México se ilusiona tras un debut convincente y vuelve a soñar en su Mundial

México superó con autoridad la prueba más difícil para cualquier anfitrión: el partido inaugural. Ante un Estadio Azteca repleto y bajo la presión de jugar en casa, el Tri respondió con personalidad, venció 2-0 a Sudáfrica y alimentó la ilusión de protagonizar una Copa del Mundo histórica.

El equipo dirigido por Javier Aguirre controló el encuentro desde el inicio. Tuvo la posesión, generó las mejores ocasiones y prácticamente nunca sufrió defensivamente. Sin embargo, durante buena parte del partido le faltó precisión para transformar su dominio en goles, manteniendo la incertidumbre en el marcador.

La figura fue Julián Quiñones. El delantero nacionalizado mexicano asumió el protagonismo cuando más lo necesitaba su selección. Antes encontró el gol que liberó la tensión acumulada en el Azteca y terminó de encaminar la victoria. Además, participó activamente en la jugada que derivó en el segundo tanto.

Con la ventaja en el marcador, México encontró más espacios y mostró sus mejores minutos. Erik Lira comenzó a marcar el ritmo del juego desde el mediocampo, mientras Sudáfrica evidenciaba dificultades para sostener la intensidad y competir técnicamente ante un rival superior.

Las estadísticas reflejaron claramente lo ocurrido sobre el césped. México finalizó con 16 remates contra apenas cuatro de su rival. El conjunto africano generó muy poco peligro sobre el arco defendido por Raúl Rangel y se mostró impreciso tanto en la construcción como en los últimos metros.

Otra noticia positiva para Aguirre fue la actuación de Raúl Jiménez. El experimentado delantero marcó el segundo gol del partido, fue una constante preocupación para los defensores sudafricanos y aportó movilidad, asociaciones y presencia dentro del área. Su rendimiento refuerza una posición clave para las aspiraciones mexicanas.

"Tenemos que presionar más al rival"

La única sensación pendiente fue la falta de contundencia. México pudo haber construido una diferencia más amplia, especialmente después de las dos expulsiones sufridas por Sudáfrica. Con superioridad numérica durante varios minutos, el equipo generó ocasiones suficientes para cerrar el encuentro con una goleada.

En defensa también hubo aspectos destacados. Johan Vásquez fue el líder de la última línea y firmó una actuación muy sólida. Raúl Rangel, aunque poco exigido, respondió con seguridad cuando fue requerido. La nota negativa llegó sobre el final con la expulsión de César Montes, una decisión arbitral que dejó muchas dudas y que obligará al cuerpo técnico a buscar alternativas para los próximos compromisos.

Ahora el desafío será mayor. El 18 de junio México enfrentará a Corea del Sur, una selección con más recursos ofensivos y mayor capacidad para castigar errores. Posteriormente cerrará la fase de grupos frente a Chequia, un equipo competitivo que llega al torneo tras dejar fuera a Dinamarca en la clasificación. Aguirre sabe que el rendimiento deberá elevarse.

El sistema defensivo todavía necesita mejorar algunos retrocesos cuando la línea se adelanta y el equipo tendrá que ser más eficaz frente al arco para evitar que el dominio territorial se traduzca en partidos más cerrados de lo necesario. Sin grandes estrellas internacionales, México encuentra motivos para ilusionarse en el funcionamiento colectivo y en el crecimiento de futbolistas como Julián Quiñones, quien puede convertirse en una de las revelaciones del torneo.

"Tenemos que presionar más al rival. Es un fundamento que vamos a trabajar más para evitar libertades", manifestó Quiñones tras el partido.

El triunfo no garantiza nada, pero sí deja una certeza: el Tri comenzó su Mundial transmitiendo confianza. "Estamos felices. Hace unos días la gente nos manifestaba su apoyo y hoy hemos retribuido en parte esa confianza, pero queremos más", declaró el delantero nacido hace 29 años en el sur de Colombia y quien en octubre de 2023 obtuvo la nacionalidad mexicana.

La historia alimenta la ilusión

La expectativa mexicana también encuentra respaldo en los antecedentes. Las dos mejores participaciones de la selección en una Copa del Mundo llegaron precisamente cuando fue anfitriona. En México 1970 y México 1986, el Tri alcanzó los cuartos de final, su mejor registro histórico. Cuatro décadas después de aquella última gran actuación, el objetivo vuelve a ser ambicioso: igualar como mínimo esa instancia y, por qué no, alcanzar por primera vez una semifinal mundialista.

El camino recién comienza, pero el debut dejó una señal alentadora. México respondió cuando más presión tenía y dio el primer paso para volver a soñar en grande.