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José Sanfilippo, el implacable goleador que hizo historia en San Lorenzo

José Sanfilippo marcó una época en el fútbol argentino. Identificado con San Lorenzo, club del que es el máximo goleador histórico, también vistió la camiseta de Boca y fue campeón con la Selección Argentina.

En el Ciclón, el club de su vida, el Nene anotó 207 goles en 258 partidos, consagrándose campeón nacional en 1959 y repitiendo, antes de retirarse, en el Metropolitano y el Nacional de 1972.

Con la camiseta azulgrana debutó en 1953, aunque se afianzó en Primera División a partir de 1955. Sin embargo, su camino había empezado antes, realizando las divisiones inferiores y empezando una historia de amor que sigue viva hasta el día de hoy.

No solo fue goleador del campeonato en en cuatro ocasiones (1958, 1959, 1960 y 1961), sino que el nacido el 4 de mayo de 1935 también es el artillero top del clásico ante Huracán, con 16 tantos.

Pero el 9 de marzo de 1963, a sus 28 años, Sanfilippo sorprendió al fichar con el Xeneize, a cambio de 25 millones de pesos.

Un número muy importante para esa época. Alberto J. Armando lo quería en el club desde hacía tiempo e hizo un esfuerzo grande para contratarlo. El Nene, jugador de Selección, también era conocido por su fuerte carácter. Hombre temperamental, sin pelos en la lengua, como lo demostró muchos años más tarde ya retirado como futbolista y en condición de panelista.

Es recordada la pelea que tuvo con el arquero Sergio Goycochea tras la dura derrota de la Selección Argentina ante Colombia por 5 a 0, en la previa al Mundial de 1994. Allí, le dijo al ex arquero de River Plate: “Pibe, usted se comió todos los amagues. Le hicieron cuatro goles en el mismo palo y en la mayoría de las jugadas se tiró con los pies hacia adelante”. El arquero no supo qué responderle.

Hasta Carlos Salvador Bilardo, ya ex DT de la Selección, se acercó al canal para decirle a Goyco que debía irse del programa ante las fuertes palabras de Sanfilippo.

Muchos años después, en 2017, se animó a ser candidato a diputado con un slogan polémico, fiel a su estilo: “Al que roba, garrote, garrote, garrote…”.

Con la Selección sumó 18 goles en 29 partidos y jugó el Mundial de 1958, donde la Argentina fue eliminada muy pronto. Se dio el gusto, sí, de ganar la Copa América de 1957. También obtuvo la medalla de oro en los Juegos Panamericanos de 1955.

Lo cierto es que en el Xeneize jugó apenas 28 partidos y marcó 14 goles. Un buen promedio de gol. Ese año, 1963, llegó a la final de la Copa Libertadores, cayendo ante el Santos de Pelé.

En la ida que se jugó en Brasil, Boca perdió 3 a 2 y el Nene hizo los dos goles. En la vuelta, los brasileños ganaron 2 a 1: el gol de Boca lo marcó Sanfilippo. Tres goles en una final de Copa y ante el Santos de Pelé, le dan chapa de gran jugador.

Sin dudas tenía personalidad y jerarquía para adaptarse rápido al mundo Boca. Nunca le pesó la camiseta. Sin embargo, con todo lo que podía dar, su carrera en el club de la Ribera terminó demasiado rápido y por un acto de indisciplina: le pegó una trompada a su entrenador.

En un amistoso que Boca jugó en 1964 por la Copa Jorge Newbery, antes del comienzo del torneo, el Nene se enojó con el DT Aristóbulo Deambrosi porque lo hizo calentar, estando como suplente, pero luego decidió no ponerlo en el partido.

“Le dije si le parecía bien dejarme sentado en el banco y no ponerme, y con soberbia me contestó que sí. Enseguida le metí una trompada y lo noqueé”, recordó años más tarde. En estos tiempos, un hecho de estas características y en un partido de Boca con público hubiera sido la tapa de todos los diarios y el tema de debate de todos los medios. En esos tiempos, la repercusión también fue grande.

Sanfilippo les pidió perdón al técnico y a sus compañeros, pero ni el mismísimo Armando pudo salvarlo: Boca le rescindió el contrato. “Me habían dicho que era temperamental, pero pensé que acá iba a comportarse, y que podríamos manejarlo. Me equivoqué”, respondió Armando tras el incidente.

Luego de su pasó por Boca jugó en Nacional de Montevideo, Bangu y Bahía, de Brasil, Banfield, y regresó a San Lorenzo ya en el ocaso de su carrera, donde salió campeón y anotó 8 goles en ocho partidos.

“Hice muchos goles también porque tuve grandes asistidores. No hay muchos jugadores que hagan cambios de frente y te la pongan en el pecho para dejarte perfilado ante el arquero. Yo les decía a mis compañeros que me la dieran a mí porque hacía el gol“. Por lo que marcan sus registros en el arco rival, tenía razón.