¿Por qué las reglas de F1 tienen a Verstappen cerca del retiro?

play
¿Qué pierde la F1 si se va Max Verstappen? (3:33)

Ante una posibilidad latente, José Antonio Cortés imagina como sería la Fórmula 1 sin la presencia del cuádruple campeón. (3:33)

Max Verstappen podría aplicar alguna cláusula para dejar la Fórmula 1, o al menos tomar un año sabático, y no es un berrinche, tiene argumentos deportivos para ello


La impactante amenaza de Max Verstappen de abandonar la Fórmula 1 parece chocante —y lo es—, pero también es algo que se veía venir desde hace tiempo. Y que nadie se equivoque, no se trata, en absoluto, de una simple amenaza vacía por parte de un piloto molesto por el hecho de no contar ya con el mejor coche.

El tetracampeón del mundo, que cumplirá 29 años en septiembre, parece encontrarse al borde de tomar esa asombrosa decisión: retirarse definitivamente o, tal como han indicado diversas fuentes a ESPN como otra posibilidad, tomarse un año sabático fuera de la Fórmula 1. La pausa de cuatro semanas, provocada por la cancelación de dos carreras en Medio Oriente, marca el inicio de un periodo que determinará su futuro.

El cambio reglamentario más drástico en la historia de la F1 —la transición hacia motores híbridos, con un énfasis masivo y sin precedentes en la recuperación y posterior despliegue de energía eléctrica asistida por baterías— ha enfurecido a Verstappen y parece haberlo empujado hasta el límite, abocándolo a esta decisión radical. El piloto ha comparado los nuevos monoplazas con los karts del videojuego "Mario Kart", los ha calificado de "broma" y de "antiracing", y ha afirmado que cualquiera que disfrute de los constantes adelantamientos —ahora propiciados por el impulso extra de las baterías— "no entiende en qué consiste realmente el automovilismo".

Para colmo de males, su equipo, Red Bull, parece haberse quedado significativamente rezagado en cuanto a rendimiento. Verstappen tuvo que luchar arduamente para alcanzar la octava posición en el Gran Premio de Japón del pasado domingo, tras haber quedado eliminado en la Q2 durante la sesión de clasificación. Su mejor resultado en lo que va de temporada es un sexto puesto, logrado en la carrera inaugural en Australia.

Para cualquiera que haya seguido la actualidad del campeonato recientemente, esta revelación podría no resultar novedosa. Verstappen ya había insinuado con anterioridad que su carrera en la F1 tenía fecha de caducidad; sin embargo, fue durante el fin de semana de Suzuka —y muy especialmente tras la carrera— cuando ofreció la visión más clara hasta la fecha sobre su estado mental actual.

Al ser cuestionado por la emisora BBC Radio 5 Live si cabía la posibilidad de que "abandonara la F1 al finalizar el año", Verstappen respondió: "Eso es precisamente lo que estoy diciendo. Estoy reflexionando sobre todo lo que rodea a este paddock. En el ámbito privado, soy muy feliz. Pero, por otro lado, te enfrentas a un calendario de 24 carreras. Y entonces te planteas: ¿realmente merece la pena? ¿O acaso disfrutaría más estando en casa con mi familia? ¿Pasando más tiempo con mis amigos, en lugar de estar aquí cuando ya no disfruto de mi propio deporte?". En la zona de prensa tras la carrera del domingo, dijo: "Cada día que despierto, me convenzo de nuevo [de seguir compitiendo]. Y lo intento".

Es lo más cerca que ha estado de decir abiertamente que podría retirarse.

Aproximadamente a la misma hora del domingo, varios medios de comunicación neerlandeses estrechamente vinculados a Verstappen comenzaron a difundir noticias similares, en las que la palabra "retiro" figuraba de manera destacada.

Asimismo, pasaron algo desapercibidos los comentarios que había realizado el sábado tras quedar eliminado en la Q2, cuando afirmó de forma críptica que tenía "muchas cosas que resolver, también a nivel personal", de cara a las próximas carreras. Aquella tarde, su imagen transmitía una desolación absoluta.

