Nico Paz, entre Maradona y Messi: los hilos de una historia tejida en los tiempos del "eslabón perdido"

Es tentador ponerse a pensar si fue azar o si hubo algún movimiento cósmico que hizo girar el bolillero de tal manera que los dos futbolistas más grandes de la historia nacieran en un país recóndito y austral llamado Argentina. Diego Armando Maradona y Lionel Andrés Messi. D10s y la Pulga.

Entre el Diego y Leo jugaron 10 de los últimos 12 Mundiales. Y podrían haber sido más. Pero ya llegaremos ahí. El tema es que, desde que la Cabra rosarina publicó su carta diciendo “adiós, nos vemos, me vacié”, los demás andamos mirando el suelo, pateando piedritas con la cabeza gacha, empezando a sentir el gustito de esa nostalgia que recién empieza.

Todavía, el Mundial 2030, el del centenario, nos queda demasiado lejos. Aunque a veces levantamos la vista y miramos al cielo, armando formitas con las estrellas, esperando ver un guiño, algo que nos demuestre que no hay dos sin tres. Que puede venir, algún día, otro tan grande como Maradona y Messi.

De vez en cuando queremos aferrarnos a algo, encontrar señales para pensar que puede ser ya. ¿Y si hay algo escrito? ¿Un eslabón perdido? ¿En serio?

A Maradona le cortaron las piernas. Una enfermera lo sacó de la cancha. Aquel 25 de junio de 1994, él iba muy campante, tranquilo, con el pecho inflado después del 2-1 a Nigeria. Después lo sacó la FIFA. Había saltado el doping. Y se bajó la cortina. Fundido a negro.

Es 16 de junio de 2006 en Gelsenkirchen, Alemania, y hay un pibito con la camiseta número 19 esperando el cambio. Maxi Rodríguez le da un abrazo y Messi, al que se le ilumina la cara, debuta en un Mundial. Diego se vuelve loco en la tribuna, con una camiseta celeste y blanca que tiene bordado un escudo que dice 86 –su Mundial– y alza los brazos como gritando un gol. Esas imágenes contagian felicidad.

La sombra del mito y la búsqueda de los falsos profetas

En esos 12 años entre el último partido mundialista del Diego y el primero de la Pulga, todo el mundo creía ver al próximo Maradona. El 10 de enero de 1995, el entrenador Roberto Saporiti, asistente de César Luis Menotti en la Selección que ganó el Mundial 1978, fue uno de los primeros en aventurarse públicamente. Su testimonio quedó plasmado en la icónica revista El Gráfico.

“Es la más grande aparición desde Diego Maradona”. Se refería a Christian Colusso, que había debutado a los 17 años en Rosario Central con algunas cualidades estelares. Sin embargo, la carrera del “Chiry” iría de mal en peor.

En ese mismo 1995 se jugaría el Mundial Sub 20 en Qatar. La prensa qatarí calificó a Ariel “Caño” Ibagaza, estrella de la Argentina campeona, como “el nuevo Maradona”.

En los años sucesivos, Ariel Ortega, Marcelo Gallardo, Juan Román Riquelme y Pablo Aimar cargarían con el peso de ser un 10 heroico, imposible, deslumbrante. Maradoneano.

Daniel Passarella, campeón mundial como jugador en Argentina 1978, tuvo a cargo la Selección mayor en la era post-Maradona. Antes de Francia 1998, no dejó dudas: “La Copa del Mundo va a extrañar a un jugador de su nivel. Nadie le llega ni a los talones”, le dijo a El Gráfico.

Y es en ese interludio, en ese lapso de orfandad, cuando aparece la historia que nos convoca, la de las señales que pueden ilusionarnos con que un pibe llamado Nico Paz sea el próximo hechicero vestido de celeste y blanco.

Semillas leprosas y una lluvia inoportuna

El 13 de diciembre de 1992, Pablo Ariel Paz, nacido en Bahía Blanca, debutó en Primera con la camiseta de Newell’s. La Lepra recibía a Lanús, equipo en el que jugaba Héctor Enrique, el último hombre en tocar la pelota antes de que Maradona se hiciera barrilete cósmico en el Estadio Azteca.

