El fútbol alemán de clubes es muy parejo, con una pequeña salvedad: sólo hay que omitir a Bayern Munich. Si no se tuviera en cuenta al Gigante de Baviera, que desde la creación de la Bundesliga se llevó 34 de las 62 ligas disputadas, incluidas 12 de las últimas 13, estaría todo bastante igualado en la cima con las 5 consagraciones -sí: 29 menos- que consiguieron los muy dignos Borussia Dortmund y Monchengladbach.
Picardías aparte, el club emblema de Alemania juega en esta temporada y en las anteriores su propia liga. Y con sus propios objetivos. Da por descontado el dominio local aunque en el fútbol nada está garantizado, y va en busca de su séptimo título de campeón europeo, en la que sería la primera coronación desde que en plena pandemia del Covid-19 venció a PSG en la final de la accidentada Champions 2020. Para todo eso cuenta con un entrenador que “combina perfectamente con el ADN del Bayern”.
La curiosa apelación a la genética surgió de la web oficial del club bávaro en un artículo publicado en agosto de este año. luego de que a Vincent Kompany se lo reconociera como Entrenador del año en Alemania. Previsiblemente, la nota era una puntillosa descripción de las virtudes del DT, de quien remarcaba que “primero escucha y después lidera” por tener “una mentalidad clara y una gran empatía”, afirmaba que desde la táctica tenía “respuestas para cada plan de juego” y le atribuía “estabilidad y equilibrio”. Más en concreto, recordaba también su “discurso contra el racismo (...), que dejó huella mucho más allá del club y marcó un debate que afecta al fútbol y a la sociedad”. Y al final daba un paso más allá, en lo que se asemejaba a una declaración de amor: “Vincent Kompany es sobre todo un entrenador que encaja con nosotros. Y alguien con quien el FC Bayern todavía tiene mucho por delante”.
El belga logró algo que va mucho más allá de los resultados, que incluyeron en sus dos años a cargo llevarse las dos ligas disputadas, con apenas tres partidos perdidos entre ambos campeonatos. Kompany generó desde su llegada un vínculo con el club que no tuvieron sus antecesores inmediatos y que tal vez tenga parte de la explicación en sus tiempos de defensor sólido y de lujosa técnica, aunque nunca se haya calzado la camiseta roja de Bayern Munich.
La conexión entre Kompany y Bayern Munich
Después de un paso por la liga alemana en Hamburgo de 2006 a 2009, Kompany vivió su plenitud como futbolista en Manchester City, donde se quedó nada menos que 11 años antes de retirarse en 2020 en Anderlecht, donde había surgido. Más allá de los 12 títulos (entre ellos cuatro Premier) conseguidos en esa etapa de ensueño, coincidió en sus tres últimas temporadas con Pep Guardiola.
"Cuando lo conocí, todo cambió. Él fue el que me dio la confianza de que podía ser entrenador", contó el belga en 2023, cuando todavía era el DT de Burnley. Aunque tiempo después matizó: “Es el técnico más especial de su generación, pero sería un gran error no hacer mi propio camino".
Nacido para mirar lo que pocos pueden ver, Guardiola percibió enseguida no sólo las condiciones de liderazgo de su defensor estrella sino además su entendimiento del juego. Esto último resultó fundamental para la llegada de Kompany a Bayern, como reveló en abril de este año Maxi Eberl, director deportivo del club. Cuando en 2024 fue a buscar un sucesor para Thomas Tuchel, Eberl sugirió el nombre del belga, basado en lo que consideraba su buen trabajo en Burnley. El problema era que ese equipo acababa de descender de la Premier al Championship bajo su conducción DT.
“Ya habíamos hablado con otros técnicos -evocó- y Kompany ya estaba en nuestra lista, pero no me atreví a proponerlo de entrada. Al principio, hubo dudas y sorpresa cuando lancé su nombre. Y cuando dudamos, le dije a Kalle (Karl-Heinz Rummenigge, por entonces presidente de Bayern): ‘Estás muy unido a Pep, ¿no? Llamalo y preguntale por Kompany’. Ese fue el punto de inflexión”.
El legado de Guardiola en Bayern Munich
Guardiola tiene quien lo ame y quien lo deteste, como pasa inevitablemente con toda persona que marca una época. Lo que no negarán en ninguno de esos dos grupos tan disímiles es que dota a sus equipos de una identidad. Habrá quienes crean que es muy buena o muy mala, pero todos saben que tiene una manera concreta de jugar. Cuando llegó a suceder al veterano Jupp Heynckes en 2013, Bayern apoyaba buena parte de su poderío en la fortaleza física y tenía una forma de atacar muy vertical, pero la idea de la dirigencia era que Pep trasladara al equipo las posibilidades creativas que había tenido su mágico Barcelona. Y el objetivo de transformar la mecánica se cumplió, más allá de que quedó como asignatura pendiente lograr esa Champions que se le negó en su ciclo de tres años.
Desde la partida de Pep en 2016, por Bayern pasaron técnicos de renombre que en casi todos los casos cumplieron con el deber de ganar la Bundesliga. Incluso en 2020, de la mano de Hansi Flick (hoy en Barcelona), se alcanzó la cima en Europa y en el Mundial de Clubes. Pero lo que los dirigentes anhelaban en 2024 cuando se extinguía el ciclo de Tuchel, que luego marcharía a dirigir a Inglaterra, no eran resultados sino la recuperación de aquel legado perdido: el de un equipo que sabía a qué jugaba y tenía su propio sello, aunque pudiera cambiar su esquema.
Kompany terminó calzando a la perfección en sus objetivos. Recuperó la moral perdida en un extraño 2024 sin títulos y, dos Bundesligas después y con la esperanza de ir más allá en la Champions tras la caída en semifinales de 2026, en Bayern hoy muestran verdadero orgullo por lo que genera el equipo dentro del campo de juego. Algo que no tiene sólo que ver con las estrellas del equipo, que van desde el capitán Manuel Neuer en el arco, Joshua Kimmich en la fase defensiva hasta Harry Kane, Luis Díaz y Leroy Sané en la delantera, por nombrar apenas cinco ejemplos.
De ese gran nivel del Gigante de Baviera no sólo dan cuenta puertas adentro. En el fútbol europeo saben que, entre o no la pelotita en el arco, es uno de los equipos que mejor juega en el mundo. Se hizo evidente cuando este año Manchester City fue a buscar un sucesor para Guardiola y, en un nuevo cruce de caminos, posó sus ojos en Kompany con intenciones aviesas. "Que lo intenten si quieren. Tiene contrato hasta 2029", los disuadió Eberl, el que hoy cuenta satisfecho que tuvo la idea de traerlo cuando muy pocos hubieran apostado por él.
