Los desafíos que deberán afrontar Ponzio y el próximo entrenador de River

Tras la salida de Eduardo Coudet, Leonardo Ponzio asumió de manera interina y tendrá por delante el desafío de encaminar a un River golpeado.

Más allá de los compromisos y de la clasificación a las copas internacionales, el principal desafío será recuperar la identidad de un equipo que viene de atravesar dos ciclos sin encontrar una respuesta futbolística y anímica.

River necesita algo más que resultados. Necesita volver a sentirse equipo. Ese será el principal desafío que tendrá por delante Ponzio, al menos durante su interinato, y también quien sea elegido para conducir al Millonario de manera definitiva. Porque más allá de los partidos que aparecen en el horizonte y de la necesidad de sumar, en Núñez hay una cuestión mucho más profunda por resolver.

Es una necesidad que el club ya tenía cuando se produjo la salida de Marcelo Gallardo después de su segundo ciclo y que Eduardo Coudet no consiguió solucionar. En aquel momento, el diagnóstico apuntaba a que River no necesitaba solamente un cambio de esquema o de nombres. Necesitaba un cambio de mentalidad.

Más allá de la frialdad de los números, lo que se observaba dentro de la cancha era todavía más preocupante: jugadores perdidos, desconectados y con poco compromiso en momentos determinantes. Eran señales de un fin de ciclo que se había consumido desde adentro hacia afuera. La energía ya no era la misma y tampoco la capacidad de reacción. Y cuando eso sucede, el problema deja de ser exclusivamente táctico.

Coudet tampoco pudo encontrar la respuesta

Con el Chacho hubo una primera diferencia: River consiguió resultados. El equipo empezó a sumar, encontró en las victorias una manera de sostener el ciclo y llegó a la final del Apertura con Belgrano, en lo que fue el primer golpe negativo.

Pero detrás de esos resultados había una cuestión que nunca terminó de resolverse: River no encontraba una forma de juego clara. El equipo podía ganar, pero no terminaba de construir una identidad que le permitiera sostener esos triunfos desde el funcionamiento. Esa falta de respuestas fue acumulando tensión hasta convertirse en una bomba de tiempo.

La derrota ante el Pirata en la final fue el punto de quiebre. Para el nuevo semestre el club decidió apartar a 15 jugadores y se produjo la imagen del famoso "container de Cantilo", una situación que expuso el profundo proceso de reestructuración que atravesaba el plantel. A eso se sumó la salida de Juan Fernando Quintero, quien terminó rescindiendo su contrato.

Después, la sucesión de episodios continuó. River quedó eliminado de la Copa Argentina tras una pobre actuación ante Aldosivi en Salta. Llegaron las derrotas en el comienzo del Clausura, apareció el triunfo ante Argentinos para conseguir algo de oxígeno y luego llegó la serie ante Independiente Santa Fe, que terminó siendo determinante.

No alcanzaron los millones ni los refuerzos de Selección. River incorporó jugadores de jerarquía como Nicolás Otamendi, Ángel Correa y Thiago Almada, pero tampoco consiguió transformar ese potencial individual en un funcionamiento colectivo.

Por eso, el principal pecado de Coudet en River no fue una derrota, una eliminación ni una decisión táctica puntual. Fue no haber logrado convertir un plantel repleto de recursos en un equipo reconocible.

El desafío que tendrá Ponzio al mando de River

Ahora, con Ponzio al frente, sea por un período corto o por un tiempo mayor, algo que determinarán el tiempo y los resultados, el club de la banda vuelve a encontrarse frente al mismo problema de fondo.

Los jugadores están. El talento también. Lo que falta recuperar es otra cosa: la confianza, la fortaleza mental y la capacidad de reaccionar frente a la adversidad.

Hay un dato que expone con crudeza ese problema: River lleva 28 partidos sin conseguir dar vuelta un resultado después de recibir un gol. La última vez que logró hacerlo quedó cada vez más lejos y el dato ya dejó de ser una simple estadística para transformarse en un síntoma.

El equipo parece no encontrar respuestas cuando el partido se le pone cuesta arriba. Y eso también explica por qué el Monumental dejó de ser aquella fortaleza que históricamente representó para el club. En los últimos tiempos, el Millonario perdió en su propia casa ante rivales que anteriormente hubieran significado otra exigencia.

Por eso, lo primero que deberá hacer el nuevo entrenador no será cambiar el dibujo táctico. Será cambiar el ánimo.

Habrá que recuperar la confianza de futbolistas que vienen atravesando meses de golpes, reconstruir vínculos dentro del vestuario y conseguir que cada jugador vuelva a asumir su responsabilidad dentro del campo. La premisa deberá ser sencilla, pero fundamental: cada partido tiene que ser una oportunidad para empezar de cero.

Volver a ser River

El desafío más importante, en definitiva, será recuperar algo todavía más profundo: la identidad. River construyó históricamente una manera de entender el fútbol. Fue una escuela que marcó una línea alrededor del buen juego, el protagonismo, una idea clara y la convicción de ir a buscar los partidos. Esa característica no depende de un entrenador determinado ni de un nombre propio.

No se trata solamente de ganar, sino también de cómo ganar. El próximo conductor tendrá que entender que los últimos dos ciclos dejaron aprendizajes suficientes. La salida de Gallardo mostró que el desgaste puede llevarse puesta la energía de un equipo. El paso de Coudet dejó en evidencia que los resultados, por sí solos, tampoco alcanzan cuando no existe un funcionamiento reconocible.

Ahora Ponzio tendrá la misión de comenzar a reconstruir desde adentro. Y si finalmente otro entrenador toma el mando, heredará exactamente esa misma responsabilidad: transformar un plantel con recursos en un equipo que vuelva a reconocerse dentro de la cancha.

Las copas internacionales, los resultados y los objetivos deportivos serán importantes. Pero antes de todo eso hay una tarea pendiente. River necesita volver a creer en sí mismo, recuperar el protagonismo y encontrar una identidad. Porque en Núñez se pueden discutir nombres, sistemas y estrategias, pero hay algo que no debería estar en discusión: la forma de jugar y de representar a River.