Tommy John, fallecido el sábado, es el pitcher que desafió a la medicina y cambió el beisbol profesional para siempre
Tommy John fue mucho más que el nombre de una cirugía. Fue un pitcher zurdo confiable, un sobreviviente de época en época y el eje de una revolución médica que redefinió lo que significa sufrir una lesión de codo en Grandes Ligas. Su historia mezcla números de casi Salón de la Fama, una lesión que parecía terminal, una apuesta quirúrgica con 1 por ciento de probabilidades de éxito y una vida personal marcada por golpes duros.
¿Quién fue Tommy John?
Tommy John nació el 22 de mayo de 1943 en Terre Haute, Indiana. Zurdo, de perfil más bien bajo en cuanto a velocidad, construyó una carrera basada en su control, movimiento y una capacidad fuera de serie para adaptarse a los retos. Un lanzador que mayoritariamente obligaba a sus rivales a rodar la pelota, un pitcher dotado de inteligencia.
Lanzó 26 temporadas en Grandes Ligas, de 1963 a 1989, para seis franquicias: Cleveland, White Sox, Dodgers, Yankees, Angels y Athletics. Terminó con 288 victorias, 700 aperturas y 4,710 entradas lanzadas. Para dimensionarlo en el contexto histórico: es uno de los lanzadores zurdos más duraderos de todos los tiempos; sus 288 triunfos son la tercera mayor cantidad para un pitcher que no ha entrado al Salón de la Fama, solo detrás de Roger Clemens y Bobby Matthews; y es uno de apenas dos zurdos con 700 aperturas (el otro es Steve Carlton).
Managers como Eddie Stanky, en los White Sox, lo incentivaban literalmente con trajes gratis si lograba 20 rodados en un juego completo. Esa filosofía marcó su carrera: menos ponches, pocos jonrones permitidos, entradas y más entradas. El momento que lo cambió todo: la lesión de 1974 Su vida deportiva dio un giro el 17 de julio de 1974, lanzando para Los Angeles Dodgers frente a los Montreal Expos. Le tiró una recta a Hal Breeden y sintió, según sus propias palabras, un “crujido” en el codo izquierdo.
Lo que siguió es una escena que quedó grabada en la literatura del beisbol: la sensación de que el brazo se había quedado atrás mientras el resto del cuerpo seguía hacia home. Salió del juego, avisó al manager Walter Alston que buscara a otro lanzador y pronto se confirmó la pesadilla: rotura completa del ligamento colateral cubital (UCL, por sus siglas en inglés) del codo de su brazo de lanzar.
En esa época, esa clase de lesión equivalía prácticamente a una sentencia de retiro. No había un protocolo establecido para regresar. Simplemente, el codo de un pitcher, una vez dañado de ese modo, se consideraba irrecuperable para lanzar al máximo nivel.
¿Qué es la cirugía Tommy John?
Ante el panorama de fin de carrera, apareció una figura clave: el Dr. Frank Jobe, médico de Los Dodgers. El 25 de septiembre de 1974 realizó un procedimiento experimental con apenas una probabilidad de éxito calculada en por ciento. El concepto básico de la cirugía que luego sería conocida como 'Tommy John surgery' es el siguiente: se extrae un tendón sano de otra parte del cuerpo, generalmente del antebrazo, la muñeca o la pierna del propio paciente; se perforan túneles óseos en el húmero y el cúbito del codo lesionado; ese tendón se pasa a través de los túneles y se fija como un 'puente' que reemplaza el ligamento colateral cubital roto.
En el caso de John, Jobe tomó un tendón del antebrazo derecho, lo colocó en el codo izquierdo y lo fijó con anclajes. El procedimiento duró cerca de cuatro horas. Después fue necesaria una segunda operación para corregir un problema en el nervio cubital, porque John había perdido sensibilidad en algunos dedos de la mano de lanzar.
La apuesta era enorme. Si no funcionaba, John debía asumir que su carrera como lanzador había terminado. Él aceptó. Más tarde contaría que, si no lo intentaba, su futuro estaba en regresar a Terre Haute a vender automóviles.
