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Boca cambió la cara: volvió a ganar de visitante y encontró respuestas en Aranda

Boca necesitaba una reacción. No solo por la racha sin triunfos como visitante, la última había sido el año pasado ante Estudiantes de La Plata, sino también por un funcionamiento que no terminaba de aparecer. El equipo venía mostrando irregularidad tanto en el juego como en los resultados, algo que quedó reflejado en el creciente agotamiento de sus hinchas en el último partido disputado en La Bombonera.

En este 2026 regresó a La Plata y cayó 2-1 nuevamente ante el Pincha. Luego sufrió otra derrota por el mismo marcador frente a Vélez, en un partido en el que dejó una imagen pálida y que incluso pudo terminar en goleada. A esa irregularidad se le sumaron tres empates consecutivos frente a Platense, Racing Club y Gimnasia y Esgrima de Mendoza, una racha que terminó por agotar la paciencia de los hinchas, molestos por la falta de juego y de respuestas del equipo.

Los silbidos y la disconformidad marcaron el clima previo al cruce con Lanús. Por eso, la victoria en La Fortaleza no solo significó cortar una racha negativa fuera de casa, sino también empezar a recuperar sensaciones futbolísticas que el equipo había perdido en el arranque del año.

En ese contexto, además, en el último encuentro frente al conjunto cuyano había empezado a aparecer una pieza que terminaría siendo determinante en el partido ante Lanús: el juvenil Tomás Aranda.

Más presión, actitud y un Boca más compacto

El clic que Boca necesitaba finalmente apareció en la visita a Lanús. Después de varios partidos en los que cada salida de La Bombonera había mostrado una versión frágil del equipo, el Xeneize cambió la imagen. En las derrotas frente al Pincha y el Fortín, el equipo había quedado golpeado tras recibir el primer gol y estuvo cerca de sufrir derrotas más amplias. Esa inseguridad incluso se trasladó luego a los empates como local de manera consecutiva.

Sin embargo, ante Lanús apareció una versión distinta de Boca. El equipo mostró un cambio evidente desde la actitud y desde lo colectivo. Fue más compacto, con las líneas más juntas y con mayor concentración para sostener el plan de juego. Desde el inicio salió a presionar más arriba, a disputarle la pelota al rival y a impedir que el conjunto granate pudiera manejar con comodidad la mitad de la cancha.

Si bien en los primeros minutos el local intentó imponer su ritmo, el Xeneize fue recuperando terreno y terminó por quitarle el control del juego. Delgado y Paredes se afirmaron en el mediocampo, el equipo respondió con intensidad cuando tuvo que recuperar y, cuando logró tener la pelota, intentó jugar con pases entre líneas para romper el bloque rival.

En ese contexto, el equipo de Ubeda mostró algo que le había faltado en los últimos encuentros: eficacia. Cada vez que aceleraba y lograba encadenar pases, daba la sensación de que podía llegar al gol. El primero llegó con un potente remate desde afuera del área de Ascacíbar, que además tuvo un partido muy completo en la recuperación y en la marca.

El segundo tanto nació a partir de una jugada por la izquierda. Boca movió la pelota con paciencia, Aranda participó en la construcción y la acción terminó con un centro que Merentiel empujó para ampliar la ventaja. Incluso hubo otra jugada similar con un envío desde ese sector que no terminó en gol por muy poco.

La historia se terminó de cerrar con una asistencia magistral de Paredes para Merentiel, que definió con categoría. Para ese momento, Boca ya dominaba el partido y había transformado su mejoría en el resultado

Aranda, la aparición que le dio otra dinámica al equipo

Dentro de esa mejora colectiva también se destacó la aparición de Tomás Aranda. El juvenil tuvo su primera titularidad en Primera y respondió con una actuación que cambió el ritmo del mediocampo xeneize.

Con apenas 18 años, el volante ya había mostrado destellos en los minutos que había sumado en partidos anteriores frente a Vélez, Platense, Racing y Gimnasia de Mendoza. Sus ingresos habían dejado señales de frescura en un equipo que necesitaba movilidad y alguien que pudiera recibir entre líneas.

Ante Lanús dio un paso más. Se mostró suelto, siempre dispuesto a ofrecerse como opción de pase y a conectar el juego entre el mediocampo y el ataque. En el inicio se movió más por el centro, asociándose con Delgado y Paredes, y con el correr de los minutos comenzó a recostarse sobre la izquierda, desde donde generó varias de las acciones más peligrosas.

Su actuación combinó personalidad, atrevimiento y lectura del partido. Supo acelerar cuando el equipo encontraba espacios, asistió a sus compañeros y también ayudó a ordenar la circulación de la pelota. Con dinámica, desborde y participación constante, terminó siendo una pieza importante dentro de un Boca que necesitaba recuperar confianza.

En una noche en la que el equipo volvió a mostrar intensidad, presión alta y eficacia, la actuación del juvenil también dejó una señal alentadora hacia el futuro. Boca no solo cortó su racha sin triunfos como visitante, sino que además encontró en Aranda una variante que puede aportar juego y energía a un mediocampo que venía buscando respuestas.

Ahora el equipo de Ubeda deberá sostener lo mostrado para que no quede solo en una buena actuación y así empezar a darle forma a un Boca que necesita resultados, con la Copa Libertadores en el horizonte.