Joan Laporta y Florentino Pérez: Los estimados enemigos del Barcelona y Madrid

'Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos' escribió William Shakespeare sin sospechar, obvio, que 400 años después aquella frase pudiera tener actualidad en un Clásico. Joan Laporta y Florentino Pérez se sentarán juntos en el palco del Camp Nou este domingo por primera vez desde el 29 de noviembre de 2009, en un duelo decidido por Zlatan Ibrahimovic cinco meses después de proclamarse Pérez presidente del Real Madrid en su segunda etapa y siete antes de que acabase la primera de Laporta en el club azulgrana.

Mucho han cambiado las cosas en estos doce años. Ni Barça ni Real Madrid son hoy los clubs poderosos y hasta intocables de entonces. Chelsea y Manchester City, Liverpool y Bayern, PSG... Entre juego y dólares el fútbol se revolucionó para que la pandemia del coronavirus acabase por ser una estocada casi mortal. En el Bernabéu la cautela económica con que Florentino dirigió la entidad en los últimos años se sobrevivió... En el Camp Nou el despilfarro de la junta dirigida por Bartomeu dejó al club azulgrana al borde del abismo. Y en esa situación sus nuevos dirigentes transitan en la actualidad.

El presente dibuja un Barcelona a medio camino entre la depresión y la esperanza en el terreno de juego y también a medio camino entre la confianza y el terror en el plano institucional. La salida intempestiva de Leo Messi cayó como una bomba en el entorno del club y Laporta debe pelear contra cierta crítica feroz que desde el primer día de mandato le ha fiscalizado como no hizo con sus antecesores.

Tiene, además, que lidiar con una realidad futbolística alejada de su credo y mantiene en el cargo a Ronald Koeman más por necesidad que por convicción. El Barça se agarra a la figura mediática de un mandatario que comenzó a ganar las elecciones de marzo dos meses antes, cuando desplegó una pancarta gigante junto al Bernabéu, y que al cabo de siete meses se enfrenta a toda clase de incendios. Por si fuera poco, uno de ellos es el provocado por su alianza con el Real Madrid en el proyecto de la Superliga que lidera, sí, Florentino Pérez.

En Madrid, alrededor del Bernabéu, apenas nadie levanta la voz en contra del presidente del Real, cuya figura se antoja intocable desde los medios de comunicación. Además, la oposición que siempre alumbra en el barcelonismo es inexistente entre el madridismo y si la marcha de Messi aún provoca, y lo que queda, discusión en Barcelona, de la salida de una leyenda como Sergio Ramos y un imprescindible como Varane nadie habla en Madrid... A pesar de que deportivamente la realidad merengue no sea precisamente la más feliz.

Así llegan al Clásico del reencuentro en el Camp Nou dos viejos conocidos, enemigos íntimos, con el recuerdo de una primera etapa que suspira el barcelonismo por reeditar y de la que el madridismo no quiere ni oír hablar. El presente es muy distinto... Pero no oculta aquel pasado.

La rebelión

Joan Laporta ganó las elecciones a la presidencia del Barcelona un 15 de junio de 2003 y mientras disfrutaba en el Camp Nou de su rotunda victoria... El Real Madrid asaltaba el liderato de la Liga a una jornada de su conclusión aplastando al Atlético (0-4) en el Vicente Calderón y aprovechándose de la derrota, polémica, de la Real Sociedad en Vigo por 3-2. Celebró su éxito bestial el nuevo presidente una semana antes de que Florentino Pérez brindase por el sexto título de sus primeras tres temporadas en la presidencia merengue. Ni imaginarse podía, nadie, el revolcón que se avecinaba.

Florentino Pérez dimitió como presidente del Real Madrid el 27 de febrero de 2006, un día después de que su equipo galáctico perdiera en Mallorca, a los cuatro días de ser sonrojado en el Bernabéu por el Arsenal y al cabo de dos semanas de ser ridiculizado en la Copa (6-1) por el Zaragoza. Florentino no dimitió por esos tres resultados... Lo hizo contemplando como su proyecto indestructible hacía aguas desde dos años y medio antes, cuando Laporta renació al Barça de sus cenizas y acabó hundiéndole en la miseria.

