Aunque el siglo XXI comenzó bajo la sombra de Brasil, que conquistó el Mundial de Corea-Japón 2002 y las Copas América 2004 y 2007, el paso del tiempo terminó por dibujar otro mapa. Fueron Argentina y España las que construyeron las dos grandes potencias futbolísticas de la era moderna. Con estilos diferentes, pero una misma ambición, ambas gobernaron sus continentes y transformaron la costumbre de competir por títulos en una marca registrada.
La final del Mundial 2026 pondrá en juego mucho más que un título: enfrentará a los dos proyectos que mejor definieron la excelencia futbolística de las últimas dos décadas y que, desde distintos caminos, terminaron encontrándose en la cima del mundo.
España abrió el camino con una era histórica
El despegue del conjunto español comenzó de la mano de Luis Aragonés. Tras la eliminación frente a Francia en el Mundial de Alemania 2006, el entrenador impulsó una renovación que encontró su primera gran recompensa en la Eurocopa 2008, donde La Roja rompió una sequía que parecía interminable.
Aquella conquista fue apenas el prólogo de una obra inolvidable. Con Vicente del Bosque al mando, España alcanzó la gloria en el Mundial de Sudáfrica 2010 y dos años después revalidó su reinado con la Eurocopa 2012, convirtiéndose en la primera selección en conquistar dos Eurocopas consecutivas con un Mundial en el medio.
Durante ese ciclo marcó una época. La posesión, la paciencia y el dominio absoluto de la pelota dejaron de ser solamente un estilo para convertirse en una identidad que maravilló al planeta y redefinió la manera de entender el juego.
La Selección Argentina pasó de las frustraciones a una dinastía
Mientras España escribía las páginas más brillantes de su historia, Argentina convivía con una sucesión de golpes difíciles de asimilar. La Selección perdió las finales de la Copa América 2004, 2007, 2015 y 2016. Como si fuera poco, en el medio quedó a un paso de la gloria al caer en la final del Mundial de Brasil 2014 ante Alemania, una herida que tardó años en cicatrizar.
En 2019, ya con Lionel Scaloni en el banco, el equipo alcanzó las semifinales de la Copa América, donde volvió a cruzarse con Brasil. La derrota no hizo más que fortalecer un proyecto que todavía estaba dando sus primeros pasos.
La historia cambió definitivamente en 2021. La Albiceleste rompió una sequía de 28 años al conquistar la Copa América en el Maracaná frente al rival de toda la vida. Aquella noche dejó de ser solamente un título: fue el nacimiento de una nueva era.
Después llegaron la Finalissima 2022, con un contundente 3-0 sobre Italia en Wembley, el inolvidable Mundial de Qatar 2022 y una nueva Copa América en 2024. Cuatro coronas en apenas tres años que transformaron al conjunto de Scaloni en la gran referencia del fútbol internacional y que, además, le permitieron igualar el hito de los españoles al conquistar de manera consecutiva el torneo continental, la Copa del Mundo y nuevamente el certamen continental.
España también debió reinventarse
Después de tocar el cielo, La Furia atravesó un inevitable recambio. La defensa del título terminó demasiado pronto en la Copa del Mundo 2014, con una inesperada eliminación en la fase de grupos.
La Eurocopa 2016 finalizó en octavos de final y la edición de 2020, disputada en 2021, concluyó en semifinales tras caer por penales frente a Italia.
Los Mundiales tampoco ofrecieron revancha. En Rusia 2018, el conjunto ibérico llegó como candidato, pero quedó eliminado en octavos frente al anfitrión. Cuatro años más tarde, en Qatar 2022, el equipo conducido por Luis Enrique volvió a despedirse en la misma instancia al perder desde los doce pasos frente a Marruecos.
El renacer comenzó con Luis de la Fuente. El entrenador recuperó la esencia competitiva del seleccionado europeo, lo condujo al título de la Eurocopa 2024 y ahora lo devolvió a una final del mundo, algo que no conseguía desde hacía doce años.
Los dos gigantes del siglo se juegan la corona
Los caminos fueron distintos, pero el destino terminó siendo el mismo. Los europeos construyeron primero una gran generación y, tras varios años de reconstrucción, recuperaron su lugar entre la élite. El conjunto sudamericano, en cambio, debió atravesar una larga sucesión de frustraciones antes de encontrar, con Lionel Messi como bandera, un grupo capaz de transformar cada golpe en el impulso definitivo hacia la gloria.
Ahora se encontrarán en el escenario más grande de todos. Entre Copas del Mundo, títulos continentales y ciclos que dejaron una huella imborrable, Argentina y España disputarán la gran final del Mundial 2026. Para la Albiceleste será su tercera definición mundialista en los últimos cuatro Mundiales, una continuidad que confirma una de las etapas más exitosas de su historia. Para La Roja, en cambio, será apenas la segunda final de una Copa del Mundo, dieciséis años después de haber levantado el trofeo en Sudáfrica.
Más que una estrella en juego, el domingo habrá una oportunidad única: definir, frente a frente, cuál de las dos grandes potencias del siglo XXI termina de coronar su legado.