El partido entre Newell’s y Lanús fue muy particular. A los 7 minutos del segundo tiempo, el árbitro Mario Gallina consideró que no se podía seguir jugando debido a una lluvia impiadosa. Hasta ahí, el rojinegro ganaba 2-1. El lunes 14, en dos tiempos de 19 minutos, el Grana lo daría vuelta y ganaría 3-2.

Claro que allí habría que abrir algunos links. U otras pestañas. Unos meses atrás, Newell’s había ganado el Clausura 1992, de la mano de Marcelo Bielsa, quien sería el entrenador de la Selección en 2002, en el segundo Mundial sin Diego ni Lionel desde 1982 hasta hoy.

Ese equipo “leproso” llegó inclusive a la final de la Copa Libertadores, en la que perdió por penales con San Pablo.

Es muy probable que Messi, de 5 años por esos días, no tenga demasiados recuerdos de todo aquello. Seguramente sí los habrá atesorado Jorge, su papá, su sostén, su guía.

En ese Newell’s estelar de la primera mitad de 1992 brillaba Gerardo “Tata” Martino, uno de los mayores ídolos del club y el único en ser campeón del rojinegro como jugador y entrenador. Luego sería la única persona en el planeta en haber dirigido a Messi en tres equipos diferentes: Barcelona, Selección Argentina e Inter Miami.

Como parece haber hilos ocultos tejiendo la historia, en 1992 estaba haciendo sus primeros pasos como entrenador Jorge Valdano –uno de los socios ideales de Maradona en México 1986–, quien había iniciado su carrera profesional en Newell’s. Por esos días de 1992, el hombre de palabras exquisitas dirigía a Tenerife, en España. Después, Valdano saltaría a Real Madrid, su casa, su lugar: ya había triunfado como jugador; luego lo haría como técnico y dirigente.

La Casa Blanca sería, también, el hogar de Nico Paz.

Cuatro destinos en un mismo punto del mapa

Lo que quizás nadie esperaba en aquel momento, era que a las conexiones “leprosas” entre Paz-Valdano-Messi, se uniera el futbolista más grande de la Tierra hasta esos días. La vida tiene giros inesperados. Gambetas inventadas en una baldosa. Newell’s, el equipo en el cual hacía poco había debutado Pablo Paz, sacudió al planeta en 1993 al anunciar la contratación de Maradona.

El día del debut de D10s en la Lepra, los Messi estaban en la tribuna del Coloso del Parque y Lionel Scaloni andaba haciéndose lugar para salir en una foto imborrable. Tras el fallecimiento del Diez, en 2020 Leo lo homenajearía en Barcelona. Hizo un gol y se sacó la camiseta blaugrana: debajo de esa tenía una pilcha retro con el número 10, igualita a la que había usado Diego en el ’93,

El paso de Maradona por Newell’s fue breve, e incluso estuvo aderezado por su regreso a la Selección para ganarle el repechaje a Australia y meter al equipo del “Coco” Basile en el Mundial 1994. El último del Diez.

Paz, Maradona, Messi y Scaloni, en un mismo punto, en un mismo tiempo. Poco antes, por allí andaba Bielsa –el Coloso del Parque terminaría llevando el nombre del Loco–, y más atrás, Jorge Valdano. Y en esos años, siempre como ícono, el Tata Martino. Más conexiones, casi imposible.

Pablo Paz, el zaguero del Kaiser y la 10 del Burrito

Mientras tantos andaban abocados a esa titánica tarea de buscar al próximo Maradona, un joven Pablo Ariel Paz –el padre de Nico– iba abriéndose camino, ya no solo en Newell’s, sino en la Selección. En marzo de 1995, integró el equipo que ganó la medalla de oro de los Juegos Panamericanos 1995 en Mar del Plata. Anotó un gol frente a Chile, en cuartos de final, y uno de los penales de la coronación por esa vía en la final contra México.

