Javier Aguirre recurre a un dogma de supervivencia. Darle excelsitud estrictamente al aparato defensivo, y después, depende del chiripazo
LOS ÁNGELES -- Aplicable y parafraseable la sentencia fatalista de cuño político, atribuida a Porfirio Díaz: “Pobre México… tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos”. Con más guiños de engaño que de autenticidad, el 0-0 entre Portugal y el Tri, obliga a verlo así: “Pobre México, tan cerca del Mundial y tan lejos del futbol”.
Fastuosa reinauguración del siempre Estadio Azteca, abarrotado, multicromático, estruendoso, colapsado festivamente en la febril coreografía de la ilusión mexicana, pero, ni en la sinergia con semejante marco de voluptuosa devoción y fanatismo, ni así, la Selección Mexicana pudo embadurnar de fe y esperanza, el incipiente anhelo de su gente.
0-0, porque Portugal osciló entre errático y condescendiente, perdonando al menos en cinco oportunidades claras de gol, una de ellas torciendo el destino en el poste izquierdo de Tala Rangel.
0-0, porque la mejor oportunidad la tuvo Armando González, ante un trazo con diseño de letalidad, pero la Hormiga le agregó violencia, vistosidad y desesperación, y el balón se escurrió al lado. Esas oportunidades que a ciegas consuma con Chivas, la perpetró lastimosamente.
Mientras Portugal estuvo entero físicamente, mientras quiso y pudo, se adueñó del encuentro, sólo cediendo a México unos minutos el balón y el espacio en el arranque del partido, y en los estertores del final, permitiendo lucidez engañosa al Tri, en los momentos en que Julián Quiñones y La Hormiga González trataban de regatear, a pura adrenalina, el palomazo de Javier Aguirre para sumarse a la lista final tumbo al Mundial 2026.
Pero, sí, pobre México, tan cerca del Mundial y tan lejos del futbol. Tan cerca del Mundial y tan lejos de una idea clara de juego. Tan cerca del Mundial y tan lejos de mostrar rostro de protagonista. Tan lejos del Mundial y tan cerca de ser la Cenicienta eterna de la medianoche de cualquier Copa del Mundo.
Más allá de lo poco visto en cancha, ante un equipo poderoso como Portugal, que administró sus recursos dentro de la propia cartografía de ajustes y preparación para el Mundial, México sigue con una lista, inalterable, de cuestionamientos hacia el Vasco.
Hoy Javier Aguirre recurre a un dogma de supervivencia. Darle excelsitud estrictamente al aparato defensivo, y después, desesperada y aventuradamente, depender del chispazo o del chiripazo o de la inesperada genialidad, y hasta del milagro, para poder encontrar el gol.
Hoy, en la realidad estricta del funcionamiento ofensivo de México, está más cerca del gol La Rosa de Guadalupe que Raúl Jiménez y el resto de los delanteros mexicanos. El milagro es más celestial que el impacto una proeza.
¿Puede mejorar? Sí. Si Javier Aguirre se saca de las neuronas o de las hormonas, esa fijación absurda por el Piojo Alvarado. Un tipo que decide mal para sí y para el equipo, y esperar que Brian Gutiérrez alcance a ocupar medianamente los zapatos de Marcel Ruiz, y que Alexis Vega, cuando regrese, sea menos un Belcebú toluqueño y sea más un engendro de las urgencias del Tri.
La mesa de Futbol Picante analiza el 0-0 entre México y Portugal en el renovado Estadio Azteca.
Pero son demasiadas suposiciones. Demasiadas condicionantes. Cierto, podrá trabajar para conseguir más eficiencia y comunión entre Fidalgo y Gutiérrez. Ante Portugal incluso, debió atreverse a invertir los papeles, y ambos futbolistas se habrían sentido más sólidos y productivos.
Ahora vendrá Bélgica. Un rival de condiciones parecidas a Portugal, tal vez con más músculo y menos ingenio, pero aún así, a medio gas, cuando quiso, aplastó a Estados Unidos y al remedo de equipo que, ya se sabía, iba a confeccionar Mauricio Pochettino.
Lamentable, por otro lado, el nuevo ridículo de la FMF y la FIFA. Apareció #ElGrito espetándose brutalmente en el rostro de Gianni Infantino. Ni protocolo, ni advertencia, si no, estrictamente, al disimulo cínico de que era apenas un partido amistoso, pero no se olvide era también un ensayo protocolariamente estricto de lo que serán los partidos del Mundial.
Además, qué esperar de Infantino, el primer presidente de FIFA al que le hurtan, le secuestran, le arrebatan un Mundial, como ha quedado claro que lo ha hecho el gobierno de los Estados Unidos.
