Pelicans, ¿la decepción de la Conferencia Oeste?

Los aires de playoffs parecen lejos de estar por llegar a New Orleans, al menos esa es la sensación que han dejado los Pelicans en lo que va de la temporada 2020-21.

La campaña actual supuestamente sería de consolidación para su joven núcleo, pues la gerencia lo apuntaló con la incorporación de refuerzos importantes y decidió nombrar a coach Stan Van Gundy como cabeza del proyecto tras el despido del Alvin Gentry luego de quedar fuera de los playoffs en la campaña que concluyó en la burbuja de Orlando y en la que sus opciones de calificar se desvanecieron al perder 6 de sus últimos 8 juegos.

Para la 2020-210, la franquicia mantuvo a su ‘Big three’, comandado por Zion Williamson y acompañado de Lonzo Ball y Brandon Ingram, quienes después de haber jugado una primera temporada juntos y tener el tiempo de conocerse lucían como armas suficientes para poner a Pelicans en la lista de candidatos a la postemporada.

Por ahora esa posibilidad luce lejos y más si se toma en cuenta que si algo ha caracterizado la campaña de los Pelicans es la irregularidad.

Con marca de 19-25 (.432), los de Van Gundy están en el lugar 12 del ‘Salvaje Oeste’ y su pésimo año sólo es ‘apocado’ por los números de los Houston Rockets y Minnesota Timberwolves, los peores equipos en el Oeste, algo de tiene una difícil explicación si se toma en cuenta la calidad de refuerzos y en general, el material del que dispone el entrenador.

Para la 2020-21, New Orleans mantuvo a Nickeil Alexander-Walker, Lonzo Ball, Josh Hart, Jaxson Hayes, Brandon Ingram, Zion Williamson y JJ Redick (hasta antes de la fecha límite de intercambios) e integró a elementos como Steven Adams, Eric Bledsoe, Willy Hernangomez, entre otros, confirmando lo que parecía un equipo sólido con un par de buenos armadores (Ball y Bledose), un pívot dominante en la pintura y con experiencia (Adams) y un par de aleros versátiles (Williamson e Ingram); sin embargo, los resultados en la duela no han confirmado esa tesis.

Como se mencionó anteriormente, la regularidad no ha sido el estandarte de los Pelicans. En los 44 juegos que han disputado hasta ahora, su racha más larga de triunfos es de cuatro, la que se dio del 3 al 9 de febrero, en la que vencieron a Phoenix Suns, Indiana Pacers, Memphis Grizzlies y Houston Rockets); por el contrario han tenido 4 series de tres derrotas en fila.

La primera, recién entrando en la actual temporada, cuando del 4 al 8 de enero cayeron ante Pacers, Oklahoma City Thunder y Charlotte Hornets; la segunda se dio del 19 al 23 del mismo mes. En aquella ocasión Utah Jazz (x2) y Minnesota Timberwolves fueron sus verdugos.

La tercera racha de tres derrotas vino del 10 al 14 de febrero, al perder de manera consecutiva con Chicago Bulls, Detroit Pistons y Dallas Mavericks. Y la cuarta racha negativa se concretó a principios de marzo: del 3 al 11 perdieron de nuevo ante Bulls y Wolves, además del Miami Heat.

Señalar a un culpable de esta situación no parece ser la respuesta, pues en lo que respecta a su estandarte, Zion Williamson, ha cumplido de manera importante lo que se espera en su segunda temporada y primera desde el inicio.

El ex de Duke promedia por noche 31.0 minutos durante los que cifra 26.0 puntos, 7.1 tablas y 3.2 asistencias, mientras que en tiros de campo porcentúa 62.7 %; 38.1% desde el arco y 71.1% cuando va a la línea de libres. Números más que aceptables para el jugador de segundo año.

Lonzo Ball también levanta la mano y se descarta como ‘culpable’, Entrando en su cuarta temporada en la NBA y la segunda con los Pelicans, el mayor de los Ball está registrando los mejores números de su carrera pese a ver menos minutos en la duela.

El ‘2’ de New Orleans tiene 31.7 minutos de juego por noche durante los que aporta 14.2 puntos, 4.2 rebotes, 5.6 asistencias; incluso su porcentaje de tiro de tres ha mejorado. De un 30.5% en su año de debut con Los Angeles Lakers a un 38.5% actualmente. En tiros de campo registra 42.5%, también su cifra más alta de carrera y un 76.7 desde la línea.

Finalmente Brandon Ingram, el ‘tercer mosquetero’. Al igual que sus dos cómplices, el ala-pívot, de quinto año y el segundo con los Pelicans, está teniendo los mejores números de su trayectoria en la NBA.

Con 34.4 minutos por juego, Ingram aporta 23.9 unidades, 5.0 tablas y 4.7 asistencias, mientras que su porcentaje en tiros de campo es de 47.5% (su segundo mejor), 38.4% desde el arco y un envidiable 88.2 % de libres.

Esas cifras, aunadas a un equipo sano que no ha tenido demasiados problemas para armar su quinteta titular, no sirven de explicación para encontrar un motivo por el que los Pelicans estén hundidos en su conferencia y muy lejos (por el momento) de los lugares de playoffs.