Luego del Mundial 2026 en el que la Selección Mexicana ilusionó una vez más con Javier Aguirre al frente, inicia una nueva era con un técnico joven que por ahora es visto como esperanza.
LOS ÁNGELES -- En México, especialmente en el futbol, el silencio es la voz altisonante de la mentira. Cuanto más callas, más escondes, cuanto más callas, más temes. Cuanto más callas, más erraste.
Hoy, cuando el mexicano ha vuelto a su ajetreo diario y a su ajedrez de resiliencia, tras inmolarse sin gestos y sin recato, ante los altares de aquella utopía de querer y poder vencer a Inglaterra, el futbol ha quedado con ese sabor amargo y dulzón del desencanto.
Impecable, decía José Luis Alvite: “El amor eterno (y verdadero) es aquel cuyo fracaso (eterno y verdadero) se recuerda siempre”. Eso permite al mexicano, ya sea al aficionado genuino o al advenedizo influencer, reposar con las memorias yertas, sin necesitad de discernir entre una nueva tragedia épica o la épica de una nueva tragedia.
Sí, tras una actuación sobresaliente, ante los desdichados e indigentes parámetros ancestrales de esa, su Selección Mexicana, la afición elige el arrullo de la abnegación, la resignación y el conformismo. Frases que son plegarias y cataplasmas de consuelo: “No damos pa’ más”. “Es nuestro nivel”. “Peor fue lo de Qatar”. “Nunca pasaremos de ahí”.
Y claro, retumba la cantaleta en torno a Javier Aguirre luego de sus tres Copas del Mundo, cantaleta que ni es radicalmente cierta, pero tampoco es tangencialmente cuestionable: “Todo es culpa del Vasco y sus cambios”.
Pero, sí, esta vez hay un pero generoso y cómplice para el futbol mexicano. Como en la mítica Caja de Pandora, tras la mexicanísima liberación cíclica, cuatrienal, de todos los males de su futbol, asoma, desde el fondo, la esperanza. O al menos eso parece ser: la esperanza, esa, con sonrisa de Mona Lisa.
México terminó con cuatro victorias seguidas y la portería virginalmente en ceros. Y a pesar de una jornada de escepticismo ante Sudáfrica, el futbol y sus circunstancias le permitieron al Tri de Javier Aguirre, con sobriedad ante Corea del Sur y Chequia, y luminosidad ante Ecuador, lograr acceder a la antesala de la hazaña, e irrumpir en los pasillos protocolarios del milagro: el Sexto Partido.
Ahí, en ese quinto partido, en esa zona tramposa y entrampada para México, esa fase de dieciseisavos, ahí, apareció Inglaterra, y con ella, el otro universo del futbol, el de los tipos superiores, en la banca y en la cancha.
1.- ¿Se equivocó el Vasco desde el inicio utilizando a Edson Álvarez?
2.- ¿Alargó el ADN de sus errores mundialistas al sacar a Julián Quiñones y a Gil Mora?
3.- ¿Era el único partido, las únicas circunstancias y el único momento perfecto para todas las imperfecciones de Luis Chávez, porque era el único capacitado para poner balones precisos, sabios en la cabeza de los tres centros delanteros que anhelaban el maná de un balón a modo?
4.- Pero Javier Aguirre elige a los trémulos –mental y físicamente—Álvaro Fidalgo y Brian Gutiérrez. Y la otra solución estaba ya en pretemporada con Chivas: Richie Ledezma.
Al final, Javier Aguirre se va casi limpio. Los resultados, bajo el espectro del conformismo, fueron saludables e higienizaron su imagen, pero no lo inmortalizaron, como él lo hubiera querido. No habrá un altar para él, sino una fosa con tres cuerpos rancios. Muy al contrario, porque será el único técnico mexicano que pudo intentarlo tres veces, y las tres veces sucumbió.
¿Su futuro? En este espacio se adelantó hace dos años que el proyecto original del infausto Juan Carlos Rodríguez (La Bomba, para sus cuates y sus víctimas), era que Javier Aguirre se hiciera cargo, en mando paralelo con Mikel Arriola, de todo el desarrollo deportivo del futbol mexicano. Desde lidiar ante la #YuntaDeDueños hasta revisar protocolos de selecciones menores. Tras la implosión de La Bomba, todo quedó en el aire, pero no totalmente cancelado.
De hecho, si Emilio Azcárraga Jean y Bernardo Gómez logran convencer al Vasco de que ocupe el puesto de Comisionado Deportivo, sería la mejor forma de proteger el proceso de Rafa Márquez, quien tendría, sin entrometerse en la cancha, al mejor guardaespaldas, al mejor guarura, al mejor custodio.
México estuvo, más que arrullado, impulsado por la tribuna. Aunque nunca un gol haya caído desde la fila 23, cobrando un disparo, al lado del cubetero de cervezas y de la doña de los cueritos, aunque eso nunca ha pasado, México se vio inflamado y soflamado, como un Ícaro fervoroso hasta que el sol inglés lo sentenció y le quemó las alas. Pero, Aguirre devolvió eso, la afinidad pasional fascinante, necesaria, inigualable, entre su gente y sus legionarios.
