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Pablo Matera, un líder que sigue haciendo historia para el rugby argentino

Sábado 6 de julio de 2019. Noche en Christchurch, Nueva Zelanda. Frío y una fuerte bruma en todo el AMI Stadium. Crusaders se acababa de coronar por décima vez en el Super Rugby. El entrenador Scott Robertson los llevaba a un tricampeonato nuevamente. Sin embargo, las miradas y los flashes recién terminado el encuentro no estaban con él. Ni con Kieran Read, que disputaba su último partido con esa camiseta. Tampoco en Richie Mo´unga o Sam Whitelock, otras súper estrellas de los All Blacks.

Después de perder 19-3, en un partido que estuvo mucho más cerca para Jaguares de lo que dejó el resultado, la organización elegía como jugador de la final a Pablo Matera. Sí, un argentino en la tierra de los mejores del mundo y tras quedarse con las manos vacías. Y para él todo era decepción y tristeza. Bronca absoluta con una medalla colgada en el pecho. Ese logro individual no era lo que él soñaba. Lo que él quería y por lo que había dejado el alma para cerrar su ciclo porque ya tenía su futuro en Stade Francais. Había jugado un encuentro brillante para no dejar dudas de que era un top-class y con una muestra de carácter y personalidad que iba a dejar huella.

Tal es así que a casi dos años de ese día, Crusaders lo contrata como figura para el Super Rugby 2022. Y así, entre gallos y medianoche en Argentina, Matera hacía historia nuevamente para el rugby argentino y se convertirá en el segundo jugador en jugar ese torneo para un equipo de Nueva Zelanda, el primero en el equipo más importante del torneo.

Matera nació el 18 de julio de 1993. Tiene 27 años pero en su currículum ya tiene un histórico cuarto puesto con Los Pumitas en el Mundial Juvenil de Sudáfrica 2012, las Copas del Mundo de 2015 y 2019, jugó en Leicester, Stade Francais y fue uno de los estandartes de Jaguares desde su ingreso al Super Rugby y sobre todo en el subcampeonato del 2019.

Ya en las juveniles de Alumni demostraba todo lo que podía ser. Con una velocidad excepcional para un ala y una potencia fuera de lo común para su edad. Por eso rápidamente llegó al radar de los seleccionados y de ahí no se fue más. Junto a Santiago Cordero y Facundo Isa, entre otros, brillaron en el Mundial de Sudáfrica 2012. Y un año después, con apenas 20 años, debutaba en Los Pumas. El entrenador Santiago Phelan lo mandaba a la cancha de titular en Johannesburgo en el inicio del segundo Rugby Championship.

Desde ese día pasaron 69 tests, de los cuales 64 fueron como titular. En 14 fue capitán. Y su punto cúlmine también fue con Nueva Zelanda como protagonista. Porque en el Rugby Championship 2020, en Parramata (Australia), con él como estandarte Los Pumas vencieron por primera vez a los All Blacks. Sin una preparación adecuada por la pandemia que azotó al mundo, juntando apenas unos días a los jugadores que estaban en Argentina con los de Europa, derrotaban en un partido brillante a los hombres de negro por 25-15. Ese equipo liderado por él dentro y fuera de la cancha daba unos golpes más sorpresivos en la historia del deporte mundial y no solo del rugby. Y él, otra vez, fue la figura.

Ese 14 de noviembre todo el mundo habló de él. Por su diálogo con el árbitro que recorrió todo el planeta por su frase “yo juego por mí país” mirándose el yaguareté de la camiseta tras recibir el reto por haberse metido en una discusión luego de algunos empujones entre jugadores. “No puedo no ver que él le pegó a uno de mi equipo, eso no es respeto”, le dijo, y ese gesto quedó en la retina de todos. Y luego, cuando terminó el partido y todo era euforia, le regaló esa camiseta histórica a un chico argentino -de su club Alumni y que ahora vivía en Australia- para emocionar a propios y extraños.

Pero unas semanas después pasó del cielo al infierno por el fallido homenaje de Los Pumas a Diego Maradona tras su muerte previo al segundo test con los All Blacks y los tweets racistas en su juventud. Quedó en el ojo de la tormenta quizás en el mejor momento de su carrera.

Ahora, apenas unos meses después y en la tranquilidad de París, acordó su llegada al equipo emblema del mundo rugby. Un vuelo a la estratósfera. Una verdadera bomba para un deporte que en Argentina todavía no se recupera de lo que significó el desmembramiento de Jaguares y su exclusión del Super Rugby y las dificultades por la pandemia para los clubes. Una noticia que sin dudas le saca una sonrisa a todos los amantes del rugby.