¿Qué implicaciones tiene la cirugía para un pitcher
La cirugía Tommy John no fue, en su origen, un invento absoluto. Ya se había utilizado la reconstrucción de ligamentos en otros pacientes, incluso en personas con secuelas de polio. Lo revolucionario fue aplicarla a un pitcher de Grandes Ligas con la intención de devolverlo a la élite competitiva. Las implicaciones para un lanzador son profundas: Rehabilitación larga: el proceso de recuperación completa suele tomar entre 12 y 18 meses. No garantiza mejoría: a pesar del mito popular, la cirugía no convierte a un pitcher en una versión 'superior' de sí mismo; su objetivo es regresar a un nivel funcional, no aumentar velocidad.
Cambio en la preparación: el lanzador debe modificar rutinas de trabajo, mecánicas y cargas para proteger el nuevo ligamento.
Riesgo persistente: siempre existe la posibilidad de que el injerto falle o que aparezcan nuevas lesiones asociadas al hombro o a otros segmentos del brazo.
Con el paso de los años, la cirugía se ha vuelto casi rutinaria en el beisbol profesional, incluso en peloteros muy jóvenes, pero el origen fue una apuesta extrema, con un médico y un pitcher dispuestos a desafiar la lógica de su tiempo.
El regreso: del '1 por ciento de probabilidad' al 'Hombre Biónico'
John se perdió por completo la temporada de 1975. La rehabilitación fue, en buena medida, escribir un manual que no existía. No había antecedentes de un pitcher que volviera de una reconstrucción de UCL. Cada paso, cada lanzamiento en bullpen, representaba un terreno nuevo. En 1976, de vuelta con Los Dodgers, terminó con récord de 10-10 y efectividad de 3.09. El simple hecho de estar sobre la loma ya era extraordinario. Sus compañeros y la prensa comenzaron a llamarlo 'El Hombre Biónico'.
Lo que vino después dejó claro que el experimento había sido un éxito histórico: en 1977, registro de 20-7 y efectividad de 2.78, subcampeón en la votación del Cy Young de la Liga Nacional; en 1979, ya con los Yankees, otra temporada de calibre de premio, de nuevo segundo en la votación del Cy Young, ahora en la Liga Americana. Quizá el dato más impresionante: de sus 288 victorias en Grandes Ligas, 164 llegaron después de la cirugía. Es decir, más de la mitad de su carrera ganadora ocurrió luego de lo que se consideraba una lesión terminal.
¿Cómo ha cambiado el beisbol la cirugía Tommy John?
El impacto del procedimiento que lleva su nombre es gigantesco. Lo que empezó como un tiro en la oscuridad se convirtió en uno de los recursos médicos más usados en el deporte profesional moderno.
Hoy, la cirugía Tommy John salva carreras de lanzadores de Grandes Ligas, Ligas Menores, universidades y hasta preparatorias. Es ya un término común en la jerga del beisbol: “se va a hacer la Tommy John”. Ha permitido que pitchers ganen premios Cy Young, vuelvan a su máximo nivel o extiendan sus carreras.
Basta revisar la lista de peloteros que no sólo regresaron, sino que recibieron votos para el Cy Young después del procedimiento: Jacob deGrom, Justin Verlander, Chris Sale, Stephen Strasburg, Shohei Ohtani, John Smoltz, Adam Wainwright, Zack Wheeler, entre muchos otros. En algunos casos, como deGrom, Verlander y Sale, lo hicieron al máximo nivel, ganando el premio tras la reconstrucción de su ligamento.
Lo que una vez tuvo 1 por ciento de probabilidad de éxito se convirtió en una segunda oportunidad estandarizada para brazos de élite. La lesión, que alguna vez era sentencia de retiro, ahora se ve como un bache duro, pero superable.
El Tommy humano: de tartamudear en la escuela al padre golpeado por la tragedia
Fuera del terreno, Tommy John construyó una vida con victorias silenciosas y derrotas demoledoras.