"Ya ni siquiera siento frustración", declaró Verstappen tras la clasificación. "He superado esa fase; es algo un tanto... no encuentro la palabra exacta en inglés. Para ser sincero, no sé qué pensar al respecto. Probablemente no haya palabras. Simplemente no puedo más... Ya no me enfado por ello; ya no me decepciona ni me frustra lo que está sucediendo".

La idea de que Verstappen abandone la Fórmula 1 parece hoy más tangible que nunca. Sería una decisión que definiría su legado: retirarse del deporte en el momento de máximo esplendor de su carrera.

No cabe edulcorar las implicaciones de mayor alcance de esta situación. La amenaza del tetracampeón mundial de abandonar la competición parece constituir una crisis existencial para la nueva era de monoplazas de la Fórmula 1; un reglamento sobre el cual el deporte ha intentado desesperadamente controlar la narrativa desde principios de año. La disciplina se enfrenta ahora a una nueva realidad —a menos que se produzca un cambio extraordinario en los próximos meses—: la posibilidad de que estas normas sean recordadas por haber sido tan nefastas que provocaron la retirada de uno de los pilotos más grandes de la historia del deporte antes incluso de cumplir los 30 años.

¿Verstappen habla en serio?

Absolutamente en serio, eso nunca ha estado más claro. Y, lo que es crucial, también existen vías para rescindir su contrato actual. El acuerdo de Verstappen con Red Bull —cuyo valor se estima en unos 70 millones de dólares anuales— tiene vigencia hasta 2028. Se trató de una renovación sumamente lucrativa, firmada poco después de haber conquistado su primer título en 2021.

Los detalles específicos de dicho contrato ya habían acaparado titulares con anterioridad. Gran parte de la atención durante la primera mitad del año pasado se centró en si el lento arranque de Red Bull podría permitir a Verstappen activar una cláusula vinculada al rendimiento durante el receso de verano, un periodo que coincidió con rumores sobre un posible traspaso a Mercedes, rumores que el jefe de la escudería alemana, Toto Wolff, se encargó activamente de mantener vivos. A la postre, Verstappen llegó al receso situado en la tercera posición, lo cual impidió la activación de dicha cláusula.

Posteriormente, protagonizó una segunda mitad de temporada asombrosa, en la que se quedó a tan solo dos puntos de conquistar su quinto título. Hacia el final de la temporada, la posibilidad de un futuro fichaje por Mercedes parecía haberse esfumado por completo; sin embargo, Wolff es un admirador de Verstappen desde hace mucho tiempo y todavía lamenta que Red Bull se le adelantara en la contratación del piloto hace ya tantos años.

Diversas fuentes han revelado a ESPN la existencia de una cláusula de salida similar para el año 2026. Una disposición añadida específicamente con miras a la entrada en vigor de la nueva normativa de la Fórmula 1, dada la inquietud que Verstappen ha manifestado desde hace tiempo respecto a dichos cambios. Varios informes señalan que el piloto dispone de un mecanismo para desvincularse de su contrato actual en caso de que, llegado el ecuador de la temporada, su equipo no figure entre los dos primeros puestos de la clasificación competitiva. Habida cuenta de las dificultades iniciales que está experimentando Red Bull, sería necesaria una concatenación de circunstancias verdaderamente milagrosa para que esa vía de escape contractual no estuviera a su disposición.

Dicha cláusula se incorporó con el propósito de permitirle evaluar el orden competitivo bajo el nuevo reglamento y, en función de ello, tomar una decisión sobre su futuro. La premisa subyacente era, por supuesto, que el piloto seguiría disfrutando de la competencia y que esta cláusula serviría simplemente para facilitar un eventual traspaso a otra escudería de la parrilla. No obstante, hoy en día, esa misma cláusula parece haberse convertido en el pasaporte de Verstappen para abandonar el deporte de manera anticipada.

