Chapman puso interesante la Serie Mundial

Los fans de los Cachorros de Chicago, los fans de los Indios de Cleveland, los espectadores neutrales, el escritor especializado, ese que pasa el tiempo cambiando de canal, y hasta el perro somnoliento; no importa quién eres o por qué estás en sintonía con el béisbol en este apasionante mes de octubre. Cuando Joe Maddon salió al montículo en la séptima entrada la noche del domingo, durante el juego 5 de la Serie Mundial, y señaló con su mano izquierda para el bullpen para convocar al endemoniado lanzallamas cubano, Aroldis Chapman, se sintieron cosas.

Se sintió confianza. Se sintió miedo. Se sintió como si estuvieras viendo a los jugadores al límite de sus capacidades. Se sintió cómo un manager estaba escogiendo este momento para tomar una decisión final. Era Neo deteniendo las balas, era Anton Chigurh lanzando una moneda, era Rocky bebiendo huevos crudos, era Danny Ocean llevando a cabo el plan. Creo que esas sensaciones, nuestras sensaciones harán a los managers más inteligentes en los próximos 30 años, de lo que lo han sido en los pasados 30 años, porque esas sensaciones son las que también cada persona en el campo está sintiendo.

Algunos antecedentes: Lo qué hizo Maddon -trayendo a su cerrador Aroldis Chapman para sacar ocho outs y proteger una ventaja de una carrera- no es algo sin precedentes. En mis manos tengo una lista de todo lo que ha sucedido en un partido de béisbol, y acá dice que hace sólo dos semanas y media los Dodgers colocaron a Kenley Jansen en la séptima entrada para tratar de salvar el juego 4 de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional. (Jensen logró preservar la victoria de Clayton Kershaw.) Brad Lidge intentó un salvamento de ocho outs en la Serie Divisional de 2004 (pero perdió la oportunidad), y también lo hizo Norm Charlton en la Serie Divisional de la Liga Americana en el 1995 (la arruinó) y bien, si regresas a la década de los 70' encuentras a Rollie Fingers...

La lista de ejemplos recientes es escasa ya que este es un movimiento poco convencional. Controvertido, incluso. Es posible que incluso haya provocado controversia dentro del pequeño grupo de personas paradas en el montículo en el Wrigley Field cuando Joe Maddon entregó la pelota. Dijo Chapman a principios de este año que entrar a conseguir un salvamento de cuatro outs "no es mi cosa favorita". A lo que Maddon dijo en ese momento, "No sabía eso. No que importe mucho".

No será "la cosa favorita" de Chapman, pero sospecho que es la cosa favorita para cada uno de sus compañeros de equipo. Me dio la sensación que cada uno de ellos estaba animando.

Gran cantidad de analistas desean equipos que hagan complicadas decisiones. Por ejemplo, en las últimas temporadas bajas he pasado mucho tiempo argumentando en contra de los managers que durante los playoffs apuestan a sus ases con poco descanso, incluso en juegos que tienen que ganar obligatoriamente. El argumento es simple: en años recientes tenemos muchas docenas de ejemplos de grandes lanzadores que van con poco descanso, y una muestra convincente de ellos suele estar por debajo de su talento en esas aperturas. Incluso peor que la mayoría de los integrantes del cuerpo de lanzadores; el cuarto abridor es probablemente una mejor opción que un as cansado. (Klüber y la rotación de tres hombres de los Indios están exceptuados).

Este es un argumento simple, pero una decisión complicada, porque es emocionalmente poco atractiva. Puedo tratar de convencerte con lo que los griegos llamaban Logos -un actor lógico- o puedo tratar de convencerte con lo que ellos llaman Ethos -mi posición de ley- pero voy a perder el argumento profundamente si se trata de Pathos: atractivo emocional. Es más satisfactorio emocionalmente ir con el as. El equipo quiere, el as lo quiere, los fans lo quieren, el manager lo quiere.

Con Chapman en la séptima entrada, sin embargo, no necesito tablas con algún índice explicativo para convencer a nadie. El argumento es simple -el juego está encaminado y Chapman es el mejor, el más emocionante, el más dominante, el más intimidante que tenemos -y por eso, también es la decisión: ¿No sería divertido verlo? No tienes que convencer a nadie para comer postre, y no tienes que convencer a nadie de que Chapman es bueno y divertido como el diablo.

La cita de Maddon a partir de agosto -"No que importe mucho"- es magnífica, pero para muchos managers, sí importa. Por un lado, los claros y rígidos roles del bullpen son a menudo necesarios para sortear una larga temporada. Ellos limitan cuán frecuente un relevista tiene que calentarse para un juego en el que no es llamado a lanzar, ayudan a los relevistas a controlar sus emociones por un trabajo agotador y de alta responsabilidad. La jerarquía de las funciones podría tener algún beneficio en la política del lugar de trabajo, y así sucesivamente.