En abril de ese 1995 llegaría otro cruce interestelar de esos que solo pueden verse a través del tiempo. La Lepra visitaba a San Lorenzo y Paz tendría un compañero por entonces impensado. A los 16 años, Lionel Scaloni también fue titular en el rojinegro: aún jugaba adelantado por derecha, antes de encontrar su puesto como volante o inclusive lateral derecho. Y por supuesto, antes de ser el técnico que rompió la antinomia Menotti-Bilardo y construyó la mejor Argentina de la historia.

En las semanas siguientes, Paz y Scaloni volverían a compartir camiseta y cancha en los partidos contra River, Boca, Ferro y Lanús.

Paz se afirmaría en los planes de Passarella en la celeste y blanca. Fue, de hecho, integrante del equipo que ganó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos Atlanta 1996 e hizo un gol en las eliminatorias para Francia 1998, en el 2-1 de 1997 sobre Venezuela en el Monumental.

“¿Viste cómo jugó Paz? Fue espléndido. Le demostró a la gente y a los periodistas que tiene nivel internacional. Anticipó, ganó de arriba y de abajo. Pablo, para mí, anduvo muy bien”, declaró el técnico argentino en El Gráfico.

Antes de Francia 1998 fue titular en un amistoso contra Chile y volvió a ser elogiado por el Kaiser, quien subrayó la flexibilidad del esquema defensivo y destacó a Paz como recambio para aplicar distintas alternativas en el fondo.

Paz se ganó su lugar en el plantel mundialista de 1998, en el que, por primera vez desde 1982, el número 10 no le correspondería a Maradona.

Tanto en la previa, como durante el Mundial y después de él, El Gráfico tuvo una sola tapa en la que se veía claramente un número sobre una camiseta celeste y blanca: era la 10, y encima se leía “Ortega”. El Burrito aparecía abrazando a Gabriel Batistuta. “¡Viva el gol!”, era el título principal, en letras amarillas.

La mística jujeña y el interludio de la orfandad

Tal como había hecho Menotti en 1978, Passarella eligió como 10 a un jujeño de gambeta endiablada. “El Flaco”, que tenía hombres de buen pie a montones, sentía especial debilidad por José Daniel Valencia, un jujeño al que llegaron a decirle “el Pelé Blanco” y brillaba en Talleres. “La Rana” fue concebido como pieza determinante, aunque fue perdiendo protagonismo mientras avanzaba el Mundial.

Claro que al 10 en la camiseta de 1978 lo llevaba Mario Kempes, el goleador, el héroe, aunque no era porque ocupase esa posición, sino porque esas pilchas estaban asignadas por orden alfabético de apellidos: Fillol, el arquero, era el 5, y Ardiles, un volante, el 1.

Lo cierto es que Passarella primero y Bielsa después, le darían a Ortega la 10 en los Mundiales del eslabón perdido, los del espacio vacío entre Maradona y Messi: 1998 y 2002.

Como si fuese “Cosa e’ Mandinga”, de creer o reventar, Ortega brillaría, más tarde, en la Lepra.

Tenerife y la guardia pretoriana

En esa época en que parecía no haber espacio para el nacimiento de otro Maradona, en la segunda mitad de los noventa, Paz fichó en 1996 en Tenerife, allí donde Valdano había revolucionado al club de la isla con una propuesta de fútbol ofensivo y vistoso.

A puro corazón, el defensor nacido en Bahía Blanca se convertiría en una de las referencias históricas del club. De hecho, en la Copa UEFA 1996-1997, Paz fue una de las figuras de un plantel que eliminó a gigantes como Lazio de Italia o Feyenoord de Países Bajos, para caer finalmente en semifinales ante el Schalke 04 alemán, en la prórroga, en un partido marcado por una infortunada lesión del argentino, que se destacaba por su presencia física, el “timing” y la contundencia en el juego aéreo.

En 1996, Paz enfrentó a Barcelona, en el que jugaban Pep Guardiola, Luis Enrique y el brasileño Ronaldo Nazario, entre otros. Faltaba bastante para que un argentino se convirtiera en la máxima estrella histórica del club blaugrana.

