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América y Cruz Azul bendicen humillación masiva al futbol mexicano

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"Hoy es una noche triste para la Liga MX": Jorge Pietrasanta (3:12)

América fue eliminado de la Concacaf Champions Cup en el Estadio Banorte frente a Nashville. (3:12)

Habida cuenta que en México no hay equipos grandes, sólo unos más populacheros, dos de estos, Cruz Azul y América, cayeron de rodillas


LOS ÁNGELES -- Humillación masiva, colectiva, plural. En una sola noche. El fracaso se ha convertido en la madrastra del futbol mexicano. A casi tres años y medio de Qatar, México sigue perfeccionando su propio mecanismo de autodestrucción.

Sí, tres veces humillado, dos en la cancha y una en dos tribunas distintas. Habida cuenta que en México no hay equipos grandes, sólo unos más populacheros que otros, dos de estos, Cruz Azul y América, cayeron de rodillas y sin dignificar –al menos--, la dimensión de su fracaso.

1.- Cruz Azul humillado en la cancha por LAFC (1-4). Y con el estertor del impotente, despidió a patadas a su verdugo angelino. Piovi debió pasar la noche en los separos policiacos de Puebla, tras la brutal agresión sobre Bouanga.

2.- América humillado en la cancha por Nashville (0-1). Una marca torpe, precipitada, permite que Mukhtar fusile en el área a Rodolfo Cota. Y todavía el alemán va y se burla de la tribuna.

3.- La turba mexicana consuma un acto de auto humillación en el anfiteatro. Frustrada por la incapacidad de sus héroes en calzoncillos en la cancha, vocifera a bufido pelado, su única, primitiva, forma de resarcir su propio fracaso emocional, y resopla #ElGRito, y en ambos casos, Iván Barton y Walter López, recurren al protocolo de parar el partido. Sí, dos tribunas humilladas, en Puebla y en el siempre Azteca. Porque hicieron callar a la prole americanista y celeste, para reprimirle la fascinación de su propia frustración.

Sí, tres veces humillado el futbol mexicano. Entre sus equipos y sus aficiones. Castrados, todos, emocionalmente.

Y claro, el colofón de los desarraigados. ¡Fuera Larcamón!”, se enseñoreó primero en los cielos de Puebla. “¡Fuera Jardine!”, balbuceó, entrecortada, como gemido del desamparo, la atmósfera poluta de Santa Úrsula.

El futbol, en instancias de vida y muerte, de matar y morir, se rige por principios inalterables: querer, poder y deber. América y Cruz Azul quisieron tan poco, pudieron tan poco, a pesar de la mayúscula exigencia de deber tanto.

¡Fracasotototote!”, es el responso y el resultado de la autopsia, cortesía legendaria, como apellido de bastardo, que heredó al futbol mexicano, para la eternidad, Manuel Lapuente (QEPD).

¡Fracasotototote!”. Bautismo y Santos Óleos del futbol mexicano, el alfa y el omega de sus propias desventuras.

Y claro, los escenarios hay que treparlos con los aspavientos del morbo y, precipitadamente, a la balanza lúdica de la ociosidad rutinaria: “¿Ha rebasado ya la MLS a la Liga MX?”. El cadalso es nuevamente montado, pero, como siempre, ninguna cabeza rodará, a no ser, claro, que los fracasos etiquetados por la tribuna hagan rebotar hasta el cesto de la ignominia la testuz de Jardine o la de Larcamón… o ambas.

Porque sí, porque la MLS notarizó en el tribunal inobjetable de la cancha que en muchos aspectos opera en una estratósfera a la que nunca aspirará el futbol mexicano, que tiene apergollados los tobillos por la corrupción a todos los niveles.

El futbol mexicano es una de las manifestaciones más contundentes de la histórica e innegable definición –o diagnóstico o epitafio—de Octavio Paz. “Para el mexicano, la vida es una posibilidad de ching--- o de ser ching---. Es decir, de humillar, castigar y ofender. O a la inversa. Esta concepción de la vida social como combate engendra fatalmente la división de la sociedad en fuertes y débiles”.

Y mientras la MLS se rige estrictamente por las referencias legales de su país, el futbol mexicano se constriñe, dramáticamente, bajo el enunciado de Paz y la idiosincrasia de un país que a través de promotores, directivos, reglamentos, arbitrajes, futbolistas, apostadores y oportunistas crean un espejismo dentro de nuestro fútbol.

América gasta 20 millones de dólares en refuerzos brasileños de medio pelo y un imberbe lateral uruguayo para, además de empobrecerse en la tesorería, volverse paupérrimo en la cancha. Y sí, Jardine es cómplice, como también lo son los directivos, por más íntimos que sean del dueño del equipo. ¿Sabrá Emilio Azcárraga Jean que lo están robando? No, Emilio, la Rosa de Guadalupe sólo sopla en la fantasiosa alegoría de tu televisora.

Cruz Azul ha gastado 100 millones de dólares desde la llegada de Iván Alonso, con todos sus esqueletos en el armario y complicidad con promotores. El único título se lo entregó un tipo segregado por él: Vicente Sánchez, quien hoy, cierto, muerde la amarga perspectiva del descenso con Emelec en Ecuador, pero que a La Máquina le permitió dar el mordisco más dulce al pastel de la gloria, al heredarle el boleto al próximo Mundial de Clubes.

Los dos entrenadores, Jardine y Larcamón, duermen en zozobra bajo la Espada de Damocles, mientras sus directivos, las manos torpes que mecen las respectivas cunas, se solazan con fracasos que ya quedaron endosados por la tribuna y por la tradición a los propios entrenadosres. Con aromas y afecciones de Poncio Pilatos, Iván Alonso y Santiago Baños gozan de los privilegios de la inmunidad y la impunidad.

Y, en ese caso, en esa batahola de desaciertos, fracasos y sospechosísimas decisiones, en medio de tan estercolado escenario, aún así, la turba, la de tribuna y la de escritorio, le pide, le exige a Javier Aguirre la glorificación de un milagro en una Copa del Mundo.

Gracias, Manolo Lapuente, donde estés, por ese ritual de absoluta sintaxis futbolera para la heráldica del futbol mexicano: “¡Fracasotototote!”.