Los hinchas de River, en un vaivén de emociones durante el empate ante Vélez

River tenía todo encaminado para ganarle con comodidad a Vélez, por la sexta fecha del Torneo Clausura 2026, pero una baja en la intensidad dejó al equipo del Chacho Coudet prácticamente con las manos vacías, en un partido decisivo de cara a la tabla anual. Los hinchas jugaron su partido aparte desde la previa y fueron y vinieron de manera emocional, al ritmo de la irregularidad de su presente.

El Estadio Monumental fue el fiel reflejo de un domingo cargado de tensión, impaciencia y un clima enrarecido que mutó con el correr de los noventa minutos. Desde la previa, las tribunas alternaron entre el afecto y el descontento: mientras bajaron cálidas ovaciones para Manuel Lanzini y respetuosos aplausos para Emanuel Mammana y Rodrigo Aliendro, la atmósfera se enrareció rápidamente. Los cánticos contra Chiqui Tapia durante el calentamiento y la caliente recepción a la terna arbitral encabezada por Darío Herrera anticiparon un malestar con el arbitraje que parece no ser novedad.

La primera mitad pareció encarrilar la tarde y regalar una tregua en las tribunas. Con un rendimiento sólido y una ventaja parcial de 2-0, la hinchada de River despidió a sus futbolistas con aplausos cerrados al descanso, celebrando un trámite que parecía controlado y una versión futbolística que devolvía la ilusión. Parecía que en el complemento llegaría una goleada que sirva de alivio para el momento de tensión que atraviesa el Millonario. Sin embargo, la calma duraría poco. En el segundo tiempo, el desarrollo del juego y las decisiones desde el banco dinamitaron la paciencia de la gente.

El punto de quiebre y máxima tensión de la jornada llegó con la modificación de Ángel Correa por Rafael Santos Borré. La demora del autor del 1-0 en abandonar el campo activó la normativa reglamentaria que obligó al colombiano a esperar más de un minuto en la línea de banda antes de ingresar, lo que provocó una verdadera explosión de silbidos y bronca acumulada en las cuatro bandejas de Núñez. Darío Herrera, primero, y Chiqui Tapia, a continuación, fueron los focos del malestar de los hinchas, que tomaron la decisión arbitral como un perjuicio apuntado directamente hacia River.

A partir de allí, el ambiente se volvió hostil e impredecible. Incluso el propio Lanzini, tras convertir el empate 2-2 para la visita y pedir disculpas a la hinchada con las manos en alto, fue despedido con una mezcla de murmullos y silbidos. Cada pase hacia atrás del equipo para reiniciar la jugada alimentaba a la impaciencia, evidenciando el profundo malestar con la postura que adoptó el conjunto local en el complemento.

El pitazo final de Herrera desató una silbatina desde algunos sectores del Monumental para despedir al plantel. Un opaco segundo tiempo hizo que la ventaja de dos goles se escurra entre los dedos. El 2-2 definitivo ante Vélez dejó un sabor amargo en Núñez, cerrando una jornada donde la hinchada millonaria pasó del aplauso al enojo en una montaña rusa emocional que refleja el convulsionado presente del equipo.

Lo que viene para River

El próximo miércoles, River será local ante Independiente Santa Fe por la vuelta de los octavos de final de la CONMEBOL Sudamericana. El domingo siguiente visitará a Banfield por la séptima fecha del Torneo Apertura. Luego: Independiente Rivadavia (Monumental), Atlético Tucumán (visitante) y Huracán (local).