Cómo Arruabarrena le dio solidez a Boca y qué debe mejorar para avanzar en la Copa Sudamericana

Boca vuelve a jugar una instancia decisiva de la CONMEBOL Sudamericana después de un camino que estuvo lejos de ser sencillo. El equipo terminó tercero en el Grupo D de la CONMEBOL Libertadores, por detrás de Universidad Católica y Cruzeiro, y quedó obligado a disputar los playoffs de la Sudamericana para continuar con vida internacional.

La derrota 1-0 ante Universidad Católica en la Bombonera, con Claudio Ubeda como DT en aquel entonces, selló aquella eliminación y dejó al equipo en una posición incómoda: seguir compitiendo, pero desde una segunda oportunidad continental.

Rodolfo Arruabarrena asumió con ese escenario como punto de partida y consiguió modificar algunos rasgos del equipo. Boca empezó a mostrar mayor equilibrio en el mediocampo, una estructura defensiva más protegida y una circulación que intenta tener a Leandro Paredes como eje. El proceso, sin embargo, todavía está en construcción. La clasificación ante O’Higgins fue por penales después de un 1-0 en contra en Chile y un empate 1-1 en el global. El Xeneize avanzó, aunque tuvo que sufrir hasta el último remate.

El Torneo Clausura también entregó señales contradictorias. Boca arrancó con una derrota 3-0 frente a Deportivo Riestra, reaccionó con un 1-0 ante Estudiantes, igualó 2-2 con Newells y luego empató 1-1 con Vélez en un partido en el que mostró una imagen futbolística más convincente. Esa secuencia permite entender el momento actual: hay una mejora visible en determinados aspectos, aunque todavía falta convertirla en regularidad y, sobre todo, en contundencia.

Ahora llega Deportivo Recoleta. El conjunto paraguayo fue una de las grandes sorpresas de la fase de grupos y consiguió clasificarse directamente a octavos después de vencer 1-0 a San Lorenzo en Buenos Aires. Boca tendrá que afrontar la serie con el recuerdo fresco de O’Higgins y con una exigencia mayor: ya no alcanza con resistir hasta los penales. Para seguir avanzando, el equipo deberá demostrar que la solidez que empezó a construir puede sostenerse durante 180 minutos.

La ida de octavos será el martes 11 de agosto, a las 19:00 (ARG/URU), 18:00 (CHI) y 17:00 (COL/PER/ECU) y se juega en el Estadio Tomás Adolfo Ducó.

La primera transformación de Arruabarrena: un Boca más equilibrado

Uno de los cambios más notorios desde la llegada de Arruabarrena apareció en el mediocampo. El entrenador encontró en Paredes una referencia para ordenar la salida y comenzó a rodearlo con futbolistas capaces de recorrer muchos metros, recuperar y cerrar espacios. Santiago Ascacíbar y Milton Delgado aportan intensidad, mientras Paredes tiene la responsabilidad de marcar el ritmo cuando Boca consigue instalarse con la pelota.

Paredes, además, desde que regresó al club siente responsabilidad diferente, mostrada incluso en el ciclo de Ubeda. Su experiencia internacional y su capacidad para jugar bajo presión lo transformaron rápidamente en uno de los líderes del equipo. Su influencia quedó expuesta en la ida ante O’Higgins, cuando asistió a Miguel Merentiel para el 1-0. El mediocampista también se convirtió en una referencia para sus compañeros dentro de la cancha.

La estructura del equipo mejoró especialmente cuando Boca consiguió mantener juntas sus líneas. Los centrales tienen más protección por delante, los laterales pueden avanzar con mayor seguridad y los volantes tienen mejores condiciones para presionar después de una pérdida. Esa organización redujo los espacios que anteriormente dejaban al equipo demasiado expuesto.

El gran ejemplo de lo que ocurre cuando esa estructura desaparece fue la derrota 3-0 ante Riestra. Arruabarrena preservó a varios titulares pensando en la revancha contra O’Higgins y Boca perdió buena parte de la identidad que había mostrado. La defensa quedó desprotegida, el mediocampo no pudo controlar el partido y el resultado expuso la dependencia que todavía existe respecto de algunos nombres.