Pero, se mencionaba la esperanza, el hada oculta en los repliegues obscenos y oscuros de Pandora. Ahí está, con un nuevo proyecto. Con una nueva generación de futbolistas, que, en cuatro años, algunos tal vez ya en el extranjero, lleguen, como tantos predecesores, con las cicatrices dolorosas del Mundial.
¿Está capacitado Rafa Márquez para el desafío? Tácticamente, técnicamente, seguramente sabe más que Javier Aguirre. El problema puede ser su personalidad. No es el tipo manipulador ni con el poderoso léxico, ni el gesto intimidante y arrugado de ese mastín chino, un Shar Pei en celo. Rafa Márquez es más de fe que de rigor en el manejo del futbolista; apela al instinto maternal y a la furia personal e íntima, más que al del desalmado padrastro que puede ser Aguirre. Pero algo debió haber aprendido.
Hasta este momento, luce improbable que su auxiliar sea Andrés Guardado, quien tiene ofertas del Betis para sumarse a un proceso de formación, desarrollo y hasta la consolidación, para ser una alternativa en el cuerpo técnico sevillano. Guardado sabe la impureza emocional y la inestabilidad en las promesas con que se maneja el futbol mexicano. Betis ofrece solidez a largo plazo.
Se habla de Juan Manuel Lillo, un entrenador que no ha ganado nada importante como director técnico, pero que asume y suma 11 títulos como auxiliar de Pep Guardiola y Jorge Sampaóli, además de gozar de respeto de sus congéneres, quienes lo consideran la mejor enciclopedia viva y vivaz de la escuela de Johan Cruyff.
El desafío de Rafa Márquez de cara al Mundial 2030 goza de muchas bondades, pero que, a la vez, son también escollos. Alrededor de 50 partidos en su ruta a la locura demográfica y geográfica que será la demencial Copa del Mundo con 64 equipos a jugarse en seis países.
Rafa Márquez deberá encarar una serie de responsabilidades tan deliciosas como peligrosas. Saldrá a bailar con la Mata-Hari de los resultados, ante las cabecitas tendenciosas, ignorantes y veleidosas de los directivos mexicanos.:
1.- La Copa América 2028, que tendrá de sede a Estados Unidos y que la FMF negocia albergar al menos al grupo de México en la fase de grupos.
2.- Además, le esperan al menos 12 Fechas FIFA hasta 2030, algunas de ellas ocupadas por la eliminatoria mundialista. La Concacaf aún no determina si dará pase automático hasta una segunda o tercera ronda a México, Estados Unidos y Canadá.
3.- Márquez carga con la herencia incómoda del Vasco Aguirre: le esperan dos Copas Oro y otras Nations League, en las cuales deberá corroborar el mando en la zona.
4.- Aparecen también 20 partidos bajo la égida de SUM, especialmente con los nuevos contratos, tras la euforia generada por el Tri en Estados Unidos durante la Copa del Mundo.
5.- México será sede del Premundial Sub-20, que otorga cuatro boletos al Mundial de la especialidad, pero sólo uno a los Juegos Olímpicos de Los Ángeles. Rafa Márquez accedió a ser sólo visor y consejero eventual. El torneo se jugará en Puebla y Ciudad de México entre el 24 de julio y el 9 de agosto.
Para ese lapso de preparación y de retos durante casi cuatro años, Rafa Márquez dispondrá de una generación de futbolistas muy distinta a la de Javier Aguirre. Unos cuantos veteranos y otros pujantes por la gran oportunidad. Ni los Ochoa, ni los Edson, ni los Romo o los Sánchez,
Chávez, Vega, Gallardo, Jiménez, Memote, etcétera, estarán en el proyecto 2030, aunque eventualmente algunos participen en el proceso.
Pero estarán en su mejor forma los Tala, Malagón, Salas, Johan, Montes, Mateo, Huescas, los Brian y Bryan de Chivas, así como la Hormiga, Ledezma, Montiel, Castañeda, entre una larga lista de prospectos, estrictamente eso, prospectos.
Y claro, con 64 equipos, ya la meta del Tri no será jugar un quinto partido, ni un sexto partido, sino, tal vez, un Séptimo Partido.
Pero para la fantasía cíclica, y el espíritu nómada del aficionado mexicano, las cenizas de este Mundial 2026, y las memorias desde el Pato Merlín, hasta los “vuelos” suicidas y la devoción adoptiva camaleónica por todo aquel de otra raza, otro credo, otra lengua y otro color, estará a la espera de saber hacia donde enfocar ahorros y visados, preferentemente hacia España, Portugal o Marruecos.
Porque sí, porque la esperanza es el único y el último valor incanjeable e intransferible del que siempre encuentra roto el último puente, y sólo descubre que ya sólo queda una sola ruta, de vuelta a Comala, el único sitio donde los muertos hablan de futuro y esperanza… siempre.
