Han pasado casi 30 años desde la última vez que América de Cali disputó una final continental. Fue el 26 de junio de 1996, cuando cayó ante River Plate en la definición de la Conmebol Libertadores, en una serie cerrada que dejó la sensación de haber estado muy cerca. El equipo escarlata había golpeado primero en Cali con una victoria por 1-0, pero en la vuelta, en Buenos Aires, terminó cediendo 2-0 en una noche que marcó el desenlace.
Aquel partido quedó en la memoria por varios factores. River Plate encontró ventaja con un error en salida que terminó aprovechando Hernán Crespo, quien además tuvo una actuación determinante en la final. América, que había competido de igual a igual durante la serie, no logró sostener la diferencia y vio cómo se le escapaba el título en el Monumental, cerrando así otra final esquiva en su historia.
Desde entonces, el conjunto vallecaucano ha buscado sin éxito volver a una definición continental. El recuerdo de 1996 sigue latente como uno de los momentos más cercanos a la gloria internacional, pero también como una herida que aún no ha logrado sanar.
Ahora, el presente le abre una nueva puerta. América inicia su camino en la Conmebol Sudamericana enfrentando a Macará en Ecuador, en el arranque de la fase de grupos. El equipo colombiano llega con la ilusión de competir y empezar a construir una campaña sólida fuera del país.
El reto no será sencillo. Jugar en condición de visitante y en la altura siempre representa una exigencia adicional, pero también es una oportunidad para dar un golpe de autoridad desde el inicio. Más allá del resultado, el objetivo del América será mostrar una identidad clara y dar señales de que puede ser protagonista en el torneo.
El debut marca el primer paso de un nuevo intento por recuperar peso internacional. Con la historia como respaldo y la necesidad de volver a competir en escenarios grandes, el conjunto escarlata comienza en Ecuador un camino que espera acercarlo nuevamente a las instancias definitivas del continente.