Fuentes han sugerido a ESPN que Verstappen se inclina más hacia un año sabático que hacia una retirada definitiva, sin embargo, nunca existe garantía de regreso una vez que un piloto se marcha, ni siquiera para uno tan talentoso como él. Volver a pisar el paddock requeriría que cualquier posible periodo de ausencia le hiciera echar de menos la F1. Dado su estado de ánimo a lo largo de todo el 2026 (y también durante una parte nada insignificante del 2025), tampoco hay garantía de que eso suceda.

Verstappen podría ponerle precio a su regreso con cualquiera de los equipos punteros del deporte, aunque esto parte de la premisa de que él deseara correr en otro lugar en caso de decidir volver. Verstappen mantiene una larga vinculación y una gran afinidad con la compañía Red Bull, la misma que le abrió las puertas de este deporte en un primer momento.

La naturaleza de los contratos de Red Bull en la F1 implica, asimismo, que podría apartarse de la competición sin dejar de cumplir su acuerdo con la empresa, ejerciendo como embajador o desempeñando otro cargo, de hecho, fuentes han revelado a ESPN que esa opción también estaría a su disposición. Tanto a Daniel Ricciardo como a Sergio Pérez se les ofrecieron —y ambos rechazaron— opciones similares cuando abandonaron los equipos de F1 de la compañía en los últimos años, si bien ninguno de los dos tuvo el privilegio de marcharse en sus propios términos.

Independientemente de la duración de su posible ausencia y de si mantuviera o no su vinculación con Red Bull, Verstappen estaría renunciando a una suma de dinero considerable, un aspecto que él mismo abordó el domingo durante su entrevista con el programa BBC 5 Live.

"De niño, esto era lo que yo quería hacer; por aquel entonces, no tenía ni idea de lo que llegaría a conseguir ni de la cantidad de dinero que se podía ganar", comentó. "Cuando eres niño, nunca piensas en esas cosas. Y, además, no se trata de eso. Quiero estar aquí para divertirme, pasarlo en grande y disfrutar. Y, en este momento, eso no es precisamente lo que está ocurriendo".

¿Por qué está tan desilusionado?

Verstappen lleva mucho tiempo abierto a la posibilidad de abandonar la Fórmula 1 de manera prematura. Ya en 2021, tras ganar su primer campeonato, declaró en sus entrevistas con los medios que un título mundial era, en realidad, lo único que siempre había deseado ganar. El resto, al parecer, era un agradable extra.

El neerlandés nunca ha dado la impresión de querer seguir el ejemplo de otros múltiples campeones mundiales —como Lewis Hamilton y Fernando Alonso— de seguir compitiendo hasta bien entrados los cuarenta. Cuando alcanzó su Gran Premio número 200 en el Gran Premio de los Países Bajos de 2024, se le preguntó a Verstappen si disputaría otras 200 carreras: "No", respondió; "sin duda ya hemos superado la mitad del camino, pero ha sido un viaje increíble hasta ahora".

La idea de una carrera en la Fórmula 1 que se extienda a lo largo de varias décadas nunca ha atraído a Verstappen. Quizás esto no resulte sorprendente si recordamos que, a los 17 años, se convirtió en el piloto más joven de la historia en tomar la salida de una carrera; un año después, en el Gran Premio de España de 2016 —en su debut con Red Bull—, se consagró como el piloto más joven en lograr una victoria. Estamos a sólo unos meses de que se cumpla el décimo aniversario de aquel triunfo.

Sus recientes incursiones en las carreras de coches deportivos han ofrecido un buen indicio de su estado mental. Red Bull le permitió correr en Nürburgring el año pasado, en un momento en que temía que pudiera abandonar el equipo por completo. Volvió a correr allí a principios de este mes y competirá en las 24 Horas de Nürburgring en junio; una vía de escape para que el piloto de Red Bull simplemente vuelva a encontrar alegría en el automovilismo.