La serie con O’Higgins mostró cuánto cambió Boca y cuánto le falta

La clasificación ante O’Higgins sirve como radiografía perfecta del momento. Boca ganó 1-0 en el primer partido y tuvo momentos en los que pudo ampliar la diferencia. El equipo logró defender la ventaja y mostró mayor control durante varios tramos, aunque no consiguió resolver la serie cuando tuvo oportunidades para hacerlo.

La revancha fue completamente diferente. O’Higgins se adelantó con un gol de Francisco González y llevó la definición hasta los penales. Boca sufrió durante varios pasajes, encontró pocas soluciones ofensivas y terminó dependiendo de Álvaro Montero para sobrevivir a la tanda. El arquero detuvo uno de los remates y el equipo argentino se impuso 4-3 desde los doce pasos.

La clasificación tuvo valor porque Boca necesitaba seguir en una competencia internacional después del golpe sufrido en la Libertadores. También dejó una advertencia. En una serie de eliminación directa, cualquier caída de intensidad, pérdida de control o falta de precisión puede transformar una ventaja en una situación límite.

Arruabarrena consiguió que Boca encontrara una manera de competir. Ahora necesita que esa manera de competir sea más ambiciosa. El equipo debe reducir los minutos en los que queda sometido por el rival y aumentar aquellos en los que consigue imponer condiciones. Esa diferencia puede ser determinante contra Recoleta.

La defensa de Boca encontró un piso, pero todavía existen zonas de riesgo

La nueva estructura de Boca parte de una idea sencilla: proteger mejor a los centrales y evitar que el rival encuentre espacios entre el mediocampo y la última línea. Ascacíbar, Delgado y Paredes cumplen funciones diferentes, pero juntos permiten que el equipo tenga más equilibrio cuando pierde la pelota.

También cambió la manera de presionar. Boca intenta recuperar más cerca del lugar donde perdió la pelota y, cuando no puede hacerlo, busca replegarse rápidamente para evitar quedar expuesto. Esa segunda respuesta resulta importante para un equipo que todavía no tiene un control absoluto de los partidos.

El problema quedó expuesto ante Riestra. Tres goles en contra y una primera mitad muy floja mostraron que las rotaciones todavía pueden afectar demasiado el funcionamiento. El desafío de Arruabarrena será encontrar alternativas sin modificar por completo la estructura que sostiene al equipo.

En la Sudamericana, ese aspecto tendrá un valor enorme. Recoleta demostró contra San Lorenzo que puede competir fuera de Paraguay y que tiene recursos para aprovechar los errores de un rival que se desconcentra. Boca deberá sostener la concentración durante toda la serie y evitar que el rival convierta cada transición en una oportunidad clara.

El gran pendiente de Boca: transformar el control en goles

La evolución de Boca también puede medirse en un aspecto que todavía no termina de resolver: la relación entre dominio y resultado. El equipo puede tener buenos momentos de posesión, recuperar rápido y generar situaciones, pero todavía necesita convertir ese volumen de juego en una diferencia concreta.

Miguel Merentiel continúa siendo una de las principales referencias ofensivas. El delantero marcó el gol de la ida ante O’Higgins y mantiene un papel central dentro del ataque. Sin embargo, Boca necesita que sus otros futbolistas ofensivos participen con mayor continuidad y que las jugadas construidas desde el mediocampo terminen con más frecuencia dentro del área.

La llegada de Enner Valencia abre otra posibilidad. El delantero ecuatoriano suma experiencia internacional, capacidad para jugar de espaldas y jerarquía en el área. Su incorporación le da a Arruabarrena una alternativa diferente para administrar los partidos y buscar soluciones cuando Merentiel necesita descanso o cuando el equipo requiere otro tipo de delantero.

El empate ante Vélez volvió a instalar esa discusión. Boca mostró una versión futbolística más convincente, tuvo momentos de superioridad y consiguió generar situaciones, pero terminó igualando 1-1. El funcionamiento empieza a ofrecer respuestas; la eficacia todavía necesita acompañarlo. Las jóvenes promesas como Tomás Aranda y Leonel Flores, gran descubrimiento del Vasco, llevan fescura en el ataque, pero no se los debe cargar con resposabilidades mayores.

