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Los retiros más indignos de leyendas de la NFL

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El difícil arte de saber cuándo decir adiós (1:15)

Varias figuras de la NFL han extendido su carrera sólo para salir por la puerta de atrás de una liga en la que alcanzaron el estatus de leyenda. (1:15)

Pocas cosas provocan tristeza y lamento en la NFL como ver la carrera de una estrella terminar con más pena que gloria.

Con el paso del tiempo, esas carreras toman su debida dimensión y son recordadas como el marco de grandes hazañas y conquistas, pero eso no borra el deseo de propios y extraños de que hayan tenido un final más adecuado al tamaño de sus protagonistas.

Echemos un vistazo a los últimos actos de grandes figuras en la historia de la NFL y que, a diferencia de lo que hicieron durante sus respectivas trayectorias, no pudieron decir adiós como las estrellas que fueron.

FRANCO HARRIS

Pittsburgh Steelers (1972-83); Seattle Seahawks (1984)

La imagen de quien llegó a ser considerado el mejor corredor de su época sentado solo en la banca es la que prevalece en la memoria del último año de Franco Harris en la NFL.

La “Cortina de Acero” es, quizá, lo primero que llega a la mente cuando se hace mención de la dinastía de los Steelers en los años 70s, pero Harris fue uno de los pilares de aquel equipo al frente de un ataque terrestre físicamente dominante y que fue, en amplia medida, también responsable de que Pittsburgh ganara cuatro anillos de Super Bowl.

Harris corrió para mil o más yardas en siete de sus primeras ocho campañas y fue al Pro Bowl en las primeras nueve. Su producción bajó en sus últimos cuatro años con los Steelers, pero en 1983, luego de tres campañas de no lograrlo, el número 34 logró rebasar las mil yardas.

Esa mala treta del destino motivó a Harris a pedir un nuevo contrato a los Steelers, que nunca se han caracterizado por dar acuerdos millonarios a sus jugadores, y el corredor fue cortado en la pretemporada de 1984.

Harris, quien tenía 11 mil 190 yardas por tierra en su carrera en ese momento, firmó con los Seattle Seahawks. Estaba cerca de rebasar al entonces poseedor de esa marca en la historia de la liga, Jim Brown (12 mil 312), pero no lo logró.

Con los Seahawks, Harris tenía el rol de corredor suplente y jugó sólo en ocho partidos, seis como titular por la lesión en la rodilla que sufrió en la Semana 1 el titular Curt Warner, en ninguno rebasó las 100 yardas y en total y sólo sumó 170.

Harris quedó a 193 yardas de retirarse como el corredor más productivo en la historia de la NFL, pero sus piernas no dieron para más.

Al extender su carrera un año, Harris perdió la oportunidad de decir adiós como un corredor de mil yardas y con la distinción de haber jugado sólo para un equipo.

DAN MARINO

Miami Dolphins (1983-99)

La carrera de uno de los quarterbacks más prolíficos y espectaculares en la historia de la NFL definitivamente merecía un mejor final.

Cuando dijo adiós, Dan Marino lo hizo como dueño de una amplia cantidad de récords para un quarterback, incluidos los más importantes, yardas por aire (61 mil 361), pases lanzados (8 mil 358), completos (4 mil 967) y de anotación (420).

En 1999, su último año en la liga, Marino llevó a los Dolphins a Playoffs y los hizo avanzar a la Ronda Divisional. Esa es la nota buena. La mala es que su último juego en la NFL fue para el olvido. Ni siquiera pudo terminar el duelo en el que los Jacksonville Jaguars apalearon 62-7 a Miami.

Marino completó sólo 11 de 25 pases para 95 yardas y un touchdown, el cual lanzó cuando los Jaguars ganaban 41-0. Sufrió dos intercepciones y dejó el duelo en los primeros minutos del tercer cuarto.

Los números que tuvo en ese encuentro, sin mencionar la humillante derrota, simplemente no van con el tamaño de una figura como Marino.

BO JACKSON

Los Angeles Raiders (1987-90)

La presencia de Bo Jackson en esta lista está justificada por la forma en que tuvo que decir adiós al futbol americano, pero, también por lo que ese abrupto retiro nos hace imaginar.

Considerado por varios como el mejor atleta en la historia del deporte profesional, Jackson ganó el Trofeo Heisman en 1985 como adelanto de lo que sería su carrera profesional en dos ligas, la NFL y Grandes Ligas.

En 1986, Jackson fue reclutado por los Kansas City Royals en la cuarta ronda del draft amateur (había sido tomado en ese draft por los Yankees en 1982 y en 1985 por los Angels) de Grandes Ligas y en la NFL, fue reclutado por los Tampa Bay Buccaneers con la primera selección global, aunque se negó a jugar para ellos, por lo que fue elegible para el draft de la NFL al año siguiente, en el que fue tomado por los Raiders en la séptima ronda.

No jugó futbol americano y beisbol al mismo tiempo. Los Raiders le permitieron reportar con ellos cuando terminara la temporada de Grandes Ligas.

Su desarrollo comenzó a notarse en 1989, cuando fue al Juego de Estrellas de Grandes Ligas y tuvo su mejor temporada en la NFL al correr 950 yardas, promediar 5.5 yardas por carrera con cuatro touchdowns en 11 juegos, nueve como titular.

En 1990, jugó en 10 partidos con los Raiders, que llegaron a Playoffs, donde, en la Ronda Divisional ante los Cincinnati Bengals, sufrió una seria lesión en la cadera en lo que podría considerarse una jugada de rutina por la banda y en la que tuvo una buena ganancia de yardas.

Las imágenes de Jackson como jardinero y bateador con los Royals, sus carreras en la NFL y su capacidad de jugar dos deportes durante nueve meses seguidos por varios años lo hicieron una sensación.