Con Laporta en la presidencia del Barça Florentino solo ganó un trofeo más, la Supercopa de España en agosto de 2004, y su escapada le evitó tener que sufrir desde el palco el triplete de títulos de aquella temporada 2005-06, aunque no ver en primera persona, tres meses antes de su abdicación, la exhibición de Ronaldinho en el Bernabéu, aplaudido por sus propios súbditos y entendiendo la caducidad absoluta de su reinado.

Laporta se convirtió en una pesadilla para Florentino y en un dolor de cabeza para el madridismo en general por cuanto hasta su marcha en 2010 el Barcelona sumó doce trofeos (dos Champions entre ellos) y se convirtió en referencia mundial contra los cuatro títulos celebrados por un Real Madrid que en el verano de 2009 volvió a confiar en Florentino.

Cambio

Ganador de las elecciones sin oposición y por aclamación, su camino volvió a cruzarse con Laporta durante una sola temporada, hasta el verano de 2010, cuando Sandro Rosell ganó las elecciones en el Camp Nou y aunque se mantuvo el reinado futbolístico en azulgrana algo comenzó a cambiar.

Se despidió Joan Laporta del Barça con otro título de Liga y dejando un legado que poco a poco fue atropellado por la pujanza del Madrid, la rebelión del Atlético y la propia inoperancia de la directiva de Bartomeu, que a su sonrisa flácida ante la opinión pública acompañaba una gestión nefasta y que comenzó a hundirse al día siguiente de ganar las elecciones de 2015 con su famoso eslogan (Tridente y triplete) pensando que todo era eterno alrededor de Messi, Suárez y Neymar.

La eternidad de la gloria desembocó en una paulatina pérdida de poder, de identidad y de criterio futbolístico al que respondió Florentino Pérez con agilidad mientras Laporta, perdedor en las elecciones de 2015, ya avisaba tanto de sus planes futuros ('No surrender') como del desastre al que se enfrentaba el Barcelona.

Entre 2015 y 2020 el Barça de Bartomeu ganó diez títulos y doce celebró el Madrid de Florentino, tres Champions League consecutivas, que motivaron desesperanza en un barcelonismo que asistía a los atropellos de Roma, Turín o Liverpool y empezaba a demandar un cambio drástico que explotó en agosto de 2020, cuando el Bayern humilló al equipo azulgrana en Lisboa, Messi pidió su salida y Bartomeu, rodeado por los escándalos, se vio obligado a dimitir en octubre.

Regreso

Y Joan Laporta, que nunca se marchó del todo, regresó al escenario con audacia. Sin solemnidad pero con grandeza. El 'Ganas de volver a veros' con que estrenó su campaña electoral fue un golpe mediático de tal magnitud que el proyecto ganador de Víctor Font se diluyó como un azucarillo, se cayó como un castillo de naipes y le catapultó casi sin oposición al triunfo en las elecciones de marzo.

El aficionado azulgrana tenía ganas de recuperar ese orgullo perdido y nadie mejor que la imagen entre desenfadada y osada de Laporta para devolverle la fe y la ilusión. Así, de entrada, surgiendo de las cenizas, conquistó la Copa del Rey y llegó a pelear por una Liga que en diciembre estaba olvidada. La rozó con los dedos el Barça... Y no la ganó el Real Madrid en una señal, se dijo desde Barcelona, de que Laporta personalizaba, personaliza, el gran azote, la pesadilla del madridismo y de Florentino Pérez.

La actualidad, el presente, se dibuja, sin embargo, con más dosis de realismo que de ingenuidad. El viejo-nuevo presidente del Barça se enfrenta a una tarea monumental, mayor que en 2003, por recuperar a un club al borde de la quiebra financiera y atrapado en la crisis futbolística. El intocable mandamás del Real Madrid asiste entre impávido y nervioso al devenir de una temporada que puede dar la vuelta a la historia... O repetirla.

Si Leo Messi y Cristiano Ronaldo fueron los grandes protagonistas del Clásico durante cerca de una década el futuro que ya es presente y que comenzará este domingo presenta no solo la presentación como estrellas de Ansu Fati y Vinicius Junior o el primer cara a cara en este duelo eterno entre Ronald Koeman y Carlo Ancelotti. También presenta un reencuentro morboso en el palco del Camp Nou entre dos presidentes de personalidad arrolladora.

Habrá sonrisas en el palco... y cuchillos en el ambiente.