Paredes, el eje de una estructura que necesita más compañía

Paredes sigue mostrando su capacidad para recibir entre centrales, cambiar de frente y encontrar pases verticales, lo que permite que el equipo tenga una salida más limpia. También libera a otros mediocampistas para adelantarse y ocupar posiciones más cercanas al área.

El desafío aparece cuando el rival logra taparlo. Boca todavía necesita construir alternativas para que el funcionamiento no dependa demasiado de que Paredes encuentre espacios. Si Recoleta decide presionarlo de manera permanente, Arruabarrena tendrá que conseguir que Ascacíbar, Delgado, los laterales y los futbolistas ofensivos participen más de la elaboración.

Esa cuestión también explica por qué la rotación resulta tan delicada. Cuando Paredes, Merentiel, Villa o los centrales descansaron contra Riestra, Boca perdió buena parte de sus mecanismos. El resultado fue una derrota contundente que expuso la distancia que todavía existe entre el equipo titular y algunas de sus alternativas.

La solución no pasa únicamente por repetir nombres. Arruabarrena necesita desarrollar automatismos que sobrevivan a las modificaciones. Una Copa Sudamericana exige jugar con frecuencia y administrar energías; un equipo que pretende llegar lejos necesita mantener una identidad incluso cuando cambia dos o tres piezas.

Recoleta exige otra clase de partido

Deportivo Recoleta llega a los octavos con argumentos propios. En su primera participación en la Sudamericana consiguió avanzar directamente a esta instancia y cerró la fase de grupos con una victoria histórica sobre San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro. El 1-0 le permitió terminar por encima de sus competidores y confirmó que el equipo paraguayo puede jugar partidos de alta presión.

El conjunto dirigido por Jorge González mostró capacidad para defender bajo presión y aprovechar los momentos favorables. Ante San Lorenzo, supo resistir el dominio inicial y encontró el gol que terminó definiendo la clasificación. Boca tendrá que evitar un escenario parecido: monopolizar la pelota sin generar peligro y quedar expuesto ante una transición.

La localía también será un factor particular. Boca no disputará el primer partido en la Bombonera y deberá construir su ventaja en el estadio Tomás Adolfo Ducó. Eso agrega una dificultad logística y futbolística a una serie en la que cada detalle puede tener peso. La revancha, además, trasladará toda la presión al segundo encuentro.

Arruabarrena necesita que Boca salga de ese primer partido con una ventaja que le permita viajar con tranquilidad. Para conseguirla tendrá que sostener la solidez defensiva que apareció en sus mejores presentaciones, mejorar la circulación cuando el rival se repliega y aumentar la cantidad de situaciones claras.

Boca, de la eliminación de la Libertadores a la oportunidad de la Sudamericana

El contexto continental no puede quedar afuera del análisis. Boca está en la Sudamericana porque no consiguió avanzar en la Libertadores. Terminó tercero del Grupo D con siete puntos y quedó detrás de Universidad Católica y Cruzeiro. La derrota 1-0 ante la Católica en la Bombonera cerró una fase de grupos que había dejado demasiado margen para el análisis y obligó al club a continuar su camino internacional desde el playoff.

El camino hasta Recoleta dejó un mensaje claro. Boca todavía tiene margen para mejorar, pero también tiene una estructura que antes no aparecía con tanta claridad. Arruabarrena logró ordenar al equipo y darle mayor equilibrio, aunque la clasificación ante O’Higgins mostró que ese crecimiento todavía convive con problemas de eficacia y control.

Ahora llega el examen más importante del ciclo. Para avanzar, Boca tendrá que convertir la solidez en dominio, el dominio en situaciones claras y esas situaciones en goles. También deberá sostener la concentración cuando el partido se vuelva incómodo. La Sudamericana ofrece otra oportunidad para demostrar que el equipo puede competir en el escenario internacional después del tropiezo de la Libertadores.

El Vasco ya consiguió modificar parte de la imagen de Boca. El siguiente paso será demostrar que esa transformación tiene suficiente profundidad para sostener una serie de 180 minutos. Recoleta aparece como el rival que puede medirlo con mayor precisión. El equipo paraguayo llega con confianza, Boca llega con una estructura en construcción y la Copa volverá a poner cada detalle bajo la lupa.