La amabilidad de Tom Brady deja una impresión indeleble en este reportero

FOXBOROUGH, Massachusetts - Luego de haber pasado 20 temporadas cubriendo al mariscal de campo Tom Brady y los New England Patriots, muchas cosas relativas a esa experiencia saltan a la mente.

La anécdota de un momento vivido a las afueras del estacionamiento para jugadores del Gillette Stadium, en la Víspera de Navidad de 2018, resume algo que apreciamos más que nada. Todo estaba en calma ese lunes, después de una victoria 24-12 contra los Buffalo Bills alcanzada en el día anterior y me acompañaban dos visitantes: mi hija, que entonces tenía 9 años y mi hijo de 6. Estaban disfrutando de sus vacaciones escolares y serían mis asistentes de filmación por espacio de unas horas.

La camioneta familiar se encontraba estacionada y mientras nos dirigíamos a la entrada, un auto con vidrios ahumados giraba en esa dirección. Tenía las manijas más brillantes. Su motor era tan discreto que apenas se le podía escuchar. Había captado la atención del rabillo de mi ojo y le dije a mis hijos que se apartaran del medio, antes de que el auto se detuviera a nuestra izquierda. La ventana con vidrios ahumados comenzó a bajar, revelando la identidad del conductor.

"Oigan, chicos. ¿Están listos para Navidad?", preguntó Tom Brady.

Lo que sucedió después fue algo a lo que estaba sumamente acostumbrado en la presencia de Brady: una entrevista en la cual se abordaron diversos tópicos. Pero esta era distinta. Él hacía las preguntas. A mis hijos.

"Dime, ¿qué actividades les gustan? ¿Cuál es tu materia favorita del colegio? ¿Se sienten emocionados por las vacaciones?

Nunca llegamos realmente a conocer a los atletas que cubrimos; solo podemos hacernos una impresión de ellos, mediante nuestras interacciones, en su mayoría limitadas. Usualmente, se llevan a cabo en frente a los vestidores, o con los atletas ubicados detrás de un podio. Asiduamente, Brady era generoso con su tiempo; sin embargo, a medida que crecieron las exigencias sobre él, al igual que su estatus de estrella, esos momentos se producían con menor frecuencia.

Cuando sucedían esas oportunidades, en mayor medida nos concentrábamos en hablar sobre familiares e hijos, razón por la cual éste encuentro en el estacionamiento resaltó algo que pude compartir con él posteriormente: Si bien fue todo un placer llevar la crónica de su excelencia en la cancha de fútbol americano, era importante ver que la persona que lograba todas esas hazañas parecía ser alguien con un sentido alto de integridad, una súper estrella en el terreno a quien también le importaba muchísimo ser un esposo y padre que apoya a los suyos cuando nadie le ve.

Brady siempre fue sumamente aplomado cuando rodaban las cámaras; pero hubo un momento notable (quizás la única vez) cuando dejó caer ese escudo, para mostrarle a todos esa faceta de su personalidad.

El 31 de enero de 2017 fue un momento emotivo en su vida. Su madre Galynn se sometía a un exhaustivo tratamiento contra el cáncer y no había asistido a uno solo de los partidos de Tom en toda la temporada. Su padre Tom Sr. sólo había presenciado un encuentro durante el transcurso del torneo. No obstante, hacían planes para acudir a Houston y ver a su hijo jugar en el Super Bowl LI contra los Atlanta Falcons.

Brady lo tenía en mente cuando su buen amigo Tom Dilfer alzó en hombros a un niño de 7 años, que ansiaba hacerle una pregunta en la Noche Inaugural, el primer evento previo al Super Bowl: "¿Quién es tu héroe?"

Brady comenzó a responder como le hablase a sus propios hijos.

"Esa es una gran pregunta", dijo sonriendo, infundiéndole confianza a un jovencito que estaba rodeado por representantes de los medios de comunicación mucho mayores que él. "Creo que mi papá es mi héroe, porque se trata de alguien a quien presto atención y trato de emular a diario y..."