En 1998, Tenerife, con Paz en cancha, enfrentó a Deportivo La Coruña. Scaloni, aquel compañero del bahiense en Newell’s, ingresaría en el segundo tiempo en el “Súper Depor”. La historia, en definitiva, seguía tejiendo sus conexiones.

Un infierno y la camiseta del Diablo

A fines de 2001, Argentina era un caos social y político. Hubo cinco presidentes de la Nación en 11 días. En España, Pablo Paz viviría su calvario. El 22 de diciembre, en el clásico canario contra Las Palmas, pasó de todo: hubo tormentas, cortes de energía y, lo peor para él, una lesión durísima. Se fracturó la tibia y el peroné derechos y estuvo 10 meses fuera de las canchas.

A mediados de 2003, al fin sintió que se encendía una luz en su infierno: lo fichó el Diablo, Independiente, dirigido por Américo Gallego.

El Tolo había sido asistente de Passarella en la etapa en que Paz jugó en la Selección, incluido el Mundial 1998. Mediocampista campeón en Argentina 1978 e integrante del seleccionado en España 1982 –el primer Mundial de Maradona–, Gallego había debutado en Newell’s en diciembre de 1974, en un equipo titular que compartía con Valdano y Ricardo Giusti, otro de los lugartenientes de D10s en México 1986 y también en Italia 1990.

¿Todo confluye en el mismo lugar? Ojo: hay muchas coincidencias más. Demasiadas, quizás.

Entre el Apertura y el Clausura, Paz jugó apenas un partido en el Rojo de Avellaneda. Fue contra Talleres, en el que atajaba Luis Islas, el arquero titular en el último partido mundialista de Maradona, aquel 2-1 ante Nigeria en Boston.

Si Paz tuvo su lugar en la defensa del equipo de Gallego fue porque un joven Gabriel Milito estaba suspendido. Más tarde, Milito sería de la “guardia pretoriana” de Messi en Barcelona. Pero, también aquí, aún faltaba tiempo para que eso ocurriera.

Dos alumbramientos en un mismo tiempo

Después de jugar poco y nada en Independiente, el defensor argentino volvió a España para encarar el último tramo de su carrera. Ya no sería en Tenerife, sino en Valladolid.

El 10 de abril de 2004, con Paz entre los 11 iniciales, el equipo vallisoletano recibió a un estelar Barcelona dirigido por Frank Rijkaard, en el que Xavi y Ronaldinho eran titulares junto con Javier Saviola y en el cual en la segunda parte ingresarían Luis Enrique y Andrés Iniesta, que inclusive anotó un gol para la victoria 3-1. Pocos meses atrás, Cesc Fàbregas se había alejado del club blaugrana hacia Arsenal de Inglaterra.

Después de ese cruce con los catalanes, a la carrera del central le quedarían los cuatro siguientes partidos en LaLiga. Y adiós al fútbol grande.

Faltaban, sin embargo, dos alumbramientos. Dos amaneceres.

El 8 de septiembre de ese año, en Santa Cruz de Tenerife, nació Nico, el hijo mayor de Pablo.

El 16 de octubre, en el Estadio Olímpico de Montjuic, Lionel Messi debutó de manera oficial en la Primera de Barcelona en un derbi catalán frente al Espanyol. Tenía 17 años y, desde ese día, comenzaría a convertirse en el hombre que cambiaría la historia del fútbol mundial.

Y quedaba la yapa. En diciembre de ese año, el Tolo Gallego sería el entrenador que le daría la corona del Torneo Apertura a Newell’s, en el que brillaba Ariel Arnaldo Ortega, el 10 argentino de los dos Mundiales en los que no estuvieron ni Maradona ni Messi desde 1982 hasta 2026.

La carta secreta del Kaiser y los caminos contrafácticos

La cuenta de 10 Mundiales sobre 12 con dos futbolistas extraterrestres jugando para Argentina podría ser distinta. A la hora de entregar la lista definitiva para 1978, Menotti dejó afuera a Maradona, junto con Humberto Bravo y Víctor Bottaniz. Aunque tenía 17 años, la misma edad en la que Messi debutó en Barcelona, el Diego ya había jugado 60 partidos y convertido 23 goles en Primera con Argentinos Juniors.

