Con nostalgia, Antonio Carlos Santos recordó todo lo que sufrió en Brasil para llegar al recinto de los inmortales
El 10 de noviembre se convirtió en una fecha muy especial para Antonio Carlos Santos, porque fue anunciado como uno de los nuevos integrantes del Salón de la Fama del Fútbol Internacional y considera que este nombramiento es un cierre de oro para su carrera como futbolista.
"Resalto lo que hemos logrado porque uno viene de extracción humilde; vengo de una familia pobre en la cual a mi papá no lo conocí, mi mamá falleció cuando yo tenía siete años y después me fui a vivir a Río de Janeiro con mi tía que me adoptó cuando estaba desamparado".
"Mi tía me ayudó mucho a enseñarme el camino del bien, el de la honestidad y el trabajo, por eso es que trabajé de muchas cosas. En algún momento fui panadero, garrotero, vendedor de periódicos, cargador de pan con leche para la gente rica; en las madrugadas llegaba a mi casa y estudiaba. Esas carencias me ayudaron a no rendirme y seguir adelante porque Dios me dio un don que fue el de jugar al fútbol, además de ser una persona inteligente y visionaria que no sólo depende del fútbol", contó.
No es sencillo salir de las calles de Brasil cuando eres un joven de bajos recursos, pero Antonio Carlos Santos tuvo el valor para alejarse de malas compañías y triunfar en el fútbol que siempre fue su gran pasión.
"En Brasil, nosotros teníamos pandillas como se ven en los Estados Unidos o como las vemos en México, éramos buenos para las peleas y siempre estábamos metidos en problemas, pero en aquel entonces no había tantas armas y afortunadamente no pasábamos de las peleas a puños. Afortunadamente yo nunca tuve el perfil de una persona que pudiera matar a otra, yo siempre fui muy apegado a Dios en ese aspecto y fue muy difícil porque sí estuve envuelto con mi grupo de gente en cosas malas y también para cosas buenas, sin embargo, los mismos compañeros de mi pandilla se daban cuenta de que yo jugaba muy bien al fútbol y que no era una persona para estar ahí metida".
"Fui a probarme a los entrenamientos del Fluminense, en Vasco da Gama, fui a Flamengo y me reprobaron; fui a buscar muchos medios para poder jugar al futbol pero no podía porque no tenía yo recursos para el pasaje, no tenía para zapatos de fútbol, no tenía recursos para traer una ropa bonita como todos los niños quieren hacerlo, sin embargo, me sobrepuse a todo eso, claro que me sentí frustrado y pensé que no llegaría a ningún lado pero Dios no me soltó de su mano", agregó.
En 1979, la perseverancia de Santos rindió frutos cuando debutó con el Fluminense y de ahí inició una exitosa carrera la cual vivió su cúspide con el América a finales de los años '80 y '90.
Santos se dijo agradecido con el deporte que tanto le ha dado y está feliz de que será un inmortal en el interior del salón de la fama.
"Hoy estoy satisfecho porque todo lo que hice en el fútbol culmina con esta entrada al Salón de la Fama; es un lugar donde está mucha gente importante del mundo del fútbol y que tú estés ahí a un lado de ellos es increíble, es una satisfacción que se hace más grande cuando uno voltea el pasado y ve todo lo que sufriste y hoy miras tu presente y estás en lo más alto. Valió la pena todo el esfuerzo y la pena de haber pasado por todo lo que se presentó en la vida para estar ahí metido y ser feliz como hoy lo soy", concluyó.
