Cristiano ha sido el Miguel Ángel de su propio David

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Notas y estadísticas de una carrera notable (1:00)

La falta de una Copa del Mundo con Portugal no cuestiona su grandeza ni su leyenda, pero no le permite sentarse a la mesa que preside Pelé seguido de Maradona y de Messi.


LOS ÁNGELES -- Relatan las crónicas del Renacimiento Italiano, a veces desde los fehacientes pergaminos y a veces entre lo coloquial del misticismo y la mitología, la primera reacción del escultor Miguel Ángel Buonarroti al consumar la majestuosidad de su David: “Tomé un bloque de mármol y quité todo lo que no era David”.

Eso mismo ha hecho Cristiano Ronaldo con CR7. Le ha cincelado el escombro a su propia estatua. Cristiano se quitó a sí mismo todo lo que no era CR7. Un acto de depuración.

Sí, Cristiano Ronaldo es el Miguel Ángel de su propio David. A Miguel Ángel le tomó 32 meses. A Cristiano le ha tomado 32 de sus 41 años. El primero terminó su obra, el segundo, según él, aún no.

Cristiano Ronaldo aún encuentra despojos de marmolina. Tan consciente está de ello que este jueves anuncia su retiro de la Selección de Portugal.

Un video emotivo, evocando sentimientos, pero sin caer en lo sentimentaloide o sensiblerías, es el heraldo digital mediante el cual CR7 se separa de Portugal. ¿Abandona, claudica, huye? No todos los adioses hieren ni todos los adioses sangran. Cristiano se va en paz y Portugal se queda en paz.

Sí, se va de manera tormentosa, pero para no atormentar a nadie y sí para no atormentarse a sí mismo. En el toreo, el cronista Pepe Alameda, dejó una sentencia: “No es graciosa huida, sino apasionada entrega”.

Lo de Cristiano Ronaldo es lo mismo: no escapa, se inmola.

Con una generación de futbolistas notables, Portugal queda en buenas manos.

2026 ha llenado al universo del futbol de pasajes imborrables. De todo, luctuosos y fastuosos; dolientes y festivos. El futbol es en sí, una confirmación de que virtudes y pecados capitales cohabitan perfectamente, hasta en la estrechez de lo intrascendente.

Un 2026 en el que España confirma el poderío para construir una estirpe generacional de vencedores. Y ahí se agregan el insólito –por inesperado—acto de justicia hacia Harry Kane. Y por supuesto, el que con dos meses de diferencia, Lionel Messi y Cristiano cuelgan sus respectivas camisetas en la Pinacoteca gloriosa de las leyendas. Y la muerte de Jesús de Miguel, que recuerda la crueldad mezquina que desata la pugna entre ganar y perder.

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2:10
Se cierra el ciclo de CR7 con la selección de Portugal

Después de años, de lustros, de comparativas necias y obsesivas, entre Messi y Cristiano, ambos descansarán del zangoloteo mediático, al menos en el gran escaparate de competencia, y sólo quedará observarlos, por los caprichos de sus propias facultades vivas y vívidas, en las generosísimas y opulentas ligas de retiro donde esperan el llamado final. El primer telón ha caído. El segundo es un enigma todavía.

“Llegó el día de devolver la camiseta 7 a la selección de todos nosotros. Nunca la sentí como exclusivamente mía, pero durante 23 años tuve el privilegio y la responsabilidad de vestirla. Hoy llegó el momento de entregarla. No fue una decisión fácil. Durante toda mi carrera quise ganar, ser mejor y hacer historia. Nunca dejé de sentir orgullo por representar a Portugal. Gracias por todo, ustedes hacen parte de mi historia”, puntualiza CR7 en su despedida tras una jornada de 234 partidos y 146 goles.

En la oquedad, en el socavón de sus anhelos, se quedó pendiente la llegada divina de una Copa del Mundo. No cuestiona su grandeza ni su decoro como leyenda. Simplemente no le permite sentarse a la mesa que preside Pelé seguido de Maradona y de Messi.

Pero tal vez él consiga que se le edifique un habitáculo especial. Cuando rebase los mil goles, cuando se hable de su longevidad futbolística, competitiva y atlética, porque aún hoy, de acuerdo a pruebas físicas, tiene un salto promedio a los monstruos de la NBA. Y puede competir en 400 metros planos a nivel olímpico, y reúne las condiciones fisio-biológicas de un pentatleta de élite.

Miguel Ángel esculpió a su David a partir de un bloque de mármol de Carrara, que había sido desechado por escultores notables (Agostino di Duccio). Tenía 40 años abandonado en el patio de la Catedral de Florencia. Il Gigante, llamaban a aquel coloso de mármol, silencioso y aparentemente defectuoso de seis metros de alto y seis toneladas de peso.

Aunque no alcanzó la aclamación absoluta de su Moisés (“sólo le falta hablar”), Miguel Ángel estaba satisfecho de transfigurar un bloque magnífico, considerado desecho, en su David. El discurso completo sobre su obra parecería un reflejo de CR7.

“En cada bloque de mármol veo una estatua tan clara como si se pusiera delante de mí, en forma y acabado de actitud y acción. Solo tengo que labrar fuera de las paredes rugosas que aprisionan la aparición preciosa para revelar a los ojos de otros cómo los veo con los míos”, consignan a Miguel Ángel.

Pero es más deliciosa la primera exposición del escultor italiano: “Tomé un bloque de mármol y quité todo lo que no era David”. Eso hizo Cristiano. Algo que no queremos o no podemos o no sabemos hacer el resto de los seres humanos.