¿Y si hay que recalcular también la cuenta no solo hacia atrás, por aquella posibilidad de 1978, sino hacia adelante?

En la red social X (exTwitter), recientemente el periodista Juan Pablo Gatti publicó una joyita: una edición de 1996 de la revista Sólo Fútbol en la que Passarella aseguraba que, si no se daban algunos resultados, citaría a Maradona.

Es contrafáctico, uno de los clásicos “¿y si hubiera pasado tal cosa?”, pero es inevitable pensar que Diego podría haber jugado el Mundial 1998, en el que también estuvo Pablo Paz. Lo que además habría resultado asombroso es que el Kaiser hubiera pensado en tender puentes con el Diez, ya que ambos habían roto relaciones en México 1986 y durante la década siguiente aún mantenían una distancia abismal.

“Si no le ganamos a Paraguay, a Venezuela voy con Diego”, es el título de la nota de Sólo Fútbol, presentada curiosamente como “una charla secreta”.

Al diálogo de Passarella con un dirigente lo habría escuchado una persona ligada a Sólo Fútbol en el predio de la universidad en la que estaba alojada Argentina para los Juegos Olímpicos Atlanta 1996.

De visitante, la Selección había caído ante Ecuador (0-2) y empatado con Perú (0-0). Y el horno no estaba para bollos. “La gente no nos aguanta más, y si llegamos a jugar igual ante los paraguayos el próximo partido, toda la cancha de River va a empezar con ‘Diego, Diego’, y los jugadores no van a aguantar la presión de la prensa durante todo el mes”, dijo Passarella, según Sólo Fútbol.

“Si no le ganamos a Paraguay, para ir a Venezuela lo convoco a Diego y a la m...”, se habría resignado el Kaiser.

“Maradona por presencia asusta a los contrarios y a los pibes nuestros los va a agrandar, veremos cómo nos acomodamos para insertarlo dentro de nuestro sistema”, habría agregado el entrenador de la Albiceleste.

Nico Paz, el pibito “mudo” que solo hablaba con la pelota

Antes de que Messi fuera Messi, el que conocemos, fue un pibito rosarino que llegó a La Masía de Barcelona y se integró a la que sería la famosa Generación del ’87. Se integró es una forma de decir. En la biografía que escribió sobre Leo, Guillem Balagué cuenta que Cesc Fàbregas, uno de sus compañeros de equipo, pensó que el argentino era “mudo”. Recién en un viaje para jugar un torneo en Pisa, Italia, la Pulga se soltó, empezó a participar de bromas y comenzó a relacionarse con sus compañeros.

Hasta allí, el mudo solo hablaba con sus pies, y dentro de la cancha.

Antes de debutar en el primer equipo blaugrana, Fàbregas – quizás el más cercano a Messi en aquellos tiempos– se marchó a Arsenal. Al regresar, en 2011, su amigo argentino ya era una estrella planetaria y el club catalán, especialmente de la mano de Pep Guardiola, había ganado todo. En su ausencia, Barcelona alzó tres veces la UEFA Champions League, fue campeón de LaLiga en cinco ocasiones y consiguió otros ocho títulos nacionales o internacionales de máximo nivel.

A Cesc no le había ido nada mal con Arsenal y, menos aun, con su selección. De hecho, había entregado la asistencia para el gol de Andrés Iniesta que le dio a España su primera Copa del Mundo, en Sudáfrica 2010.

Fuera del fútbol, como si la magia que los conectó desde que eran adolescentes no se hubiera ido nunca, Lionel y Fàbregas consolidaron un círculo íntimo muy estrecho y comenzaron a vacacionar juntos, con sus esposas e hijos.

Antes del regreso del jugador de Arsenal, otro hombre conocido en esta historia, fue uno de los grandes protectores de Lionel. Ocurrió entre 2007 y 2011.

