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Hola, soy Nick Kyrgios

"Vi en una entrevista que mi madre pensaba que Rafa era demasiado bueno para mí, así que eso me enojó un poco", destacaba un joven australiano de 19 años, N°144 del mundo, minutos después de estar batallando durante casi tres horas ante el número uno del ranking. "Le voy a mandar un texto con una carita sonriente", continuaba en la conferencia post victoria al ser consultado si ya había hablado con su madre.

Hay jugadores que están hechos para esto. No son personajes. Viven así. Hoy en día sus palabras fluyen y parece que todo es polémico, pero él se muestra tal cual es. Sin espejos ni sombras. Con aciertos y errores, como todos. Si quiere critica, al que sea, dejando bien en claro su punto de opinión. Pero también es transparente a la hora de los más necesitados, con donaciones y también declaraciones punzantes, fiel a su estilo. Así es él. Y así se presentó: hola, soy Nick Kyrgios.

El aussie llegaba con pergaminos al duelo de cuarta ronda ante Rafael Nadal. Un año antes había tocado el N°1 del mundo en Juniors tras ganar el Australian Open. Marcado como un jugador de proyección, su federación lo postuló para recibir el wild card de Wimbledon. Y no defraudó. Ni tampoco lo dejó librado al azar: se preparó con dos torneos Challengers, uno de los cuales ganó desde la clasificación hilvanando ocho victorias al hilo. Tenía rodaje.

Ya en Wimbledon pasó a Stephane Robert en el debut, le levantó 9 match points a Richard Gasquet (por entonces 14 del mundo) y continuó su camino ante Jiri Vesely. Ahí, boleto al Court Central. Y dando una muestra gratis de lo que se vendría en los siguientes años, un poco de color a la historia: Kyrgios entró a La Catedral -casi- de blanco. El detalle, unos extravagantes auriculares rosa furioso. Su manera de romper con la tradición, quizá.

Rafa sabía los riesgos. Venía de caer en Halle en primera ronda ante Dustin Brown y si bien llevaba tres triunfos seguidos en Wimbledon en todos había cedido el set inicial. Ante Kyrgios también. El australiano se mostraba endemoniado, con un arsenal de winners, fantasías y un servicio demoledor. Pero el N°1 no se daba por vencido y emparejaba la historia: 7-6 (5), 5-7.

Una verdadera prueba para el temple del joven de 19 años. Para ver de qué estaba hecho ese muchacho del que tanto se hablaba. Y sí, le sobraba personalidad. El tercero cayó de su lado, de nuevo en tiebreak. Y el cierre, por 6-3. Victoria para Kyrgios en cuatro sets en casi tres horas. Y una particularidad: Rafa también jugó un buen partido, con una tarjeta tranquilamente ganadora con 44 tiros ganadores y apenas 18 errores no forzados.

Se cerraba un círculo. Nadal había sido el último jugador de 19 años en vencer a un N°1 del mundo, en las semifinales de Roland Garros 2005 ante Roger Federer, pero Rafa, desde su experiencia -y aún sin saber todos los cruces que tendría con Nick- lanzaba una profecía: "Tiene cosas positivas para poder ser un buen jugador, pero todo es un poco más fácil cuando llegas. Todo es nuevo, no tienes nada que perder. Puedes hacer lo que sea y será positivo, y todos verán las cosas buenas en ti", apostillaba ya en ese Wimbledon 2014 al pedirle una opinión sobre un posible camino de Kyrgios al Top 10. Una consulta algo apresurada, sin dudas, pero que Rafa supo apagar. Y acertar. El aussie aún no pudo ingresar al lote de los diez mejores en su carrera.

El recorrido de Kyrgios en ese torneo londinense de hace 6 años terminó al siguiente paso, en los cuartos de final ante Milos Raonic. Pero nadie le quitó lo bailado, ni ser el primer tenista desde 1993 en vencer a un N°1 del mundo estando fuera del Top 100. Ni tampoco darse a conocer: hola, soy Nick Kyrgios.