La voz de Brady comenzó a romperse. Sus ojos brillaron. Apartó su mirada brevemente, para después reubicar el micrófono frente a él, visiblemente nervioso. Luego comenzó a recobrar la compostura.

"Mi papá", dijo asintiendo con la cabeza.

Brady no permitía mostrarse de forma tan vulnerable ante las cámaras, pero hubo otra oportunidad que recuerdo vívidamente, en la cual todo fue distinto. Ocurrió el 28 de mayo de 2009.

Prácticas de primavera. Brady se reincorporaba, después de una fractura de ligamento cruzado anterior que le limitó a participar en apenas 15 jugadas del torneo anterior. Una infección postoperatoria había complicado su recuperación y él parecía sentirse humilde por todo lo vivido.

"Cuando te sientas en la banca durante un año entero, te das cuenta de cuánto lo amas", fue una de las frases expresadas por Brady en una de las entrevistas más largas concedidas por él, que parecía seguir y seguir y seguir... en parte, porque quizás había extrañado la interacción con los reporteros. "No se trata de que necesitas que te ocurra algo así para sentirte agradecido por poder jugar, sino que llegas a experimentar las cosas de forma muy diferente... y de una manera que nunca había tenido la oportunidad de experimentar como atleta".

Brady dijo que no volvería a quejarse de la lucha que implica una temporada de fútbol americano profesional, especialmente durante los meses de noviembre y diciembre, cuando es fácil sentirse agotado. Fue un cambio de perspectiva que mantuvo durante la segunda mitad de su carrera.

Su regreso a las canchas en 2009 coincidió con otros cambios importantes en su vida personal: su matrimonio con Gisele Bundchen y el nacimiento de su hijo Jack. Poco después, Brady le dio la bienvenida a otro niño y una hija.

"Se trata de una parte fantástica de mi vida, al igual que el trabajo. Me siento emocionado al ver que todo se produce a la vez", indicó. "Creo que soy una persona más feliz cuando estoy trabajando".

Y trabajó por mucho más tiempo que la mayoría de los jugadores, con 40 partidos de postemporada de por vida, que agregaron prácticamente el equivalente a más de dos campañas al resumen curricular de su carrera. Jugar nueve Super Bowls y ganar seis, implicó que quienes le cubríamos nos acostumbramos a laborar regularmente hasta finales de enero y principios de febrero. Y llevar la crónica del partido más grande entre los grandes.

También tuvimos que lidiar con controversias. El escándalo de los ovoides desinflados en el Campeonato de la AFC de 2015, conocido como "Deflagate". El regreso de Brady tras cumplir con una suspensión por cuatro encuentros en 2016, en Cleveland, fue una de esas raras ocasiones en las cuales las sesiones de calentamiento casi parecían ser más importantes que el partido en sí. Fue la clase de momentos que solo podía generar el poder de estrella que tiene Brady. Por esa época, filmar su llegada al estadio se convirtió en cita obligada.

Algo muy distinto a como todo comenzó, cuando Brady era un jugador elegido discretamente en la sexta ronda del draft, que vivía en el antiguo apartamento del esquinero Ty Law en las cercanías de Franklin, Massachusetts, en los años previos a su paternidad.

Hoy en día, mientras lucha con las canas y el Padre Tiempo, aparte de manejar un creciente imperio empresarial, hay mucho para reflexionar. Parecía que Brady pasaba mayor tiempo haciendo reflexión durante las temporadas recientes, llegando en un momento a confesar cuánto disfrutó una colección de artículos publicados por ESPN.com, con historias de gente cercana a él, en ocasión de su cumpleaños 40. Habría sido agradable poder presenciar su vigésima primera temporada y, quizás, tener otros encuentros familiares en el estacionamiento.

Por el contrario, esos capítulos finales de su carrera se desarrollarán en otro lugar.

Y eso solo aumenta nuestra apreciación por lo vivido antes de su partida.