Récords, goles, triunfos épicos y un final triste: así fue el Mundial 2026 de Messi

El final en el MetLife Stadium no solo consagró a España como campeona del mundo, también marcó el cierre de una era. A los 39 años, Lionel Messi disputó el que, con todos los indicios, fue el último Mundial de su extraordinaria carrera. Lo hizo como había construido toda su leyenda: siendo el líder futbolístico de Argentina, rompiendo récords y llevando a la Albiceleste hasta una nueva final, la tercera en las últimas cuatro Copas del Mundo.

Un arranque demoledor

Messi dejó claro desde el debut que no estaba en el Mundial 2026 para despedirse, sino para competir por otra Copa del Mundo. Frente a Argelia firmó el primer hat-trick de su carrera en un Mundial y lideró una goleada que confirmó que seguía siendo el futbolista más determinante del torneo.

Cuatro días más tarde volvió a escribir otra página en la historia. Su doblete frente a Austria le permitió superar el registro que compartía con Miroslav Klose y convertirse, de manera momentánea, en el máximo goleador de todos los tiempos en las Copas del Mundo.

La racha continuó durante la fase eliminatoria. Su gol frente a Egipto, en los octavos de final, amplió una secuencia histórica de anotaciones mundialistas y, además, le permitió igualar los ocho tantos de Guillermo Stábile en Uruguay 1930, la mayor cifra conseguida por un futbolista argentino en una misma edición de la Copa del Mundo.

El líder de una Argentina finalista

El líder de una Argentina finalista Más allá de los récords, el Mundial volvió a confirmar que Messi seguía siendo el corazón futbolístico de la Selección Argentina.

Terminó el torneo con ocho goles y cuatro asistencias, participando directamente en 12 anotaciones del equipo de Lionel Scaloni. Fue elegido figura del partido en casi todos los encuentros que disputó y apareció una y otra vez cuando el contexto exigía que lo hiciera.

En los octavos lideró la sufrida victoria por 3-2 sobre Egipto. En los cuartos fue determinante en el 3-1 frente a Suiza.

Y en semifinales escribió otro capítulo inolvidable. Argentina perdía frente a Inglaterra, pero Messi tomó el control del partido y asistió en los dos goles de la remontada. Primero encontró a Julián Álvarez para el empate y luego habilitó a Lautaro Martínez para el 2-1 definitivo, una clasificación épica que ya ocupa un lugar entre las noches más memorables de la historia de la Albiceleste.

El paso que faltó... y la amargura final

Solo quedaba un partido para completar una despedida perfecta.

La final fue una batalla táctica, intensa y cerrada. Durante noventa minutos ninguno de los dos equipos encontró espacios para romper el cero. Emiliano "Dibu" Martínez sostuvo a Argentina con varias intervenciones decisivas y parecía empujar el encuentro hacia una definición dramática.

Sin embargo, la expulsión de Enzo Fernández en el cierre del tiempo reglamentario cambió el escenario. Con un hombre menos, Argentina resistió como pudo hasta que, en el alargue, Ferran Torres encontró el gol que le dio a España el 1-0 definitivo y su segunda Copa del Mundo.

Messi peleó hasta la última pelota. Corrió, pidió el balón, intentó generar una oportunidad más, pero esta vez el fútbol no le concedió otro milagro. Aunque desde un tiro de esquina, ejecutado por Leo, le quedó una pelota a Giuliano Simeone que disparó y la pelota se fue por arriba. El empate no llegó.

Cuando el árbitro marcó el final, el capitán argentino se llevó las manos a la cabeza. Instantes después llegaron las lágrimas. No eran únicamente las de un futbolista que acababa de perder una final. Eran las de un campeón que veía escapar la posibilidad de despedirse como bicampeón del mundo, el cierre perfecto para una carrera irrepetible.

Su imagen recorrió el planeta. Porque el dolor no se sintió únicamente en Argentina. Millones de aficionados, incluso aquellos que no vestían la camiseta albiceleste, entendieron que estaban presenciando el último capítulo mundialista del jugador que marcó una época.