La vida también ha cambiado significativamente para Verstappen. Él y su novia, Kelly Piquet, dieron la bienvenida a su primera hija el año pasado, y su entrevista con la BBC en Suzuka dejó entrever cómo una vida dedicada a correr por todo el mundo se ha vuelto cada vez menos atractiva a medida que él ha ido cumpliendo años. Es un sacrificio que todos en la Fórmula 1 realizan, pero para los pilotos, parece mucho más llevadero cuando se están divirtiendo.

Este aspecto se ha convertido en la pieza crucial de la ecuación, y es la razón por la que la nueva generación de monoplazas de la F1 constituye el factor clave para entender su estado mental actual.

Sería fácil interpretar su creciente desilusión como el simple resentimiento de un piloto que ya no gana. Red Bull ha emprendido este año su propio proyecto de motores y, a pesar de lo que parecía ser una pretemporada prometedora, da la impresión de estar muy rezagado respecto a la unidad de potencia híbrida de Mercedes, líder de la categoría. Las posibilidades de que Verstappen gane un quinto título mundial con Red Bull este año parecen rozar el cero absoluto, y la perspectiva de recortar esa brecha en las próximas temporadas resulta imposible de predecir.

Sin embargo, sería un error reducir el estado de ánimo de Verstappen a una mera reacción ante esa situación competitiva. Ya en 2022, el piloto expresaba su inquietud respecto a esta normativa. Manifestó reiteradamente sus dudas acerca de la transición de la F1 hacia un reparto de potencia al 50-50 entre el motor de combustión interna y la energía eléctrica. Y lo hacía aun sabiendo que las cláusulas de su contrato le permitirían fichar por el mejor equipo apenas un año después de la entrada en vigor del cambio reglamentario.

Ese reparto de potencia al 50-50 fue fundamental para lograr que Audi se comprometiera a incorporarse a la competición como nuevo fabricante. Sobre el papel, aquello supuso un triunfo glorioso para los intentos del deporte por mantenerse relevante ante la industria automotriz, sin embargo, esa misma división en los motores híbridos ha estado en el centro de la enorme negatividad que los monoplazas están generando dentro del paddock.

Los aficionados parecen seguir divididos respecto a la normativa, mientras que las quejas de los pilotos han sido numerosas. Se les ame o se les odie, es innegable que tanto la clasificación como las carreras han cambiado significativamente con las nuevas reglas, las cuales exigen un nivel de concentración sin precedentes a la hora de cargar y, posteriormente, desplegar la energía de la batería en cada una de las vueltas.

Las quejas de Verstappen han sido las que más titulares han acaparado, pero ha habido muchas otras declaraciones memorables. El vigente campeón del mundo, Lando Norris, afirmó que la F1 ha pasado de tener sus mejores coches en 2025 a tener los peores en 2026. Alonso, por su parte, ha calificado a la categoría como "el campeonato mundial de las baterías" y ha comentado que la extrema necesidad de "levantar el pie y rodar por inercia (lift and coast)" en las curvas de alta velocidad —algo esencial para cargar las baterías— resulta ahora tan sencilla que incluso el chef del área de hospitality de Aston Martin podría pilotar su coche sin ningún problema.

El Gran Premio de Japón no hizo precisamente acallar el revuelo en torno a los nuevos monoplazas. Charles Leclerc —considerado por muchos como el mejor clasificador de la F1— se quejó del formato el sábado en Suzuka, calificándolo de "auténtica broma" debido a que los coches ya no recompensan la asunción de riesgos, a consecuencia de las exigencias impuestas por los componentes eléctricos de los motores híbridos. Curiosamente, Leclerc había defendido públicamente estos coches con anterioridad, habiendo sido uno de los protagonistas de las emocionantes batallas de adelantamientos y contraataques que hemos presenciado —propiciadas por el impulso extra de las baterías— durante los tres primeros fines de semana de la temporada.