Sin embargo, la lesión en la cadera descarriló una carrera que prometía ser la más espectacular en la historia del deporte profesional. En aquella jugada contra los Bengals, Jackson sufrió la dislocación de la cadera y aunque se le reacomodó, más adelante, los doctores detectaron daños serios que requerían que la cadera fuera remplazada y que su carrera en la NFL llegara a su fin.

En sus cuatro años en la NFL, jugó en 38 partidos, 23 como titular, corrió para 2 mil 782 yardas con 16 touchdowns y un promedio de 5.4 yardas por carrera.

En 1991, los Royals cortaron a Jackson, quien logró jugar esa campaña con los Chicago White Sox antes de ausentarse toda la temporada de 1992, mientras se rehabilitaba por el remplazo de la cadera.

Ya no fue el mismo en sus últimos dos años como deportista profesional, el último con los entonces Los Angeles Angels en 1993, pero lo que hizo de 1986 a 1990 fue suficiente para impresionar a propios y extraños y hacerlos imaginar qué hubiera hecho de no haber sufrido aquella lesión.

BRETT FAVRE

Atlanta Falcons (1991); Green Bay Packers (1992-2007); New York Jets (2008); Minnesota Vikings (2009-10)

La racha de juegos consecutivos como titular que inició en 1992 tendría que llegar a su fin en algún momento, pero no de la forma en que sucedió 18 años después.

Brett Favre se convirtió en uno de los quarterbacks más productivos y espectaculares en la historia de la NFL tras superar algunas fracturas, dolores y pesares personales para jugar semana a semana, pero una conmoción fue demasiado para el considerado Hombre de Hierro del deporte profesional de Estados Unidos.

La noche del 20 de diciembre de 2010, los Vikings usaron el estadio de la Universidad de Minnesota, al aire libre, como su casa temporal, luego de que el techo del ahora desaparecido HHH Metrodome colapsó por la nieve acumulada durante una tormenta.

Los Vikings estaban acostumbrados a jugar bajo techo y esa noche, frío era intenso con temperaturas de hasta -23 grados centígrados (9 Farenheit) que provocaron que el pasto artificial del campo se endureciera por el clima helado.

En el segundo cuarto de aquél duelo ante los Chicago Bears, Favre, quien había soportado todo tipo de golpes en su carrera, sacó una jugada de pase en la formación Shotgun y dio unos pasos hacia atrás. El ala defensivo Corey Wooton fue tras él y lo capturo. En el proceso, lo abrazó y ambos giraron, pero al caer, la parte izquierda del casco de Favre pegó contra el endurecido piso y no se movió.

Esa fue la última jugada en la NFL de Favre, quien se retiró después de la temporada 2010.

En general, los desenlaces no fueron amenos para Favre. Su último pase con los Packers fue una intercepción que selló la victoria de los New York Giants en la Final de la NFC de la temporada 2007 y en 2009, cuando los Vikings parecían tenerlo todo para volver al Super Bowl, el ímpetu que hizo a Favre una estrella en la NFL lo traicionó al ir en contra de una de las reglas para un pasador y cruzar un pase que los Saints interceptaron para ser ellos quienes avanzaran al juego por el título de la NFL.

Ese ímpetu fue responsable también de que Favre se retirara como el quarterback con más intercepciones en la historia de la liga (336).

JOHNNY UNITAS / JOE NAMATH

Uno revolucionó la posición de quarterback en una época en la que el juego terrestre dominaba el panorama de la NFL y el otro, con su personalidad extrovertida y buen desempeño en el campo, ayudó a afianzar la popularidad de la liga.

Sin embargo, el final de sus carreras es testimonio de que Johnny Unitas y Joe Namath no supieron cuándo parar.

No es un cliché. La historia de la NFL no podría comprenderse sin mencionar los aportes de Unitas y Namath, quienes midieron fuerzas en el mítico Super Bowl III.

Unitas no es reconocido como un quarterback prolífico al nivel de Dan Marino o Drew Brees, pero era lo suficientemente eficiente para hacer de su ataque aéreo uno de los más preocupantes para las defensivas rivales.

En 1959 ganó el premio como Jugador Más Valioso de la vieja NFL con 2 mil 899 yardas por aire y 32 pases de touchdown. Lo 32 envíos de anotación no palidecen en la actualidad si recordamos que en aquél entonces, las temporadas eran de 14 juegos.

Unitas jugó con los entonces Baltimore Colts de 1956 a 1972, periodo en el que su liderazgo lo hizo guiar a su equipo a ganar dos títulos de la vieja NFL, incluido el mítico triunfo por 23-17 sobre los New York Giants en el Juego de Campeonato de 1958 y el Super Bowl V.

La presencia de Unitas en duelos clave en la historia de la liga dice mucho del tamaño de su leyenda, la cual se apagó con más pena que gloria cuando fue cambiado en 1973 a los San Diego Chargers, con quienes ganó sólo uno de cuatro juegos como titular.

Unitas se midió a los Jets de Namath, quien ya era una figura popular en la vieja AFL y quien ganó más notoriedad con la garantía que hizo y cumplió de ganar el Super Bowl III ante los Colts.

Namath, quien llegó a los Jets en 1965 como primera selección global y terminó tres veces como líder en yardas por aire y cuatro como líder en pases de touchdown en la AFL, cautivó a los aficionados al futbol americano con su personalidad extrovertida y despreocupada que provocó una revolución en la comercialización de la imagen de los jugadores en la NFL.

En 1976, los Jets cambiaron a Namath a Los Angeles Rams, donde el polifacético quarterback terminó con marca de 2-2, 606 yardas por aire, tres touchdowns y cinco intercepciones.