Pero los managers en las últimas tres décadas no sólo han preferido papeles rígidos en sus bullpen. Han construido esos roles alrededor de la estadística de salvados. Lo hacen de manera que sea casi una farsa a veces: no traen al mejor relevista en la novena entrada o en un juego empatado en casa, porque un salvado sería imposible. O inmediatamente traen un cerrador en un juego de cinco carreras con dos outs en la novena una vez que la carrera del empate está esperando turno -viene siendo, por el libro de reglas, una situación de salvamento, a pesar de que también es más o menos el 99,4 por ciento de probabilidad de que este "cierre" del juego ya haya sido decidido.

No hay nada personal del manager para coleccionar los salvamentos de su cerrador, y parece sospechoso que una definición de medio siglo de antigüedad de un juego salvado, perfectamente alinee con la forma en que casi todos los managers de hoy determinan al cerrador. Entonces, ¿por qué se siguen las reglas del salvamento tan de cerca? Ellos se las arreglan para el conseguir el salvado porque están dirigiendo personas, y las personas -los cerradores y sus compañeros de equipo- quieren ver lograr los salvamentos. Para convencerlo de lo contrario, puede intentar con Logos o puedes probar con Ethos, pero es probable que vayas a requerir a Pathos después de todo. Y si empezamos a ver suficientes juegos como este -donde es obvio que todo el mundo se divierte, y donde funciona- vamos a ver más de ellos. Sobre todo en la postemporada, cuando el calendario lo permite y la importancia de cada partido lo demanda, pero con mayor frecuencia en la temporada regular de modo que los relevistas estén más preparados para hacerlo en octubre.

Maddon, por su parte, preparó temprano a Chapman en el día para lo que iba a pedirle hacer. Habló con él antes del partido y le dijo que debía estar listo para la séptima entrada. Chapman, una vez que se hizo cargo, se pavoneó alrededor del montículo, aplaudió junto con el resto de Wrigley Field y después de cada out agitó su puño contra su guante. Cuando terminó la octava entrada con un ponche -con la carrera del empate en tercera- se enderezó y permaneció inmóvil por un momento, como si estuviera posando. Parecía que posaba para una estatua. Como para ser recordado como un Dios.

Chapman parecía estar de buen humor después del partido:

Tenía razones para estar feliz. Además de la victoria, actuó en los momentos más dramáticos de esta serie, e hizo algo que Mariano Rivera, Billy Wagner, Craig Kimbrel y Francisco Rodríguez nunca hicieron. No sólo salvó a los Cachorros, sino que salvó a la serie misma.

Hasta el Juego 5 esta serie había sido una de las menos memorables en la historia reciente. En la última década, 54 partidos individuales de la Serie Mundial han sido jugados antes del domingo. Por el índice de importancia -una medida para lo que está en juego en cada aparición en el plato- tres de los partidos de la serie de este año dieron sueño, y dos de ellos están entre los 10 peores. Lo que es peor, los Indios amenazaban con poner fin a la serie en cinco juegos y garantizar una de las series más fáciles de olvidar en las últimas décadas.

La entrada de Chapman significó que los Cachorros empujaran la Serie Mundial a Cleveland para un sexto juego, o que los Indios, al menos, tengan que producir en su casa para sellar la victoria. "Desde una perspectiva de entretenimiento, si eres un aficionado al béisbol o en busca de convertirte en un aficionado al béisbol, fue maravilloso esta noche", dijo Maddon después del partido.

Si había algo que faltaba, desde el punto de vista de entretenimiento, fue Andrew Miller; lo cual también podríamos acreditarlo por el natural deseo humano de querer ver al mejor lanzador en el juego en todo momento. El sábado Francona apostó por Miller en la séptima entrada con Cleveland arriba por tres. Probablemente fue una extralimitación -con ese tipo de ventaja, y Miller quizá estaba furioso después de un mes extraordinario. Hubiese optado por utilizar a Dan Otero u otro relevista para tratar de evitar el uso de Miller. (Lanzó 1⅓ innings el viernes.) Cuando Cleveland anotó tres carreras más en la parte in0ferior de la séptima, Francona todavía envió de vuelta al box a Miller para la octava, y en última instancia, tiró 27 lanzamientos en una relativa discreta salida. Miller estaba disponible el domingo, pero ciertamente no para lanzar mucho. Si hubiera sido - había tomado el sábado libre por completo-, que no es inconcebible, que Francona llegase a cubrir hasta seis entradas con Miller y Cody Allen, en lugar de tratar de conseguir que Trevor Bauer pasará más allá de la cuarta entrada.

Por desgracia esa no era una opción. Lo más probable, Allen y Miller podrían haber manejado tres o cuatro como máximo. Es difícil estar demasiado enojado con Francona. Traer a Miller el sábado se sintió probablemente como poner una bota sobre los Cachorros en el Juego 4. Probablemente se sintió bien. Cuando tienes a Andrew Miller -o un Aroldis Chapman- cualquier persona sana quiere usarlo hasta que él no pueda más.