Gabi Milito, aquel defensor que compartió plantel con Pablo Paz en Independiente, fue integrante de la “guardia pretoriana” de Messi dentro y fuera de la cancha.

En los festejos por el triplete de 2009, Milito pasaba un mal momento emocional debido a una extensa lesión, y eligió no ser parte de las celebraciones. Bajoneado, se fue a su casa.

Con humor, la Pulga pidió el micrófono y dejó una frase imborrable para los hinchas del Barça: “Hoy no está acá con nosotros Milito. No quiso salir porque es un boludo, nada más. Pero a pesar de que hoy no esté acá, lo tuvimos siempre al lado nuestro, apoyándonos. Tuvo un año muy complicado y en todo momento estuvo con nosotros, esto es de él también”.

Así de importante era para Leo. Así de cerca lo sentía.

Argentina en el ADN y la noche bendita en el Bernabéu

Bernardo Romeo, uno de los campeones mundiales Sub 20 de 1997, en la era en que toda Argentina se preguntaba si habría un próximo Maradona, hizo muchos años más tarde una jugada clave para entretejer todas estas historias.

Como coordinador general de las selecciones juveniles de AFA, Romeo impulsó la creación del Departamento de Scouting en Europa, con el objetivo de rastrear, captar y seducir a los denominados “Europibes”.

Romeo, que en Malasia 1997 fue compañero de Scaloni, Aimar, Samuel –integrantes del actual cuerpo técnico de la Selección– y Juan Román Riquelme, contactó a la familia Paz, seducido por la habilidad de Nico, que ya jugaba en las divisiones formativas de Real Madrid… ¡pero ni siquiera tenía la nacionalidad argentina!

“Nico enseguida dijo que sí. ¡No tenía pasaporte argentino, nunca lo habíamos hecho! Lo hicimos ante el llamado de la Selección”, contó Pablo, su padre, en una entrevista en La Nación, en la que destacó que, si bien nació en Tenerife, su hijo tenía la picardía del potrero.

De hecho, el propio Pablo, a quien en Bahía Blanca apodaban “Quito”, comenzó jugando como 10, con gran dominio de la pelota, aunque Bernardo Griffa, gran maestro del semillero de Newell’s, luego lo cambió de posición.

Nico Paz se puso por primera vez la celeste y blanca para el Sudamericano Sub 20 de 2023 y no pudo ir al Mundial de la categoría porque los madrileños se lo impidieron. En noviembre de ese año, el argentino debutó en la UEFA Champions League y en LaLiga con la Casa Blanca.

El 29 de noviembre de ese año, en el Santiago Bernabéu, se cruzó con Napoli, el equipo en el que Maradona fue D10s. Con el marcador 2-2, recibió de espaldas en tres cuartos de cancha, acarició la pelota, amagó salir por derecha y desairó a su defensor arrancando por la izquierda. Cuando logró despegarse, soltó un zurdazo lejano y anotó su primer gol con la camiseta merengue. Se transformó, así, en el segundo argentino más joven, después de Messi, en marcar en el máximo torneo continental europeo.

Zurda, cabeza levantada y la redención del potrero

Por esos días de noviembre en que Nico Paz debutaba como profesional en la Casa Blanca, Fàbregas asumía interinamente como técnico de Como 1907, al que había llegado como jugador en la temporada anterior. Sería el comienzo de una revolución.

El hombre más cercano a Messi en La Masía llevaría al modesto equipo italiano hasta la mismísima Champions. La magia, otra vez, tendría raíces argentinas, y una historia nacida en Bahía Blanca, escala en Rosario y aterrizajes en Tenerife y Madrid.

Nico Paz, la actual estrella de Como 1907, mide 1,86, pero juega con la soltura y la elegancia de los enganches clásicos. Combina la pausa y la visión lírica, rompiendo los moldes de un fútbol cada vez más esquematizado. Aporta, como dijo su papá, la frescura del potrero y la combina con la disciplina del fútbol europeo moderno, involucrándose en la presión y la recuperación, pero sin perder la elegancia.

