Brewers, máquina imparable de victorias: 'Win our way'

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Los Rays desafían a la historia con el brazo de Freddy Peralta (3:33)

'Win our way' es el eslogan que define a Brewers, el equipo imparable que está a dos triunfos de su primer título de Serie Mundial


Win Our Way es más que un simple eslogan interno. En Milwaukee define un modelo que hoy tiene a los Brewers a dos triunfos de su primer título de Serie Mundial, con récord de 103 victorias en temporada regular, barrida sobre los bicampeones Los Ángeles Dodgers en la NLCS y una racha activa de siete triunfos en playoffs. Su dominio se apoya en tres pilares claros: un bullpen casi imbateable, una ofensiva que activa el poder justo cuando la situación lo requiere y una gran capacidad para explotar cada error del rival.

El Juego 2 ante Tampa Bay ofrece una radiografía precisa. Los Rays llegaron a una ventaja de 4-0 en la primera entrada y obligaron a recurrir temprano al relevo de Milwaukee, algo que el manager Pat Murphy asume sin dramatismo porque forma parte del plan: abridores que pueden salir temprano del juego y un bullpen preparado para cubrir más de la mitad de los outs. Desde ese punto, los Brewers firmaron cinco carreras sin respuesta, volvieron a imponerse en el último tercio del juego y agregaron otro dato estadístico contundente: superan a sus oponentes 15-2 a partir de la séptima entrada en esta postemporada.

La primera explicación de esa superioridad se encuentra en el relevo. En sus primeras 40.2 entradas de playoffs, el bullpen de Milwaukee sólo admitió seis carreras limpias, con efectividad de 1.33. Aaron Ashby, DL Hall y Trevor Megill concentran 20.1 episodios en blanco con apenas siete hits permitidos, cifra que convierte cualquier ventaja mínima en un muro. Ashby se ubicó ya en un territorio histórico con 15.2 entradas sin carrera en esta postemporada y una seguidilla de seis apariciones consecutivas de, al menos, cinco outs sin permitir anotación. Además, el dato colectivo refuerza la magnitud del grupo: los Brewers suman ocho victorias acreditadas a relevistas, empatan a los Royals de 2015 con la mayor cifra en una sola postemporada y se convierten en la primera franquicia que logra, al menos, ocho triunfos de bullpen en sus primeros 10 juegos de octubre.

Además del rendimiento, impresiona el perfil del grupo. Uribe, Ashby, Megill y compañía empujan la media de velocidad del bullpen por encima de las 98 millas, segundo relevo más rápido desde que existen datos de tracking. JoJo Romero, con una tasa de ponches de 47 por ciento en octubre, funciona como brazo específico para apagar rallies. Las cargas de trabajo han sido altas —Uribe en siete de los ocho juegos, Ashby en seis—, aunque la barrida sobre Dodgers otorgó una semana completa de descanso antes de la Serie Mundial.

El otro gran cambio aparece en la caja de bateo. Durante la temporada regular, los Brewers se ubicaron en el lugar 28 de MLB en cuadrangulares, pero terminaron segundos en carreras anotadas y primeros en porcentaje de embasarse (.341). Es decir, produjeron sin depender del jonrón, con boletos, contacto y corrido agresivo en bases. En octubre el guion se mantiene sin cambios, aunque se añade un matiz decisivo: ahora sí aparece el batazo largo cuando más se necesita. Milwaukee lidera la postemporada en jonrones, slugging y OPS; 11 vuelacercas en 10 juegos, ocho de ellos para empatar o tomar la ventaja.

El cuadrangular de Sal Frelick en el Juego 2 encaja en esa lógica. Con el juego empatado, el jardinero zurdo abrió la sexta entrada con un palo solitario ante el también zurdo Ian Seymour, pese a que en toda la temporada regular solo registraba un jonrón frente a lanzadores de ese perfil. Antes fueron los batazos de Jake Bauers sobre el staff de Dodgers en la NLCS o los cañonazos de William Contreras y compañía en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional. En temporada regular la ofensiva de Milwaukee no giró alrededor del poder, aunque en octubre el equipo demuestra que también puede ganar por la vía larga cuando la situación lo exige.

El tercer factor diferencial radica en la gestión de las pequeñas ventajas y en la resiliencia. Los Brewers terminaron la campaña con el mejor diferencial de carreras de MLB, top 5 en sacrificios, quintos en bases robadas (162) y una de las defensas más sólidas del circuito. En el Juego 2 de la Serie Mundial, esa identidad reapareció al detalle: cinco robos de base, máxima presión sobre un equipo de Tampa que normalmente se caracteriza por minimizar errores, y un rally decisivo que nació de situaciones bien leídas más que de un sólo swing. A nivel de tendencia, Milwaukee ya figura como el primer equipo que gana siete de sus primeros ocho juegos de postemporada después de ir abajo en el pizarrón, se acerca al récord absoluto de remontadas en un mismo octubre (ocho, marca que comparten los Royals de 2015, los Angels de 2002 y los Marlins de 1997) y consolida una imagen de club al que no conviene dar por muerto.

Todo esto ocurre dentro de un marco estratégico muy definido. Fieles a Win Our Way, los Brewers no presentan una sola versión de juego. Se apegan lo mismo a los fundamentos que al intercambio de batazos, pueden ganar con un abridor que llega a la quinta entrada o con un esquema puro de bullpen. Pat Murphy, uno de los managers más respetados del momento, aprovecha esa flexibilidad: protege de forma consciente a su as generacional Jacob Misiorowski, ajusta órdenes al bat sin temor y utiliza el relevo con una agresividad que no obedece al manual tradicional, sino a la información y a la situación concreta.

La estructura deportiva general refuerza ese presente. Bajo la dirección de Matt Arnold, el club se consolidó como ejemplo de organización de mercado pequeño que compite año tras año a partir de desarrollo interno, cambios inteligentes y un estilo reconocible basado en pitcheo, defensa, OBP y presión en las bases.

El balance final explica por qué estos Brewers lucen como un equipo prácticamente inalcanzable. Poseen el bullpen más dominante de la postemporada, un lineup capaz de fabricar carreras de múltiples maneras, un uso del poder tan selectivo como efectivo y una disciplina para exprimir los errores ajenos que pocas veces identifica a un grupo tan joven.

Con Murphy al mando y con la Serie Mundial inclinada a su favor, Milwaukee ya no ocupa el lugar de sorpresa de octubre. Se sostiene, por rendimiento y estructura, como un aspirante legítimo al título y como el equipo que mejor representa el concepto de ser, en este momento, un roster imparable.