La primera de ellas, fue reconocer que la situación necesitaba corregirse. "Había demasiadas voces en el cuarto, muchas filtraciones y no todos estábamos en la misma página", reconoció recientemente en una entrevista con The Athletic.

¿Cuál fue la medida a adoptar? Simplemente rodearse de la gente que le inspiraba confianza, establecer roles y trabajar.

Como líder de la franquicia, Jeanie decidió que no habría reemplazante para el puesto dejado vacante por Magic, que Rob Pelinka continuaría en sus funciones a cargo de las contrataciones de jugadores con el asesoramiento de Kurt Rambis. Además, siguió trabajando con Linda Rambis, esposa de Kurt, como asesora personal mientras que sus hermanos menores Jesse y Joey, estarían trabajando bajo el ala de Pelinka.

Soplaron vientos de cambio. Anthony Davis llegó finalmente a la franquicia tras negociar con la nueva gerencia de Pelicans, se formó un muy buen cuerpo técnico para acompañar a Vogel con Jason Kidd, Lionel Hollins y Phil Handy, se perdió con los Clippers la pelea por firmar a Kawhi Leonard en la agencia libre. Pero, así y todo, se armó un equipo que permitía ilusionarse con volver a playoffs y convertirse en contendiente.

El resto fue historia. ¿Cuál fue el mérito de Jeanie Buss en todo este proceso? Mantener la calma, apoyarse en las personas que eligió para cada función, brindarle al equipo todas las condiciones necesarias para alcanzar el éxito y mostrarse como la persona capaz para liderar el barco estableciendo el rumbo del mismo. Casi nada.


La noche del 11 de octubre del 2020 no será una más en la vida de Jeanie Buss. Fue la noche en la que el trabajo fue recompensado con el premio soñado. Una noche que sirvió para festejar y quitarse las frustraciones acumuladas en una década que pareció ser eterna.

Resultó ser, además, la noche en la que comenzó a recibir el reconocimiento de propios y extraños y que el mundo de la NBA empezara a ver en ella signos característicos de su padre Jerry.

El propio LeBron James la definió como una mujer ponderosa y una dueña increíble. Acaso como para aquellos que tenían dudas de su capacidad para liderar a una franquicia histórica, comiencen a perderlas.

Es cierto. Su padre Jerry dejó la vara muy alta. No es fácil tener que reemplazar a alguien que fue modelo de conducción en una franquicia emparentada con el éxito. Mucho menos tener que frenar la caída y empezar a reconstruir, ladrillo a ladrillo, un imperio que amenazaba en convertirse en ruinas y nada más.

Pero, así como no le fue fácil sentarse en el trono que dejó su padre, si resultó más sencillo para ella manejarse en el poder. Lo hizo con el mismo estilo y de la misma manera que su padre realizaba las cosas: delegando en las personas que confiaba y que saben. Otorgándoles libertades, pero también marcándoles el rumbo, convenciéndolos de los objetivos que había que perseguir.

Con su inteligencia, trabajo y dedicación, le mostró a toda la NBA que los Lakers siguen construyendo el legado de grandeza que su padre creó cuando adquirió la franquicia en 1979. Y que su tarea es seguir acrecentándolo.

Hoy, Jeanie Buss está sentada en la cima de la NBA, siendo la primera mujer en la historia de la liga que lo logra.

El camino recorrido desde que tomó el control absoluto de la franquicia estuvo plagado de dificultades, de problemas a resolver y de resolverlos más temprano que tarde.

Jeanie Buss lo hizo en base a un trabajo inclaudicable y convicciones. Siguiendo el ejemplo de su padre. Persiguiendo y alcanzando los mismos sueños.

Lo hizo con estilo. Y también, como los verdaderos líderes, a su manera.