Su control orientado es sutil, sabe recibir de espaldas, proteger la pelota y, por lo general, desprenderse de sus marcas con su pierna hábil. Como buen hijo de un bahiense, donde el básquetbol es casi religión, también puede engañar con la mirada o la postura del cuerpo para lanzar un pase «no look», filtrando pelotas que parecen imposibles.

A ese gran repertorio le suma el cañón de su zurda, tanto en pelotas paradas como en remates de media distancia. Encima, con apenas 22 años, tiene una madurez notable y una gran lectura táctica: sabe, en esencia, cuándo acelerar o cuándo dormir el partido.

Vínculos de sangre y el peso de las mochilas de los mesías

Desde que Scaloni asumió como entrenador de la Selección, seguramente Pablo le contó más de una vez a Nico que fueron compañeros en Newell’s, cuando ambos eran demasiado jóvenes y no sabían qué sería del futuro.

En alguna charla familiar también le debe haber narrado aventuras con Roberto Fabián Ayala, actual integrante del cuerpo técnico celeste y blanco con el que el bahiense compartió equipo en los Panamericanos 1995, los Juegos Olímpicos 1996, las Eliminatorias y el Mundial 1998, la primera Copa del Mundo post-Maradona, antes de saber que Argentina no tendría una orfandad eterna y que aparecería un pibe llamado Lionel Andrés Messi.

Afortunadamente, lo que evitó Nico fue que le cargaran la mochila de ser el próximo mesías. Pablo debe haber conocido de cerca lo que pesaba esa comparación que, más que alentar un vuelo, parecía un ancla.

Inclusive, Nico Paz fue abriéndose camino sin el cartel de “próximo Messi” que también les colgaron, en los últimos tiempos, a Claudio “el Diablito” Echeverri, Alejandro Garnacho o Franco Mastantuono.

En 2024, Nico contó que Argentina era el país que más lo representaba, por cómo se vive el fútbol y por el legado de su padre, ya que para él era un orgullo seguir sus pasos.

El 16 de junio de 2026, Nico tuvo su debut mundialista a los 21 años, al reemplazar a Messi en la goleada del estreno frente a Argelia, en la cual la Pulga anotó tres goles. Posteriormente, arrancó entre los 11 iniciales de la Scaloneta frente a Jordania, aunque después de la fase de grupos no volvió a jugar.

“Desde que tenía 4 años veía todos tus partidos junto a mi padre y hacíamos cálculos juntos para ver si me daba tiempo a jugar contigo, y decíamos que era imposible, pero gracias a Dios pude cumplir mi sueño y compartir contigo tus últimos pasos en la selección”, posteó Nico en Instagram cuando Leo anunció su retiro.

De Messi a Nico Paz: la 19 azul y el guiño del destino

Pocos días después del Mundial, durante sus vacaciones, Nico Paz hizo un posteo con una foto en la que se lo veía de espaldas. Lucía una camiseta retro de color azul, con el apellido Messi y el número 19: la pilcha que usó Leo en Alemania 2006, en su primera Copa del Mundo.

El guiño cómplice ayuda a tirar un pase. De zurda, claro. Así como Maradona debutó en un Mundial en España, después surgió Messi, el otro dios del Olimpo futbolero, quien creció en La Masía del Barça y jugó su último partido mundialista contra la mismísima España.

Aun cuando nadie piense en nuevos mesías y evitemos comparaciones que sean un ancla, ¿quién nos niega la ilusión de imaginar que a esos zurdos mágicos pueda seguirles la huella Nico Paz, nacido y formado en España, pero con más señas futbolísticas argentinas que tomar mate y comer dulce de leche?

Al fin y al cabo, nació en Tenerife y ama a los dos países, pero tiene el ADN de la celeste y blanca en cada hebra de los hilos que atraviesan esta historia, que también conoció el desamparo de aquellos años sin genios. Por eso, que ya es un montón. Y porque decidió que su juego está más emparentado con este país recóndito y austral, cargado de milagros y llamado Argentina.