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Secarse lágrimas y perder finales hasta ser campeones en Qatar: la "Luz" de Ciro y Los Persas en el Cosquín Rock

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¡Piel de gallina! Ciro viajó a Qatar y tocó el Himno de Argentina en el avión (1:28)

En la previa del duelo ante Arabia Saudita, el exlider de Los Piojos sorprendió a los pasajeros con el inicio del Himno frente a toda la tripulación. (1:28)

El tiempo enseña nuestro andar, para el que quiera escuchar, para quien no deja atrás lo que soñaba”, empezó cantando Andrés Ciro Martínez en el Escenario Sur del Cosquín Rock, que contó con transmisión de Star+. Detrás de él, la pantalla gigante proyectaba imágenes de finales perdidas por la Selección Argentina. Los gestos de dolor de Lionel Messi eran más evidentes, perturbadores y dolorosos.

Muéstrame tu luz, yo te mostraré mi luz, no ha sido en vano imaginar que el día llegaba”, prosiguió el líder de Ciro y Los Persas. Se sucedían fotogramas con gente colgada de alambrados, pibitos con el apellido del crack rosarino escrito sobre papel y pegado en camisetas improvisadas. Todo estaba en blanco y negro. Todo era simbólico hasta allí.

Pero la canción se llama, precisamente, “Luz”. Y se proyectaría sobre la oscuridad. El exlíder de Los Piojos se pasó la mano por el jopo y tarareó: “Oh, tiempo de aguantar, oh, oh, oh, oh, oh. Oh, tiempo de aguantar, oh, oh, oh, oh, oh, eh, oh”. Las imágenes ya fueron en colores. Postales de tiempos felices. Messi con los brazos abiertos, como si fuese un avión carreteando para levantar vuelo. Mujeres abrazadas a sus hijos. Hombres enloquecidos en las tribunas. Ciro levantó la mano derecha mientras la comba del remate de Enzo Fernández se clavaba en el ángulo del arco mexicano. Con sobretodo oscuro, detrás del micrófono, Martínez también abrió los brazos. El vértigo de las imágenes se transformó en goles. Uno tras otro.

Una toma de Star Plus desde lejos permitió ver la fiesta: el público, saltando como si fuese una ola, y tres pantallas gigantes regalándole la fiesta sonora y visual. “Pueden matar a la voz, pueden quemar tu nación, pueden esconder lo que será memoria”, cantó Martínez. Nahuel Molina, tan cordobés como el Cosquín Rock, convertía contra Países Bajos después del pase milimétrico de Messi.

Muéstrame tu luz, no ha sido en vano imaginar un día de gloria”. Los parlantes tronaban mientras Dibu Martínez nos llevaba, precisamente, a la gloria. A pura atajada en los penales.

Desde atrás del escenario se veía, en gesto de hermandad sudamericana, cómo flameaban banderas de Uruguay, Chile y hasta de Nacional de Montevideo entre otras con los trapos “piojosos”.

A esa altura, el penal de “Cachete” Montiel y el llanto de Lionel Scaloni se mezclaban con el bailecito de Messi con la Copa, ya con su capa de rey de los reyes, y con los pibes saltando, cobijados por una toma aérea de los fuegos artificiales del estadio de Doha.

Muéstrame tu luz, no ha sido en vano imaginar que el día llegaba”. Messi, en plano corto, agitaba las manos mirando a la tribuna. Las imágenes de la ronda, con las rodillas sobre el suelo, después del último penal, pasaron justo antes de las lágrimas de “Fideo” Di María. Los drones sobre la gente, el día de los millones de personas cerca del Obelisco.

Oh, tiempo de aguantar, uh”, cantó Ciro. Florecían lágrimas en el rostro de Dibu. “El tiempo enseña nuestro andar, para el que quiera escuchar, para quien no deja atrás lo que soñaba”.

Hubo, en ese instante, una imagen brevísima pero simbólica hasta lo eterno. Un nenito sobre los hombros de su papá: el pibito, con la camiseta celeste y blanca y el 10 de Messi; a la altura de los hombros, azules, está el papá y está el Diez del Diego, de Maradona.

El fotograma posterior fue el de Messi, en andas, besando la Copa. Luz galáctica. Luz intensa. Luz, luz, luz.

“¡Gracias, Selección!”, decía la pantalla gigante, detrás de Ciro y Los Persas. Las manos del público se fueron hacia el cielo en un aplauso. Y nació, desde el pecho, desde las entrañas, un “Dale campeón” improvisado y desacompasado, pero tan auténtico como feliz. El sol pintaba el paisaje, con las montañas detrás. Ciro y Los Persas acababan de soltar la paleta de colores en una hermosa gambeta artística y musical. De esas que quedan para siempre.

Ciro: “Maradó”, Messi y el fútbol en las venas

El fútbol está en las venas de Andrés Ciro Martínez. Mientras viajaba al Mundial de Qatar 2022, el exlíder de Los Piojos tomó su ya legendaria armónica y, en pleno vuelo, tocó el Himno por uno de los intercomunicadores. Los pasajeros –muchos de ellos famosos- primero se sorprendieron; después, naturalmente, se plegaron a la fiesta.

Unos días más tarde, Ciro y Los Persas revolucionaron la Fiesta Argentina en el anfiteatro de Katara, en la ciudad capital de Doha, horas después de que Argentina venciera a México y se sacara una mochila de un millón de kilos de la espalda. “Que de la mano, de Leo Messi...”, cantaron los argentinos aquella noche. Tuvo, por cierto, un toque profético.

Claro que no fue la primera vez que Ciro y la celeste y blanca se fusionaban en esos acordes que se transforman en sentimiento. “Maradó”, la canción dedicada a Diego Maradona, fue uno de los tributos más bellos, icónicos e imborrables de la vida del Diez.

“Dicen que escapó de un sueño, en casi su mejor gambeta, que ni los sueños respeta, tan lleno va de coraje, sin demasiado ropaje, y sin ninguna careta”, recita parte de la introducción a ese tema que se hizo legendario. “Dicen que escapó este mozo, del sueño de los sin jeta, que a los poderosos reta, y ataca a los más villanos, sin más armas en la mano, que un Diez en la camiseta”, completa ese pasaje poético.

La magia de Martínez hizo que, en alguna ocasión, Maradona se subiera con Los Piojos al escenario y se pusiera a hacer “jueguitos” en el estadio de Obras Sanitarias, el Templo del Rock. De hecho, el Diego le regaló a Ciro los últimos botines que utilizó en Boca, antes de aquella frase majestuosa “la pelota no se mancha”.

“Cae del cielo brillante balón, toda la gente y todo el mundo ve, una revancha redonda en su pie, todo el país con él corriendo va. Caen las tropas de su majestad, y cae el norte de la Italia rica, y el Papa dando vueltas no se explica, muerde la lengua de Joao Havelange. Maradó, Maradó”, dice aquel himno futbolero que creo Martínez, ese hombre que, en su ritual, colgaba del micrófono los botines que le obsequió el Diego y que este sábado 11 de febrero de 2024 se dio el gusto de proyectar su luz sobre esas lágrimas que regaron el césped hasta que floreció el equipo que alzó la tercera en Qatar.