Suzuka también puso de relieve una preocupación genuina en materia de seguridad, ya que Oliver Bearman sufrió un accidente al tener que esquivar el Alpine de Franco Colapinto, que circulaba por delante de él. Los distintos niveles de potencia de batería disponibles para cada piloto provocaron que el Haas se acercara a una velocidad diferencial de casi 80 km/h. Carlos Sainz, presidente de la Asociación de Pilotos de Grandes Premios (GPDA, por sus siglas en inglés), criticó posteriormente a la F1 y a la FIA por no haber escuchado las reiteradas advertencias de los pilotos sobre este tipo de colisiones, y afirmó que el deporte no había tomado ninguna medida "porque las carreras resultan emocionantes".

Verstappen no es, ni mucho menos, el único en expresar su descontento con los monoplazas, sin embargo, sus críticas han cobrado un peso especial dadas las implicaciones más amplias que conllevan respecto a su estado de ánimo general. Los responsables de tomar las decisiones en este deporte parecen haber coincidido, en privado, en que son necesarios cambios significativos para ajustar la fórmula, no obstante, sigue sin estar claro cómo podrían implementarse dichos cambios sin generar nuevos problemas a largo plazo, o si la F1 logrará siquiera reunir a todas las partes interesadas pertinentes para sacar adelante alguna medida de calado.

¿Se podrá convencer a Verstappen para que se quede?

Laurent Mekies, jefe del equipo Red Bull, sugirió que su escudería simplemente necesita poner a disposición del piloto un monoplaza mejor para retener a Verstappen más allá de 2026.

"No estamos manteniendo ninguna conversación sobre esos aspectos", declaró Mekies el domingo, refiriéndose a la posibilidad de que Verstappen abandone el equipo. "Tenemos mucho trabajo por delante, pero estoy convencido de que, en el momento en que le entreguemos un coche rápido, Max será un piloto mucho más feliz".

"Y en cuanto le proporcionemos un coche que le permita ir al límite y marcar la diferencia, Max será, una vez más, un piloto mucho más feliz. Así que, sinceramente, eso constituye el 100 por ciento de nuestras conversaciones en este momento. Así es".

Evidentemente, Verstappen no ha estado contento con la situación actual en Red Bull. Tras el Gran Premio de China, Verstappen invitó a Mekies y a su ingeniero de pista de toda la vida, Gianpiero Lambiase, a volar de regreso a casa con él en su jet privado.

Fuentes consultadas por ESPN señalaron que se trataba de un hecho sin precedentes. Otra fuente lo describió como una oportunidad para mantener conversaciones francas entre Verstappen y los miembros clave de su equipo de competición, con el fin de abordar su sorprendente inicio de temporada.

Aunque Red Bull protagonizó una increíble recuperación en la segunda mitad de 2025 —gracias a una actualización introducida en el Gran Premio de Italia, celebrado en septiembre—, existen dudas crecientes dentro del equipo sobre si su situación actual es mejor o peor tras la repentina marcha de su histórico jefe, Christian Horner, el pasado mes de julio. Sin duda alguna, una mejora en la situación de Red Bull contribuiría a acallar parte del 'ruido' que resuena en la mente de Verstappen.

Por otro lado, el domingo por la noche en Japón, Mekies también hizo alusión a la pieza más importante del rompecabezas, al menos, a corto plazo.

"Según el reglamento —como ya saben— este trae consigo algunos aspectos positivos, pero también otros más complicados", comentó. "Y, como deporte —junto con los demás equipos— nos reuniremos durante el receso para analizar cómo podemos ajustar dichas normas y mejorar la situación".

Esos posibles ajustes parecen ahora absolutamente fundamentales para determinar cuál será el próximo paso de Verstappen. La F1 dispone de cuatro semanas para centrarse en abordar las inquietudes relativas a los motores. Se trata de una situación compleja, y el proceso a seguir no está grabado en piedra.