En su adolescencia, fue un estudiante brillante. Se graduó como el mejor alumno de su clase en la Preparatoria Gerstmeyer, en 1961. Sin embargo, sufría un tema de tartamudez lo que llevó a que las autoridades escolares le negaran la oportunidad de dar el discurso de graduación. Esa mezcla de excelencia académica y obstáculo personal marcó desde temprano su relación con la presión pública.
Pudo haber seguido el camino del basquetbol universitario, pero su curva llamó la atención del scout Johnny Schulte y Cleveland lo firmó cuando tenía 18 años. Desde entonces, su vida quedó ligada al montículo.
Su trayectoria familiar vivió golpes muy duros. En 1981, en pleno tramo final de su carrera con los Yankees, su pequeño hijo Travis, de 2 años, cayó desde una ventana de un tercer piso y entró en coma. John dividió sus días entre el hospital y la loma, saliendo solo para abrir juegos en casa. La imagen del veterano zurdo lanzando con el peso de esa angustia es quizá una de las más crudas de su carrera.
Años más tarde, en 2010, otro golpe lo sacudiría aún con más fuerza. Su hijo menor, Taylor, falleció a los 28 años por causas relacionadas con una sobredosis de medicamentos recetados. John respondió creando la fundación 'Let’s Do It', dedicada a la concientización sobre el suicidio y a programas de prevención. Hasta sus últimos años, se mantuvo activo en esa causa. Su vida post beisbol incluyó trabajos como comentarista con Twins y Yankees, y tareas como coach de pitcheo en Ligas Menores con las organizaciones de Expos y Yankees. También se sentó en el dugout como manager de los Bridgeport Bluefish, en la Atlantic League independiente. Nunca dejó de estar cerca del juego.
¿Por qué no está en el Salón de la Fama?
La discusión sobre Tommy John y Cooperstown acompaña su nombre desde hace décadas. Sus 288 victorias, su longevidad, su consistencia y el hecho de que 164 de esos triunfos llegaron después de la cirugía hilvanan un caso muy fuerte.
Los argumentos de quienes cuestionan su ausencia incluyen: - No ganó un premio Cy Young. - Estadísticas tradicionales que, pese a ser sobresalientes, no alcanzan las cumbres de los grandes inmortales (no llegó a 300 victorias, por ejemplo). - Un perfil más de 'gran acumulador' que de superestrella dominante por periodos cortos. Sin embargo, si se amplía el foco más allá del WAR y las victorias, su impacto en la historia del beisbol moderno es indiscutible. De algún modo, su apellido ya está grabado de manera permanente en la narrativa del deporte: en cada reporte médico de ligamento reconstruido, en cada transmisión que habla de peloteros volviendo de “una Tommy John”.
El legado: un nombre que suena en cada rotación
Tommy John se retiró en 1989, tras igualar las 26 temporadas de Deacon McGuire, una marca que luego superó Nolan Ryan. A los 45 años y 317 días cumplidos abrió un Opening Day para los Yankees, convirtiéndose en uno de los abridores más veteranos en hacerlo y el de mayor edad en acreditarse la victoria en Día Inaugural.
Su carrera unió generaciones: compartió clubhouse con Early Wynn, nacido en 1920, y cerró su etapa en Grandes Ligas enfrentando a peloteros como Deion Sanders, nacido en 1967, estrella futura de la NFL.
En números, queda como uno de los zurdos más duraderos y exitosos de todos los tiempos. En influencia, como el punto de quiebre entre la era en que una lesión de codo terminaba carreras y el mundo actual, en el que un pitcher puede escuchar un diagnóstico de ligamento roto sin sentir que sus días al máximo nivel han terminado. Su historia responde a muchas preguntas clave sobre el beisbol moderno:
Sí, porque cada vez que un lanzador regresa al montículo después de una larga rehabilitación de UCL, la sombra de Tomás Edward John Jr., el zurdo de Terre Haute que se negó a aceptar el diagnóstico final, vuelve a subirse a la loma con él. Y, aunque su placa aún no esté en Cooperstown, su apellido ya es parte de la enciclopedia del beisbol.
Información de ESPN Research y Major League Baseball fue utilizada en esta nota.