En lo que respecta a Verstappen, su deseo es inequívoco. Anteriormente afirmó que "ellos saben lo que deben hacer" en relación con los cambios necesarios. También, su aseveración de que el nuevo reglamento asemeja a la Fórmula E —una categoría totalmente eléctrica— pero "con esteroides", constituye el indicio más claro de qué aspecto le gustaría modificar. Si la decisión dependiera exclusivamente de él, es muy probable que eliminara por completo el componente de electrificación, y no es el único que opina así.

Muchas de las figuras destacadas del paddock con las que ha conversado ESPN coinciden en que el reglamento adolece de un defecto fundamental debido al reparto energético del 50-50. Una incógnita que sigue en el aire es hasta qué punto las modificaciones normativas podrían inclinar nuevamente la balanza a favor de la propulsión tradicional por combustión, logrando al mismo tiempo el consenso unánime de los accionistas y evitando generar consecuencias imprevistas a largo plazo.

La F1 y la FIA podrían imponer cambios amparándose en motivos de seguridad —con el fin de abordar las inquietudes surgidas tras el incidente entre Bearman y Colapinto— siempre y cuando se identifique una vía clara para ello, pero los responsables de la toma de decisiones en el deporte se muestran cautelosos ante cualquier otra reacción impulsiva que pudiera surgir tras haberse disputado tan solo tres carreras bajo un reglamento diseñado para regir hasta el año 2030.

Verstappen ha manifestado su esperanza de que se introduzcan cambios significativos de cara a 2027, si bien no existen garantías al respecto. El sistema de gobernanza de la F1 plantea un obstáculo complejo a la hora de implementar cambios de carácter más general, dado que el deporte necesitaría persuadir a los fabricantes —quienes han realizado cuantiosas inversiones precisamente en ese reparto energético del 50-50— para que abandonen dicho esquema. Como suele ocurrir en la F1, aquellos que obtienen mejores resultados suelen ser, a su vez, los más reacios a impulsar cambios tan drásticos.

"Depende de lo que decidan para el año que viene", comentó Verstappen a principios del fin de semana en Suzuka, en uno de sus momentos menos francos respecto a su estado de ánimo actual. "En cuanto a este año, creo que se están esforzando al máximo, pero también hay un componente político, algo que, por supuesto, entiendo perfectamente por parte de los otros fabricantes, y con razón".

Por supuesto, la F1 no debería —ni podría— dejarse intimidar por los "caprichos" de un solo piloto, ni siquiera de uno tan talentoso como Verstappen. Él se sitúa en el extremo más radical del espectro en lo que respecta a las críticas que han suscitado los monoplazas, mientras la categoría se mantiene firme en su mensaje de que los aficionados están disfrutando del nuevo estilo de competición que hemos presenciado hasta ahora en 2026. Si todo el mundo comparte esa opinión es un debate totalmente distinto.

La F1 se ha mostrado inflexible en su postura de que los detractores de la nueva normativa deben tener paciencia. El máximo responsable de la F1, Stefano Domenicali —quien ha mantenido una comunicación constante con Verstappen ante sus crecientes frustraciones—, instó a los aficionados y a los medios de comunicación a "mantener la calma" respecto a la nueva reglamentación antes del inicio de la temporada.

No obstante, estas normas podrían quedar vinculadas para siempre al nombre de Verstappen si terminan provocando su retiro. ¿Qué argumento más contundente podría esgrimir cualquier crítico de estos cambios que señalar a uno de los pilotos más grandes de todos los tiempos —un piloto que, literalmente, ha obligado a reescribir las normas sobre los duelos rueda a rueda a lo largo de su increíble trayectoria—, quien simplemente decide colgar el casco y poner fin a su carrera?

Así pues, en el contexto del futuro de Verstappen, los próximos meses se perfilan, sin duda alguna, como un periodo crucial para la F1. Lo más inquietante de todo es que no parece existir una solución sencilla ni evidente para evitar la, en apariencia, inminente e inevitable marcha del tetracampeón del mundo.